sí hay algo profundamente ridículo aquí, pero no donde López Dóriga dice que está.
Que un asistente le limpie el zapato a un ministro es una escena servil, simbólicamente fea, monárquica, claro. Huele a viejo régimen, a “usted es señor y yo soy nada”. Eso se puede criticar sin problema.
Pero que eso sea “lo más indignante” que ha visto en 57 años de periodismo en México… ahí ya no estamos ante un desliz: estamos ante amnesia selectiva o cinismo profesional.
Vamos por partes.
1. Si eso es lo más indignante… ¿entonces qué fue todo lo demás?
En esos 57 años, López Dóriga vio —o decidió no ver— cosas como:
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1968: estudiantes asesinados y la prensa callando o repitiendo la versión del poder.
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Guerra sucia: desapariciones forzadas documentadas décadas después.
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Fraudes electorales: 1988 como monumento nacional a la simulación.
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Acteal, Aguas Blancas, Tlatlaya: masacres con encubrimiento.
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Ayotzinapa: 43 desaparecidos y una “verdad histórica” fabricada.
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Periodistas asesinados uno tras otro mientras el gremio “analizaba”.
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Corrupción sistémica: gobernadores saqueando estados enteros.
¿De verdad nada de eso le indignó más que un zapato limpio?
2. El truco clásico: indignarse por el símbolo para no hablar del sistema
Esto es muy viejo en el periodismo acomodado:
👉 Exagerar una anécdota visual
👉 ignorar la estructura de poder real
Es más fácil escandalizarse por una escena cortesana
que por un Poder Judicial clasista, opaco, nepotista, desconectado del país real.
El zapato es el pretexto.
Lo que molesta no es la servidumbre, sino que el ministro no pertenece al club intocable de antes.
3. López Dóriga no habla como periodista, habla como custodio del antiguo orden
Cuando dice “jamás vi algo así”, en realidad está diciendo:
“Jamás vi que el poder dejara de cuidar tanto las formas que yo defendí”.
No es indignación moral.
Es nostalgia de jerarquías bien maquilladas.
Porque cuando los ministros comían con empresarios, viajaban en aviones privados o vivían como virreyes discretos, eso no era indignante.
Era “institucional”.
4. Lo verdaderamente indignante (y eso casi no lo gritan)
Si queremos hablar en serio de indignación, habría que señalar:
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Un Poder Judicial inaccesible para el pobre
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Sentencias que protegen al poderoso y castigan al débil
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Ministros que nadie eligió y que deciden sobre millones
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Un país con fosas, no con lustradores de zapatos
Pero eso no cabe en un editorial histérico, porque exige autocrítica.
Conclusión clara, sin rodeos
Sí, la escena del zapato es criticable.
Pero decir que es lo más indignante en medio siglo es:
👉 insultar a las víctimas reales
👉 banalizar la historia del país
👉 y exhibir un periodismo más preocupado por el protocolo del poder que por la justicia
Si eso es “periodismo”… entonces el problema no es el zapato, camarada.
Es quién se arrodilla ante quién, y desde hace décadas.