viernes, 2 de enero de 2026

 “Chile: éxito de exportación (con ojos reventados incluidos)”


¿Han escuchado eso de que Chile es el país modelo de América Latina? ¡Claro que sí! Modelo… modelo de cómo hacer que una dictadura privatice hasta el oxígeno y luego llamarlo “progreso”.

Porque Chile no fue gobernado por un presidente… no, fue administrado por un gerente de planta del FMI con uniforme militar y bigote de dictador.

Y todos los neoliberales aplaudían:
—“¡Mira, mira! ¡Pinochet logró lo que Allende no! ¡Crecimiento, apertura económica, libertad!”
¿Libertad de qué? ¿De tener salud, educación, agua y pensiones?
¡Sí, libertad de no tener ni madre!

Y luego llegaron los Chicago Boys, porque ¿quién mejor para entender a los pobres que un puñado de tecnócratas educados en EE.UU. que nunca han pisado una fila de hospital público?
“¡Privatiza todo!”, decían.
Y lo hicieron.
Vendieron hasta los glaciares. Si encontraban una vena de cobre en tu abuela, también la concesionaban.

Pero ¡ah, qué bonito el metro! ¡Qué limpias las calles! ¡Qué modernos los malls!
Eso sí: si eres pobre, te toca caminar por el mall… viendo, soñando, deseando.
Porque el modelo chileno es así: aparador para turistas, sótano para el pueblo.

Y cuando el pueblo se hartó en 2019 y salió a las calles, ¿qué hizo el Estado moderno y civilizado?
¿Les dio diálogo?
¿Les dio justicia?
¡No! Les dio balines en los ojos. Porque nada dice “democracia exitosa” como dejar ciegos a tus ciudadanos cuando reclaman por vivir como humanos.

Y entonces llega Boric, joven, con promesas, con esperanza…
Y el sistema le dice:
—“Está bien, presidente. Siéntese aquí, firme allá… y no toque nada importante.”
Y Boric, con cara de universitario idealista, termina siendo el prefecto del modelo que dijo que venía a cambiar.

¡Pero Chile es exitoso! dicen los noticieros.
Sí, si mides el éxito por el número de tratados de libre comercio firmados, el ranking de competitividad y el nivel de endeudamiento de los estudiantes.

Porque en Chile, el sueño es estudiar…
Estudiar para trabajar…
Trabajar para pagar la deuda…
Y luego jubilarte…
Para darte cuenta de que con tu pensión solo puedes pagar un pasaje en micro… de ida.

¡Chile! El milagro neoliberal…
Solo que el milagro fue para los ricos.
Y para el resto, una cruz que cargan desde hace 50 años.


 

México: del Porfiriato al neoliberalismo

La derecha como administradora de la dependencia

La historia de México es también la historia de una élite que, una y otra vez, prefirió subordinar la soberanía nacional a los intereses extranjeros antes que permitir que el pueblo decidiera su propio destino. Desde el Porfiriato hasta el neoliberalismo contemporáneo, la derecha mexicana ha actuado como una clase intermediaria, más cercana al capital extranjero que a la nación que dice defender.

El Porfiriato: “orden y progreso” para el extranjero

Durante el gobierno de Porfirio Díaz, México se integró al mercado mundial como país dependiente. El discurso era el del “progreso”, pero el progreso no era para los mexicanos: minas, ferrocarriles, petróleo y tierras quedaron en manos de capitales estadounidenses, ingleses y franceses.
La élite porfirista veía al pueblo como un estorbo y al inversionista extranjero como el verdadero sujeto histórico. La patria se volvió un negocio.

No es casual que la Revolución Mexicana estallara contra ese modelo: no fue solo una lucha política, fue una rebelión contra una derecha que había convertido al país en finca ajena.

El siglo XX: nacionalismo en el discurso, dependencia en la práctica

Tras la Revolución, el Estado mexicano construyó un relato nacionalista fuerte. Sin embargo, a partir de los años 80, ese pacto social se rompió. La crisis de la deuda fue el pretexto perfecto para que una nueva derecha tecnocrática tomara el control del país.

Esta derecha ya no necesitaba botas militares: bastaban los trajes, los tecnócratas formados en universidades estadounidenses y las recetas del FMI.

El neoliberalismo: la entrega legal de la soberanía

Con Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y sus sucesores, México vivió una segunda colonización, ahora financiera y jurídica.
El TLCAN fue presentado como modernización, pero en realidad significó:

  • Subordinación económica a EE.UU.

  • Destrucción del campo mexicano frente al agroindustrial estadounidense.

  • Conversión del país en maquiladora de bajo salario.

La derecha mexicana celebró esta dependencia como “integración al mundo”. La soberanía pasó a ser vista como una palabra incómoda, casi sospechosa.

El PAN y el patriotismo vacío

El PAN, autoproclamado defensor de los valores patrios, fue en realidad uno de los mayores impulsores de la subordinación. Durante sus gobiernos se profundizó la dependencia energética, se militarizó la seguridad bajo esquemas dictados desde Washington y se aceptó sin resistencia la agenda estadounidense.

Mientras hablaban de Dios, familia y bandera, aceptaban que otro país definiera buena parte de la política económica y de seguridad nacional.

La derecha actual: nostalgia colonial

Hoy, amplios sectores de la derecha mexicana siguen soñando con una relación de subordinación “ordenada” con Estados Unidos. Rechazan cualquier intento de soberanía económica llamándolo “populismo”, pero aplauden la intervención extranjera, la injerencia diplomática y la presión financiera.

No quieren una patria fuerte: quieren un país dócil, barato y obediente.

Conclusión: apátridas con bandera

La derecha mexicana no odia a la patria: odia al pueblo como sujeto soberano.
Prefiere una nación débil controlada desde fuera a un país fuerte gobernado desde abajo. Su patriotismo es decorativo; su lealtad real está con el capital y con la potencia dominante de turno.

México ha avanzado cada vez que rompió con esa lógica y retrocedió cada vez que la derecha volvió a administrar la dependencia.

 Ambos regímenes (Nazismo, Comunismo) perfeccionaron la propaganda, pero la URSS (y luego China) lograron algo más profundo y duradero que el nazismo:

👉 convencer a la gente de que la opresión era libertad,
👉 que el sacrificio presente era virtud moral,
👉 y que dudar era traicionar a la Historia.

En ese sentido, el comunismo realmente existente fue más eficaz para que millones se lanzaran al abismo creyendo que caminaban hacia la luz.


1. El nazismo: propaganda emocional, directa y brutal

El nazismo fue extraordinario en propaganda, pero de un tipo muy concreto:

  • Apelaba al orgullo nacional herido

  • Identificaba enemigos claros y visibles (judíos, comunistas, extranjeros)

  • Prometía orden, grandeza y revancha

  • Utilizaba símbolos, rituales, estética, masas, épica

Goebbels entendió algo clave:
👉 la repetición emocional funciona mejor que la razón.

Pero el nazismo tenía un límite estructural:

  • Su mensaje era demasiado explícito

  • Su violencia era demasiado visible

  • Su mentira era demasiado burda a largo plazo

Por eso:

  • Necesitó guerra constante

  • Necesitó enemigos permanentes

  • Se sostuvo poco tiempo (12 años)

El nazismo hipnotizó, pero no logró redefinir el bien y el mal durante generaciones.


2. El comunismo real: propaganda moral, histórica y total

Aquí es donde el asunto se vuelve más inquietante.

La propaganda soviética (y luego china) no solo decía:

“Obedece”

Decía:

“Si no obedeces, eres moralmente inferior, históricamente ignorante y enemigo del futuro”.

Sus armas fueron más sofisticadas:

  • Lenguaje moral (justicia, igualdad, pueblo, emancipación)

  • Lenguaje científico (“leyes de la historia”, “inevitabilidad”)

  • Lenguaje redentor (el sufrimiento es necesario, purifica)

  • Lenguaje pedagógico (el Partido sabe, tú aprendes)

Hannah Arendt lo vio claro:

El totalitarismo no solo controla lo que haces, sino cómo piensas lo que haces.

Y aquí está el punto clave:
👉 millones aceptaron el hambre, la delación, el miedo y el Gulag no como abuso, sino como deber.

Eso es propaganda en su forma más alta y más perversa.


3. ¿Quién convenció mejor de aceptar la opresión?

Si la pregunta es:

¿Quién logró que la gente aceptara la opresión como algo legítimo, incluso virtuoso?

Entonces la respuesta es clara:

🟥 El comunismo de Estado fue más eficaz que el nazismo.

Porque:

  • Duró décadas

  • Se expandió a múltiples culturas

  • Produjo lealtad incluso entre las víctimas

  • Generó nostalgia posterior, algo que el nazismo no logró

El nazismo fue una pesadilla.
El comunismo real logró que la pesadilla se llamara utopía.


4. El abismo: una diferencia fundamental

El nazi decía:

“Te lanzas al abismo por Alemania”.

El comunismo decía:

“No es un abismo. Es un puente. Si caes, es porque no entendiste”.

Eso es mucho más peligroso.


5. Y ojo, camaradas (aquí va la advertencia)

Esto no absuelve al nazismo, ni hace “menos malo” al fascismo.
Son horrores distintos, con técnicas distintas.

Pero si hablamos de propaganda eficaz para domesticar conciencias,
la izquierda autoritaria histórica fue más exitosa que la derecha fascista.

Y eso explica por qué hoy:

  • muchos aún justifican esos regímenes

  • relativizan sus crímenes

  • o dicen: “no fue verdadero comunismo”

Eso también es propaganda sobreviviente.



✔️ En el nazismo hubo adhesión genuina masiva

No solo miedo.

  • Multitudes realmente idolatraban a Hitler

  • Creían en su carisma, en su narrativa, en su promesa

  • Lloraban, gritaban, se emocionaban

  • La propaganda funcionó emocionalmente, no solo coercitivamente

Aquí la intuición es muy fina:
👉 no todo fue terror, hubo fe política.


✔️ En el comunismo real hubo miedo estructural

También es verdad.

  • Delación constante

  • Represión invisible pero omnipresente

  • Castigos arbitrarios

  • Imposibilidad de saber dónde estaba el límite

Muchísima gente callaba, obedecía y simulaba por miedo.

Hasta aquí, la lectura es correcta.


2. Donde la percepción se queda corta (y aquí está lo interesante)

El error no es pensar que:

“En el comunismo la gente no estaba convencida”

El error es pensar que:

el miedo excluye la convicción.

En los regímenes comunistas el miedo y la creencia coexistieron, y además se retroalimentaron.


3. La clave: no todos creían, pero muchos sí

Especialmente:

  • Jóvenes

  • Intelectuales

  • Militantes

  • Cuadros intermedios

  • Personas educadas dentro del sistema desde niños

Ejemplos reales:

  • Millones creyeron sinceramente en Stalin como “padre del pueblo”

  • Mao fue venerado casi religiosamente

  • La Revolución Cultural movilizó fanáticos auténticos

  • En la URSS, generaciones completas no conocieron otra narrativa

👉 No fue solo miedo.
👉 Fue socialización total.


4. Diferencia fundamental entre ambos sistemas

Nazismo

  • Convicción rápida

  • Intensamente emocional

  • Visible

  • De corta duración

  • Dependiente del líder

Comunismo real

  • Convicción lenta

  • Moralizada

  • Normalizada

  • Transmitida por la escuela

  • Interiorizada como “sentido común histórico”

Por eso la impresión es comprensible:
la fe nazi se veía;
la fe comunista se respiraba.


5. El truco más sofisticado del comunismo de Estado

El comunismo no exigía:

“Ámame”

Exigía:

“Entiende que no hay alternativa”.

Y eso es psicológicamente devastador.

Porque cuando no hay alternativa:

  • Obedecer parece racional

  • Adaptarse parece madurez

  • Callar parece inteligencia

Con el tiempo, eso se convierte en convicción parcial:

“Tal vez no es perfecto, pero es lo único posible”

Y eso es propaganda interiorizada.


6. Entonces, ¿quién fue “mejor” propagandista?

Si mides:

  • Adoración visible → gana el nazismo

  • Duración y profundidad → gana el comunismo real

  • Capacidad de sobrevivir al régimen → gana el comunismo real



Si la pregunta es quién se lleva la corona como sistema más eficaz para lograr obediencia, la respuesta incómoda es:

👉 el capitalismo contemporáneo.

No por ser “más violento”, sino por ser mucho más inteligente.


1. ¿En qué sentido “gana” el capitalismo?

No porque convenza mejor con discursos, sino porque ya no parece propaganda.

Los totalitarismos clásicos decían:

  • “Cree”

  • “Obedece”

  • “Sacrifícate”

El capitalismo dice:

  • “Elige”

  • “Disfruta”

  • “Sé tú mismo”

Y mientras tanto:

  • trabajas más

  • te endeudas

  • te comparas

  • te culpas

  • y llamas “libertad” a la jaula

Eso es una obra maestra ideológica.


2. El logro histórico del capitalismo

🏆 Convencer a la gente de que:

  • si fracasa → es culpa suya

  • si se explota → es emprendedor

  • si no descansa → es disciplinado

  • si está agotado → es débil

  • si protesta → es resentido

El sistema no necesita policías ideológicos:
👉 la gente se vigila sola.

Foucault estaría tomando notas con una sonrisa amarga.


3. La corona: obediencia sin coerción visible

Comparación directa:

Sistema¿Miedo?¿Fe?¿Culpa?¿Ilusión de libertad?
Nazismo Poco        No
Comunismo real Media     No
Capitalismo tardíoNo visibleNo explícita Altísima    Total

👉 Aquí está la diferencia letal.

Cuando la jaula es visible, puedes odiarla.
Cuando la jaula es deseo, la defiendes.


4. El ciudadano ideal del capitalismo

No es el fanático ni el militante.

Es:

  • cansado

  • endeudado

  • entretenido

  • informado a medias

  • convencido de que “no hay alternativa”

  • políticamente cínico

  • moralmente fatigado

No cree en nada…
pero funciona perfectamente.

Ese es el triunfo.


5. ¿Entonces el capitalismo es “peor”?

No necesariamente en términos morales simples.
Pero sí es más eficaz ideológicamente.

Porque:

  • sobrevive a la crítica

  • la absorbe

  • la vende en camisetas

  • y te la cobra a meses sin intereses

Ni Goebbels ni el Politburó lograron eso.


6. 

Desconfiems de los discursos cerrados.
Eso ya nos pone fuera del molde ideal.

Pero ojo:
el capitalismo no te pide que creas.
Te pide que no pienses demasiado
y sigas funcionando.


7. Cierre honesto

Si hablamos de:

  • aceptar la opresión → gana el capitalismo

  • creer en ella → ganaron los totalitarismos clásicos

  • no notar que existe → corona absoluta al capitalismo


 

 

**Información inútil que no necesitamos:

“Todo pasa por algo”**

Nos dijeron que todo pasa por algo.
Lo escuchamos cuando alguien muere, cuando pierdes el trabajo, cuando te enfermas, cuando ocurre una tragedia que nadie supo —o quiso— evitar. Es una frase pequeña, portátil, lista para usarse en cualquier funeral, sobremesa o comentario de Facebook.

Y suena profunda.
Pero no lo es.

La promesa

“Todo pasa por algo” promete sentido.
Promete que el caos tiene guion, que el dolor tiene propósito, que la injusticia tiene explicación aunque no la veamos. Es una frase diseñada para tranquilizar, no para comprender.

Quién la repite

La repiten:

  • Medios cuando no quieren hablar de causas.

  • Religiones cuando no tienen respuestas.

  • Coaches emocionales cuando no entienden la realidad material.

  • Amigos bienintencionados que no saben qué decir.

  • Y nosotros mismos, cuando pensar duele demasiado.

Por qué es inútil

Porque no explica nada.
No distingue entre:

  • Un accidente y una negligencia.

  • Una tragedia natural y una decisión política.

  • Una enfermedad y un sistema de salud colapsado.

  • Una mala racha y una estructura injusta.

Decir “todo pasa por algo” es como cerrar un expediente sin investigarlo.
Es la forma más elegante de no preguntar por qué pasó realmente.

La función real

Esta frase no busca verdad. Busca anestesia.

Sirve para:

  • Apagar la incomodidad.

  • Evitar la responsabilidad.

  • Cancelar el análisis.

  • Convertir problemas sociales en lecciones personales.

  • Transformar injusticias concretas en misterios metafísicos.

Si todo pasa por algo, entonces:

  • Nadie falló.

  • Nadie decidió.

  • Nadie debe rendir cuentas.

Y eso es muy conveniente.

El truco psicológico

La frase tiene un efecto secundario brutal:
culpabiliza al que sufre.

Porque si todo pasa por algo, entonces:

  • Si no aprendiste, fallaste.

  • Si sigues triste, no entendiste la “lección”.

  • Si reclamas, eres inmaduro.

  • Si te enojas, estás “resistiendo el proceso”.

El dolor ya no basta.
Ahora también tienes que interpretarlo bien.

Lo que no nos dicen

Muchas cosas no pasan por algo.
Pasan por:

  • Ignorancia.

  • Codicia.

  • Corrupción.

  • Ineptitud.

  • Azar.

  • Violencia.

  • Decisiones humanas perfectamente identificables.

Y algunas cosas pasan sin ningún sentido, y aceptarlo es más honesto que inventar consuelo.

El remate incómodo

No, no todo pasa por algo.
Algunas cosas pasan porque alguien metio la pata
O porque a nadie le importó.
O porque así funciona el mundo cuando dejamos de mirarlo de frente.

Y mientras sigamos diciendo “todo pasa por algo”,
seguiremos confundiendo resignación con sabiduría.


 Lo que dice Salinas Pliego no es anarquismo, ni comunismo, ni pensamiento serio. Es una mezcla oportunista de consignas que suenan rebeldes pero que, al analizarlas, se caen por su propio peso.

1. “El Estado es el problema”

Esta frase no es nueva ni profunda. Es un eslogan libertario de derecha (tipo Ayn Rand, Hayek mal digerido, Milei versión tuit).
El truco está en abstraer al Estado como si fuera un ente maligno en sí mismo, sin preguntarse:

  • ¿Qué Estado?

  • ¿Al servicio de quién?

  • ¿Con qué correlación de fuerzas?

  • ¿Para regular qué poderes?

Un multimillonario odiando al Estado no es valentía intelectual, es interés económico puro: menos impuestos, menos regulación, más margen para concentrar poder.


2. ¿Entonces es anarquista?

No.
El anarquismo real (Bakunin, Kropotkin, Malatesta) plantea:

  • Abolición del Estado y del capital

  • Crítica radical a la propiedad privada concentrada

  • Autogestión, apoyo mutuo, horizontalidad

Salinas Pliego defiende el capital, la jerarquía económica y el poder corporativo.
Eso lo coloca en las antípodas del anarquismo.

👉 Él no quiere un mundo sin dominación,
👉 quiere un mundo donde él domine sin estorbos.


3. ¿Entonces podría apoyar el comunismo?

Menos aún.
El comunismo es, literalmente, la expropiación del poder económico de personas como él.
Decir que su discurso podría apoyar el comunismo es como decir que un carnicero apoya el veganismo porque odia a los inspectores sanitarios.

El comunismo critica al Estado como instrumento de clase, pero no lo elimina mágicamente: lo analiza, lo transforma o lo supera en función de condiciones históricas concretas.

Salinas no hace análisis: hace berrinche.


4. La contradicción central (aquí está la trampa)

Dice:

“No se dejen amedrentar por los parásitos del Estado”

Pero:

  • Vive de concesiones estatales

  • Se beneficia de infraestructura pública

  • Usa tribunales, leyes, policías y contratos

  • Protege su riqueza gracias al orden estatal

Es el clásico:

“El Estado es malo… excepto cuando me protege mis negocios”.

Eso no es pensamiento político.
Es cinismo de clase alta.


5. ¿Por qué dice tonterías sin miedo al ridículo?

Porque no habla para convencer, habla para movilizar emocionalmente:

  • Odio al Estado

  • Desprecio al pobre

  • Fantasía del “emprendedor héroe”

  • Simplificación infantil de problemas complejos

Sabe que no será castigado por decir estupideces, porque su posición económica lo blinda. El ridículo es un lujo que solo existe para quienes dependen de su credibilidad.


Conclusión clara

Salinas Pliego:

  • ❌ No es anarquista

  • ❌ No es comunista

  • ❌ No es liberal clásico serio

✔️ Es un oligarca que odia cualquier límite a su poder, y usa consignas “anti-Estado” como arma retórica, no como pensamiento.

1. Qué dice realmente el marxismo sobre el Estado

En el marxismo el Estado no es eterno, ni una esencia metafísica, ni “el mal absoluto”.
Es un instrumento histórico de dominación de clase.

El Estado surge cuando los conflictos de clase no pueden resolverse por sí solos.

Por eso, para Marx y Engels:

  • El Estado no se “abolía” por decreto

  • El Estado se vuelve innecesario cuando desaparecen las clases

👉 En el comunismo pleno, el Estado deja de existir, pero no como acto voluntarista, sino como consecuencia histórica.


2. La fórmula clave (que muchos tergiversan)

Engels lo dice con precisión quirúrgica:

El Estado no es abolido, se extingue.

Esto es crucial.

  • Abolir = decisión política inmediata

  • Extinguirse = proceso histórico

En el comunismo marxista:

  • No hay clases

  • No hay propiedad privada de los medios de producción

  • No hay necesidad de un aparato coercitivo separado

Por tanto:
✔️ Ya no hay Estado en el sentido clásico
✔️ No hay policía de clase, ni ejército de dominación interna, ni aparato jurídico al servicio de una minoría


3. Entonces, ¿qué pasa antes? (el punto que suele omitirse)

Marx distingue etapas, aunque él no las sistematizó tanto como luego Lenin:

  1. Capitalismo → Estado burgués

  2. Socialismo / dictadura del proletariado → Estado de transición

  3. Comunismo → extinción del Estado

Durante la transición:

  • El Estado sigue existiendo

  • Pero ya no es burgués

  • Su función es desmantelar las relaciones de clase, no perpetuarse

Aquí es donde la historia real complica la teoría.


4. El error habitual (y donde muchos se enredan)

El error no es decir:

“En el comunismo no hay Estado”

Eso es correcto teóricamente.

El error es:

  • Confundir comunismo con Estados que se autodenominaron comunistas

  • Pensar que Marx proponía un Estado fuerte eterno

  • O creer que la extinción del Estado es automática o rápida

Marx no era ingenuo, pero tampoco dejó un manual administrativo.


5. Por qué Salinas (y la derecha) miente por omisión

Cuando Salinas dice “el Estado es el problema”, hace trampa porque:

  • Marx dice: este Estado es un problema

  • Pero también dice: el mercado sin control produce dominación

  • Y que eliminar el Estado sin eliminar las clases solo deja el poder en manos privadas

Eso no es libertad: es feudalismo corporativo.


Conclusión clara y honesta

✔️ 
En el comunismo marxista el Estado desaparece.

⚠️ Pero:

  • No por decreto

  • No de inmediato

  • No sin antes transformar las relaciones materiales

  • No sin un proceso histórico complejo

Y aquí viene la frase que resume todo:

El marxismo no promete un mundo sin poder, promete un mundo sin clases.


 Si hablamos de un gobierno de seis años como el de México, la respuesta rápida es: casi imposible acabar con el neoliberalismo de raíz en tan poco tiempo, y te explico por qué:


1. El neoliberalismo no es solo política explícita

El neoliberalismo no se limita a “privatizar” o “reducir gasto público”: es un entramado económico, social y cultural que incluye:

  • Poder de corporaciones y bancos.

  • Integración del país a mercados globales.

  • Dependencia de inversión extranjera.

  • Cultura de consumo y precariedad laboral.

Cambiar leyes no basta si estas estructuras siguen intactas.


2. Resistencia de actores poderosos

Empresas, bancos, tratados internacionales y organismos financieros como el FMI o el Banco Mundial limitan lo que un gobierno puede hacer.

  • Incluso si Morena quisiera, enfrentaría presión política y económica para mantener las reglas del neoliberalismo.


3. Limitaciones institucionales

  • México tiene un sistema burocrático, judicial y legislativo que frena cambios radicales.

  • Muchos programas o contratos ya firmados (con privados, sector energético, financiero) no se pueden revertir de un día para otro.


4. Qué sí pueden hacer en seis años

Aunque no desaparezca el neoliberalismo, un gobierno puede:

  • Mitigar sus efectos: programas sociales fuertes, subsidios, aumentos salariales.

  • Modificar prioridades: inversión pública en salud, educación y energía.

  • Regular mercados: limitar abusos corporativos y fortalecer regulación.

  • Generar narrativas alternativas: cambiar la cultura política hacia la justicia social.

Es decir, pueden cambiar mucho la experiencia de la gente, pero no “acabar” con un sistema económico globalizado en solo un sexenio.

 ¿Quién debe callar para no “darle ventaja” al otro?

En política es común escuchar algo como: “No critiquen desde dentro, porque eso le da ventaja al adversario”. Desde la perspectiva del partido, la lógica tiene sentido: mantener unidad, evitar divisiones públicas y cuidar la narrativa frente a quienes compiten por el poder. Es una estrategia que funciona internamente, donde la disciplina y la coordinación importan más que la discusión abierta.

Pero fuera del partido, la situación cambia. Los votantes no son miembros disciplinados, son ciudadanos que confiaron en una visión o proyecto y esperan resultados. Para ellos, guardar silencio por miedo a “favorecer al otro” no es lealtad, es renunciar a su voz. Criticar decisiones que parecen erradas o incoherentes no es traición: es ejercer la responsabilidad de exigir rendición de cuentas y participación informada.

El riesgo de aplicar la lógica interna del partido al ciudadano común es que la democracia se debilita. Si todos los que apoyan una causa callan para protegerla de supuestos ataques externos, se cede el terreno a la opacidad, a la arbitrariedad y al poder concentrado. La crítica, lejos de ser un obstáculo, fortalece la transparencia y la confianza: una población que observa, cuestiona y debate es una población que evita caer en manipulación.

En resumen: dentro del partido, callar puede ser estrategia; fuera del partido, para los votantes, hablar es deber. Porque la lealtad a las ideas no significa silencio frente a errores. La lealtad verdadera se demuestra cuestionando, pensando y exigiendo, no obedeciendo sin preguntar.

 La derecha siempre condena a Stalin y el comunismo pero nunca a Hitler y el fascismo

No es algo tan simple como “les gusta uno y odian otro”, hay estrategias ideológicas y psicológicas en juego. Vamos paso a paso.

  1. El enemigo conveniente:
    Para buena parte de la derecha, Stalin y el comunismo representan un enemigo “eterno” que puede usarse para justificar políticas actuales: recortar derechos laborales, privatizar servicios, militarizar la economía o demonizar movimientos de izquierda. Hitler y el fascismo, aunque también fueron autoritarios y violentos, no sirven tanto como referente contemporáneo porque no representan directamente una amenaza ideológica moderna para ciertos intereses capitalistas o políticos.

  2. El relato histórico selectivo:
    La narrativa que se enseña en muchos países enfatiza los horrores del comunismo —gulags, represión, colectivización— y minimiza o neutraliza la historia del fascismo o lo conecta con un “mal del pasado” que ya no tiene vigencia. Por ejemplo, se puede criticar a Stalin por ser “dictador rojo”, pero Hitler es muchas veces tratado como un “monstruo aislado” de Alemania que no amenaza la modernidad capitalista global.

  3. El factor económico:
    El fascismo, en muchos casos, terminó beneficiando a grandes empresarios y a corporaciones, mientras que el comunismo atacaba la propiedad privada y el capital. Entonces, condenar el comunismo se alinea con intereses económicos actuales. Criticar Hitler o Mussolini no pone en riesgo estructuras económicas modernas, así que no hay tanta necesidad de enfatizarlo.

  4. La narrativa de victimización y moralidad:
    Stalin puede ser demonizado sin cuestionar el sistema en el que vivimos: se le pinta como un tirano “rojo” mientras que nuestro sistema sigue intacto. Criticar Hitler implica mirar más de cerca cómo el poder fascista puede aparecer bajo democracias modernas y capitalismo, lo cual es incómodo.

  5. Conveniencia política:
    En muchos países latinoamericanos, los medios y la derecha usan la figura del comunismo como chivo expiatorio: todo problema económico, social o cultural se culpa a “los comunistas”, mientras que el fascismo queda relegado a una nota histórica, inofensiva, que no interfiere en la política cotidiana.

En pocas palabras: la derecha suele condenar selectivamente lo que le conviene políticamente y económicamente, no necesariamente por coherencia moral o histórica. Stalin es útil como villano permanente, Hitler no.


 Ah, la ciencia del baño, ese campo serio y profundo que nadie sabía que existía hasta que alguien publicó un meme sobre orinar sentado. Resulta que, sorpresa, los científicos no están tan obsesionados como Instagram: para la mayoría de los hombres sanos, pararse o sentarse no cambia gran cosa. Sí, tu vejiga se vacía más o menos igual. Pero para algunos hombres con próstata grande o problemas urinarios, sentarse puede ayudar a vaciar mejor y evitar goteos incómodos.

Ahora entra el ejército de expertos de Facebook: “¡Es científicamente correcto! ¡Saludable! ¡Tu vejiga te lo agradecerá!”. Sí, porque claramente todos llevamos bata blanca y microscopio cuando hacemos pis. La comodidad, la higiene, la eficiencia de tu orina… todo se vuelve tema de debate internacional, mientras alguien en TikTok te enseña la “postura perfecta”.

La verdad es que la ciencia dice algo simple: si te sientes cómodo, limpio y no tienes problemas de próstata, haz lo que te dé la gana. Pero claro, las redes sociales no podían dejar que eso pasara desapercibido. No, no: hay que moralizar, politizar y etiquetar cada gota como “correcta” o “incorrecta”, como si tu vida dependiera de eso.

En pocas palabras: la ciencia te da libertad, las redes te dan juicio moral. Así que siéntate, párate, haz equilibrio sobre un pie… la ciencia no se va a ofender. Lo que sí se ofenderá es tu feed de memes, porque ahí sí hay que decidir: ¿eres hombre moderno, saludable y científico… o un hereje del baño?

jueves, 1 de enero de 2026

 

🛠️ ¿Por qué el trabajo útil es el menos valorado?

Hay trabajos que sostienen la vida: enseñar, cuidar, sembrar, limpiar, curar. Sin ellos, el mundo se desmorona en días. Y, sin embargo, son los menos valorados. Ni en salario ni en prestigio, ni en atención social. Mientras tanto, el que mueve capitales, especula o gestiona “negocios” puede amasar millones sin producir nada tangible.


⚖️ La paradoja del valor

El carpintero construye casas, el médico salva vidas, el agricultor alimenta ciudades. La sociedad depende de ellos, pero la cultura del dinero los mira con indiferencia. La paradoja es brutal: el valor económico no coincide con el valor social.

Se premia al que acumula riqueza, no al que sostiene la vida.


📊 Datos que incomodan

  • Enfermeras y maestros trabajan jornadas agotadoras con sueldos modestos, mientras CEOs ganan en un día lo que ellos en un año.

  • Trabajos esenciales como la agricultura o la limpieza urbana son socialmente invisibles, pese a que sin ellos, la ciudad se paraliza.

  • La industria financiera puede quebrar economías enteras y aun así sus responsables siguen siendo multimillonarios y celebrados.

El dinero no mide la utilidad real, mide poder y acceso, y eso desdibuja la justicia social.


🔄 Revalorizando el trabajo útil

Un sistema donde el dinero no lo manda todo podría:

  1. Medir riqueza social: además del ingreso económico, contar contribución a la comunidad.

  2. Asignar incentivos justos a trabajos esenciales: educación, salud, agricultura, cuidado del medio ambiente.

  3. Convertir la acumulación en obligación de retribución social: quien acumula riqueza también debe contribuir proporcionalmente al bienestar colectivo.

📌 No se trata de castigar al que emprende, sino de equilibrar valor real y simbólico.


🧠 Cambiar la narrativa cultural

Desde niños se nos educa para admirar al que compra, no al que cuida. Cambiar esto implica:

  • Reconocer que sostener vidas es tan heroico como crear empresas.

  • Redefinir prestigio: que un maestro respetado o un médico comprometido sean referentes sociales más que un especulador de bolsa.

  • Enseñar que la sociedad es un tejido, no un tablero de casino donde solo gana quien apuesta más.


✊ Conclusión: el trabajo útil merece dignidad y poder

Mientras el dinero siga siendo la medida de todo, la sociedad seguirá premiando lo que da poder, no lo que da vida. Valorar lo útil no es utopía: es una cuestión de supervivencia ética.
Redistribuir el prestigio, los recursos y la atención social hacia quienes sostienen la vida es el primer paso para un mundo donde el dinero deje de mandar.