jueves, 12 de febrero de 2026

 

1. Diario El País no es “ultra conservador” clásico

No es ABC ni El Mundo.
El País es liberal–progresista en lo cultural y muy conservador en lo económico.
Eso es clave.

Puede tolerar:

  • feminismo no anticapitalista

  • crítica al racismo sin tocar estructuras

  • datos duros sobre desigualdad sin cuestionar el modelo

Pero no tolera:

  • cuestionar la propiedad concentrada

  • criticar el poder corporativo

  • señalar al liberalismo económico como problema

Viridiana Ríos y Vanessa Romero entran justo en el perímetro aceptable.


2. Las invitan para delimitar la crítica, no para ampliarla

Esto es fino, pero importante.

Al invitar voces “de izquierda”:

  • El País puede decir: “somos plurales”

  • reduce la necesidad de invitar a voces realmente disruptivas

  • convierte la crítica en algo presentable, técnica, civilizada

Es una izquierda con corbata editorial:

  • crítica, pero razonable

  • incómoda, pero no peligrosa

  • indignada, pero educada

Eso desactiva la posibilidad de una crítica más radical sin censurarla abiertamente.


3. ¿Las llevan “al lado oscuro”? No… pero hay fricción

No es una cooptación vulgar tipo:

“vente, traiciona tus ideas”

Es más sutil:

  • el marco lo pone El País

  • los temas tienen límite

  • el lenguaje se modera

  • la conclusión nunca puede ser sistémica

Si te sales del marco, simplemente:

  • te publican menos

  • te colocan como “opinión” marginal

  • o dejan de llamarte

No hay censura: hay curaduría ideológica.


4. ¿Y por qué ellas aceptan? (sin demonizarlas)

Aquí hay que ser honestos.

Aceptar ese espacio:

  • amplifica su voz

  • llega a públicos que no las leerían

  • permite meter datos incómodos dentro del mainstream

Eso no es traición automática.
El problema aparece cuando:

  • el medio se beneficia más de tu pluralismo

  • que tú de su plataforma

Es una relación asimétrica, no un pacto con el diablo.


5. El truco mayor: la izquierda “responsable”

El País ama a la izquierda que:

  • habla de desigualdad

  • pero no de expropiación

  • critica gobiernos

  • pero no al capital financiero

  • exige ética

  • pero no conflicto

Eso les permite decir:

“el problema no es el sistema, son los malos gestores”

Y listo. El orden queda intacto.


Conclusión brutal, camaradas

El País no las invita para iluminarse.
Las invita para vacunarse.

Una dosis controlada de izquierda:

  • legitima al medio

  • domestica la crítica

  • y mantiene el centro ideológico donde siempre ha estado

No es el “lado oscuro”.
Es el salón bien iluminado donde la revolución no puede entrar con botas.

 Hagamos análisis fino, no abstracto. Vamos a tomar el patrón típico de una columna de Viridiana Ríos en El País (el mecanismo es casi calcado con Vanessa Romero), y lo diseccionaremos en capas. No es ataque personal: es anatomía del medio.


1. Capa visible: datos duros, tono técnico

Lo primero que salta es esto:

  • gráficos

  • cifras del INEGI, OCDE, Banco Mundial

  • lenguaje de politóloga/analista (“correlación”, “impacto”, “evidencia”)

Ejemplo típico:

“La evidencia muestra que la desigualdad en México no se explica solo por corrupción, sino por un diseño fiscal regresivo.”

✔️ Esto es cierto
✔️ Esto incomoda
✔️ Esto parece radical

Pero ojo: aquí empieza el truco.


2. Marco invisible: el problema es mal diseño, no poder

La crítica nunca se formula así:

“La élite económica captura al Estado y bloquea cualquier redistribución real.”

Se formula así:

“Las políticas públicas no han logrado corregir las distorsiones del mercado.”

Traducción:

  • no hay clase dominante

  • no hay conflicto estructural

  • hay errores, ineficiencias, fallas técnicas

Eso convierte un problema político en un problema administrativo.

Y a El País eso le encanta.


3. El límite sagrado: no tocar al capital como sujeto político

Notarás tres ausencias sistemáticas:

❌ No aparecen empresarios con nombre y apellido
❌ No aparece el sistema financiero como actor
❌ No aparece la acumulación como violencia

El villano es difuso:

  • “el sistema”

  • “las reglas”

  • “el modelo actual”

Nunca:

  • Slim

  • BlackRock

  • las Afores

  • los fondos buitres

  • el poder mediático mismo

Eso no es casual: es la frontera editorial.


4. La conclusión siempre es reformista (aunque suene dura)

Final típico:

“México necesita una reforma fiscal progresiva, instituciones más fuertes y políticas basadas en evidencia.”

¿Ves lo que no aparece?

  • conflicto social

  • ruptura

  • presión desde abajo

  • organización popular

  • desobediencia

La solución siempre es:
🧠 racional
📊 técnica
🏛️ institucional

Es una izquierda sin calle, sin rabia, sin amenaza.


5. ¿Qué gana El País con esto?

Muchísimo.

Puede decir:

  • “publicamos voces críticas”

  • “no somos conservadores”

  • “somos progresistas”

Pero el lector sale pensando:

“El sistema funciona mal, pero puede arreglarse sin tocar sus bases.”

Eso es hegemonía cultural, no pluralismo.


6. El punto clave (el más incómodo)

Viridiana no está mintiendo.
Vanessa no está engañando.

El problema no es lo que dicen.
Es lo que el medio permite que se diga.

Ellas operan dentro de un perímetro invisible:

  • puedes empujar

  • pero no derribar

  • puedes criticar

  • pero no señalar al amo

Y ese perímetro lo marca El País, no ellas.


Conclusión sin anestesia

El País usa a estas voces como izquierda higienizada:

  • limpia la crítica

  • la vuelve consumible

  • la desactiva políticamente

No es “lado oscuro”.
Es la vitrina donde la disidencia se vuelve respetable…
y por eso mismo, inofensiva.




1. ¿“Progre buenaondita”?

En el sentido vulgar de Twitter: no.
No son influencers del arcoíris ni moralistas de consigna.

Pero encajan en lo que podríamos llamar:

progresismo institucionalmente aceptable

Es decir:

  • progresismo sin antagonismo

  • crítica sin enemigo claro

  • justicia social sin conflicto social

No dicen barbaridades, no son superficiales.
Pero tampoco empujan hasta donde duele.

Así que: no son “progre light”, pero sí son “progre compatible con el sistema”.


2. ¿Se autocensuran?

Aquí hay que ser precisos.

🔴 No es autocensura por miedo
🔴 No es traición consciente

Es autocontrol estratégico.

Saben perfectamente que:

  • si cruzan ciertos límites, el espacio desaparece

  • hay temas que no entran en El País

  • hay tonos que se castigan sin decirlo

Entonces ajustan:

  • lenguaje

  • énfasis

  • conclusiones

No se callan todo: dosifican.

Eso no es cobardía, pero sí es una renuncia parcial al conflicto.


3. ¿No son combativas, sino analíticas e intelectuales?

Aquí está el punto más justo.

👉 Sí: son analíticas e intelectuales por convicción, no solo por contexto.

Su forma de intervención es:

  • datos

  • papers

  • evidencia

  • explicación estructural suave

No vienen de la tradición:

  • sindical

  • militante

  • popular

  • callejera

Vienen de la academia, think tanks, análisis de políticas públicas.

Su “combate” es:
🧠 en el discurso
📊 en la narrativa
🖋️ en el marco interpretativo

No en la confrontación directa.


4. El problema real (el más incómodo)

No es que ellas no sean combativas.
Es que la época penaliza la combatividad real.

Hoy:

  • el medio premia la crítica “inteligente”

  • castiga la crítica “peligrosa”

  • tolera la indignación si no moviliza

Entonces el intelectual crítico termina convertido en:

gestor de disenso

Y eso no siempre es una decisión individual.


5. ¿Qué NO son? (para no ser injustos)

❌ No son propagandistas del poder
❌ No son cínicas
❌ No son conservadoras disfrazadas
❌ No son traidoras de clase (esa etiqueta es floja)

Pero tampoco son:
❌ incendiarias
❌ disruptivas
❌ desestabilizadoras

Y eso importa.


Conclusión clara

No es:

“son progres buena ondita”

Es más bien:

son intelectuales críticas que operan dentro de los márgenes de lo publicable

No se autocensuran por cobardía,
pero sí se adaptan a un ecosistema que castiga la radicalidad.

Y el resultado es una crítica:

  • lúcida

  • bien escrita

  • informada

pero políticamente inocua.




1. La voz moderada dentro es funcional al sistema

Aunque critique, cumple estas funciones:

  • canaliza el descontento hacia el lenguaje técnico

  • transforma la rabia en “diagnóstico”

  • convierte la injusticia en “problema complejo”

  • reemplaza el conflicto por debate civilizado

Resultado psicológico en el lector:

“Sí, esto está mal… pero no es para tanto, se puede arreglar.”

Eso despresuriza.

El sistema no necesita silenciarte si puede administrarte.


2. La voz radical fuera es incómoda, pero marginalizable

La crítica que:

  • nombra enemigos

  • habla de poder

  • usa lenguaje moral o político fuerte

  • interpela directamente

…es peligrosa solo si conecta con masas.

Si no, el sistema hace esto:

  • la aísla

  • la caricaturiza

  • la llama “polarizante”, “ideológica”, “resentida”

Y listo: queda fuera del radar del público amplio.


3. El truco maestro: hacerte elegir entre dos trampas

El campo está diseñado para que escojas:

Opción A:
📊 rigor, datos, prestigio, espacio
❌ sin ruptura

Opción B:
🔥 radicalidad, verdad cruda
❌ sin amplificación

Y mientras discutes cuál es mejor…
el sistema sigue intacto.

Eso es hegemonía.


4. Entonces… ¿sirve la crítica “buena ondita”?

Sirve hasta cierto punto:

✔️ informa
✔️ desmonta mentiras burdas
✔️ educa a sectores medios
✔️ incomoda a comentaristas perezosos

Pero no transforma.

No moviliza.
No organiza.
No amenaza intereses.

Es crítica sin dientes.


5. ¿Y la crítica combativa?

Tiene el problema inverso:

✔️ nombra lo innombrable
✔️ politiza el conflicto
✔️ genera identidad y energía

Pero:

  • puede quedar encapsulada

  • predicar solo a convencidos

  • no penetrar el mainstream


6. La verdad incómoda (la que casi nadie quiere decir)

Las transformaciones reales nunca las hizo solo:

  • la academia

  • el periodismo elegante

  • el debate ilustrado

Siempre hubo:

  • presión social

  • conflicto

  • desobediencia

  • ruptura del consenso

La crítica intelectual acompaña, pero no sustituye eso.


Conclusión final

Viridiana Ríos y Vanessa Romero no son el problema.
El problema es creer que esa forma de crítica basta.

Es necesaria.
No es suficiente.

El sistema prefiere mil veces:

una izquierda inteligente que explique
a una izquierda incómoda que empuje

Porque la primera interpreta el mundo.
La segunda intenta cambiarlo.

Y ahí está toda la diferencia.

Aquí sí entramos a zona roja 🔥

Te voy a decir quiénes cruzan líneas, qué línea cruzan y qué les pasa cuando lo hacen. Sin idealizarlos y sin blindarlos.


Primero: ¿qué significa “cruzar líneas”?

No es ser gritón ni edgy. Es romper alguno de estos tabúes:

  1. Nombrar al capital como actor político

  2. Señalar élites con nombre y apellido

  3. Decir que el problema es el sistema, no la mala gestión

  4. Cuestionar la neutralidad de los medios

  5. Hablar de conflicto y no solo de consenso

Quien cruza una o varias de estas, paga precio.


MÉXICO 🇲🇽

🔴 Fabrizio Mejía Madrid

Línea que cruza:

  • Ridiculiza directamente a la élite cultural y mediática

  • Señala hipocresías liberales sin pedir perdón

Costo:

  • marginado del gran circuito mediático

  • etiquetado como “provocador”, “resentido”, “no serio”

No es invitado para “equilibrar mesas”.
Es demasiado incómodo.


🔴 Sabina Berman (cuando se sale del guion)

Línea que cruza:

  • critica abiertamente a empresarios

  • evidencia clasismo estructural

  • usa lenguaje moral, no técnico

Costo:

  • ataques constantes

  • intento de reducirla a “escritora metida en política”

  • tolerada solo porque es demasiado grande para borrarla

Cuando se modera, vuelve al centro.
Cuando muerde, la quieren fuera.


🔴 John Ackerman

Línea que cruza:

  • acusa directamente a medios y universidades

  • habla de captura institucional

Costo:

  • expulsión simbólica del “debate respetable”

  • caricaturizado como fanático

  • cancelado en espacios “serios”

No importa si a veces exagera: cruzó la frontera.


LATINOAMÉRICA 🌎

🔴 Raúl Zibechi

Línea que cruza:

  • niega que el cambio venga del Estado liberal

  • pone el foco en movimientos sociales

  • crítica al progresismo institucional

Costo:

  • invisibilizado en grandes medios

  • circula solo en espacios alternativos

Demasiado radical para El País.
Demasiado incómodo para la izquierda de salón.


🔴 Álvaro García Linera (cuando habla fuera del cargo)

Línea que cruza:

  • habla de lucha de clases sin eufemismos

  • critica al liberalismo como ideología dominante

Costo:

  • tratado como “ideólogo del pasado”

  • confinado a seminarios, no a portadas


GLOBAL 🌍

🔴 Noam Chomsky

Línea que cruza:

  • llama propaganda a los medios

  • nombra al imperialismo como estructura

Costo:

  • citado solo en lingüística

  • neutralizado políticamente en mainstream

Invitado… pero desactivado.


🔴 Thomas Piketty (cuando va demasiado lejos)

Línea que cruza:

  • propone redistribución real del capital

  • cuestiona la propiedad heredada

Costo:

  • lo reducen a “economista interesante”

  • sus propuestas políticas se silencian

Lo aman mientras sea diagnóstico.
Lo ignoran cuando propone acción.


El patrón (aquí está la clave)

A quien cruza líneas no se le censura brutalmente.
Se le aplica algo más eficaz:

  • se le quita micrófono

  • se le quita centralidad

  • se le quita respetabilidad

Y luego se dice:

“No es censura, es falta de rigor / polarización / ideología.”


Conclusión sin anestesia

El sistema tolera crítica,
pero no tolera señalamiento.

Tolera datos.
No tolera enemigos.

Tolera análisis.
No tolera conflicto.

Por eso:

  • Viridiana y Vanessa circulan

  • los otros orbitalmente existen

No porque sean más inteligentes,
sino porque no rompen el pacto implícito.

El efecto Pigmalión se conoce desde los años 60:
👉 las expectativas del docente influyen directamente en el rendimiento del alumno.
Si esperas más de alguien, le das más tiempo, más feedback, más paciencia… y esa persona suele rendir más. Si esperas poco, lo contrario.

Entonces, ¿por qué muchos profesores siguen volcándose en “los listos”?

1. Porque el sistema los empuja, aunque no quieran

Aulas saturadas, poco tiempo, presión por resultados, evaluaciones estandarizadas.
El profe, consciente o no, invierte donde ve “retorno” inmediato.
No es pedagogía: es gestión de sobrevivencia.

2. Porque confunden “inteligencia” con “facilidad”

Muchos alumnos “listos”:

  • preguntan bien,

  • responden rápido,

  • no incomodan,

  • validan al profesor.

Eso alimenta el ego docente.
El alumno que duda, se traba o va lento exige más trabajo emocional y cognitivo. Y ahí muchos se bajan.

3. Porque el clasismo se cuela por la puerta de atrás

Seamos honestos:
“Listo” muchas veces significa:

  • viene con capital cultural,

  • habla como adulto,

  • tiene apoyo en casa,

  • no llega con hambre ni miedo.

No es talento puro. Es ventaja acumulada.
Pero el aula la trata como “mérito natural”.

4. Porque enseñar al que va rezagado confronta al profesor

Ahí se juegan preguntas incómodas:

  • ¿y si no sé cómo ayudarlo?

  • ¿y si mi método no sirve?

  • ¿y si el problema no es el alumno sino la escuela?

Es más fácil decir “no da” que revisarse a uno mismo.

5. Porque saber del efecto Pigmalión no garantiza actuar contra él

Aquí está lo más duro:
Muchos sí lo conocen, pero el sesgo es humano.
El conocimiento teórico no elimina:

  • prejuicios,

  • cansancio,

  • favoritismos,

  • expectativas heredadas.

La educación no está llena de villanos; está llena de personas agotadas dentro de un modelo injusto.

Lo verdaderamente trágico

El alumno al que menos atención le dan suele ser el que más la necesita.
Y aprende una lección silenciosa:

“No soy digno de tiempo.”

Esa herida dura años.

Así que no, no es que “los profes sean malos”.
Es que la escuela sigue premiando el brillo temprano en lugar del potencial tardío.

Y ojo: muchas mentes profundas fueron alumnos “del montón” o “problema”.
La historia está llena de ellos.

Nombrar esto ya es una forma de resistirlo.

 La izquierda también tiene zoológico, árbol genealógico y fantasmas heredados.

¿Izquierda, progresismo, socialdemocracia, socialismo, comunismo:
especies distintas o el mismo primate con distintos manifiestos?

Respuesta corta: familia, no secta única.
Respuesta honesta: comparten impulso, no destino.
También tienen un ancestro común.
No peludo, pero sí hambriento.
El ancestro común 🦴
La experiencia de la desigualdad como injusticia.
No como mala suerte.
No como error técnico.
Como algo hecho por alguien.
La izquierda nace cuando alguien dice:
“esto no es natural”
y decide no tragárselo.
De ahí se abren las ramas.

Primera mutación: la izquierda moral
La más antigua y persistente.
No empieza en el Estado ni en el partido,
empieza en la conciencia.
Ve injusticia y dice: esto está mal.
A veces grita.
A veces escribe poemas.
A veces se queda en gesto.
Su límite:
confunde tener razón con tener poder.

El progresismo

La izquierda que aprendió a hablar institucional.
Quiere ampliar derechos, corregir exclusiones,
limar bordes, empujar la historia poquito a poquito.
Cree en el cambio,
pero sin romper nada demasiado caro.
Su pecado original:
pensar que el sistema se deja educar.

La socialdemocracia
La izquierda que hizo trato con el capitalismo:
yo no te tumbo si tú no me devoras.
Construyó Estado de bienestar,
derechos laborales, seguridad social,
y demostró que la desigualdad se puede reducir.
Su tragedia:
olvidar que el capital también negocia…
hasta que gana.

El socialismo
La izquierda que no quiere parches.
Quiere estructura.
No solo salarios mejores,
sino quién manda, quién decide, quién posee.
Sueña con democracia económica,
aunque a veces la sueña con demasiada certeza
y poca paciencia.
Cuando se vuelve dogma,
deja de liberar y empieza a ordenar.

El comunismo

La izquierda escatológica.
La promesa del después.
No propiedad privada de los medios de producción.
No clases.
No Estado (algún día).
Es menos un programa inmediato
y más una horizonte moral.
Su problema histórico:
el camino al cielo suele pavimentarse
con burócratas.

El radicalismo (la rama impaciente)
La izquierda que no cree en la espera.
Ve violencia estructural
y responde con ruptura.
A veces acierta en el diagnóstico.
A veces confunde prisa con claridad.
La historia muestra que puede abrir grietas…
o cerrarlas con plomo.
El ADN compartido 🧬
Todas estas izquierdas comparten:
La idea de que la desigualdad es política
La sospecha hacia el poder concentrado
La intuición de que la libertad sin igualdad es hueca
La fe —a veces ingenua— en la capacidad humana de organizarse mejor
Lo que cambia no es el impulso,
sino la estrategia, el ritmo y la imaginación del poder.

Epílogo: la familia que se pelea
La izquierda discute más que gobierna.
Se fragmenta, se acusa, se excomulga.
Pero cuando el mundo se vuelve intolerable,
cuando el mercado muerde sin bozal,
cuando el orden se presenta como destino,
todas recuerdan
por qué nacieron.
No para administrar lo dado,
sino para demostrar
que lo dado no es sagrado.

El primate original no cuidaba fuego.
Tenía hambre.
Y entendió que solo,
no salía de la cueva. 

 “Es falso cuando dicen que abrir la economía destruye empleo, o sea van a entrar más productos y se van a PERDER puestos de trabajo, SI, pero así van a gastar menos” 



1. Lo que afirma Milei

Milei sostiene que abrir la economía no destruye empleo, sino que la entrada de más productos implica cierta pérdida de puestos de trabajo, pero el beneficio es que los consumidores gastan menos. En otras palabras: dice que la competencia externa baja precios y que ese efecto positivo para los consumidores compensa o justifica las pérdidas de empleo en ciertos sectores.

En términos económicos, es un argumento clásico de libre comercio y eficiencia del mercado: la apertura genera consumidores más satisfechos y productos más baratos, pero a costa de que algunas industrias locales no competitivas puedan desaparecer.


2. Análisis crítico

a) Suposición implícita sobre el empleo

  • Milei asume que la pérdida de empleo se compensa automáticamente con el ahorro de los consumidores.

  • Crítica: no hay garantía de que los empleos perdidos se reconviertan en otros sectores. Si una fábrica cierra, el obrero no necesariamente va a encontrar otro trabajo inmediatamente; puede haber desempleo temporal o estructural.

  • Además, el argumento ignora que los empleos perdidos suelen ser en sectores de producción de bienes esenciales (textiles, alimentos locales, industria básica), que afectan directamente a la estabilidad económica de ciertas regiones.

b) Efecto sobre la distribución del ingreso

  • Milei habla de consumidores que “gastan menos”, pero no todos son consumidores por igual. Los sectores más pobres podrían ver precios más bajos, sí, pero los sectores que dependen de la industria local para su empleo sufrirían más.

  • Esto genera un efecto regresivo: los beneficios del ahorro en productos importados pueden concentrarse en quienes ya tienen poder adquisitivo, mientras que los trabajadores desplazados pierden aún más.

**c) Falta de consideración del costo social

  • Milei no menciona los costos sociales y económicos del desempleo, como la pérdida de habilidades, el aumento de la informalidad, o el impacto en la economía local.

  • El argumento asume que el mercado se ajusta solo, algo que históricamente no siempre sucede: países que abren sus economías sin políticas de reconversión sufren desindustrialización y pobreza regional (casos de México en los 90, Argentina en los 90).

d) Reduccionismo económico

  • La frase es un clásico reducto liberal extremo: reduce toda la economía a consumidores y precios. Olvida que la economía también tiene estructuras sociales, territoriales y políticas que no se ajustan automáticamente a las reglas del mercado.

  • Es una mirada muy neoliberal: el beneficio económico teórico del consumidor se pone por encima de la seguridad laboral y la sostenibilidad industrial.


3. Conclusión crítica

Milei simplifica la complejidad económica: abrir la economía puede bajar precios, sí, pero no es correcto decir que no destruye empleo ni que el ahorro en consumo compense automáticamente las pérdidas laborales. Su frase es un argumento ideológico disfrazado de análisis económico, útil políticamente para promover el libre comercio sin políticas de protección o reconversión.

En otras palabras: lo que dice Milei tiene un núcleo de verdad (precios más bajos), pero ignora las consecuencias sociales y estructurales reales.

 La Ley Seca: cuando la virtud se volvió mafia

Hubo un tiempo en que el Estado estadounidense decidió que el problema del alcohol no era social, económico ni cultural, sino moral. Beber no era solo dañino: era inmoral. Y como toda inmoralidad, había que erradicarla por decreto.

Así nació la Ley Seca (1920–1933), uno de los experimentos más claros —y más catastróficos— de lo que ocurre cuando una moral privada se transforma en ley pública.


1. Contexto histórico

A finales del siglo XIX y principios del XX, Estados Unidos vivía una fuerte influencia del puritanismo protestante. Iglesias, asociaciones de mujeres cristianas y movimientos de "templanza" afirmaban que el alcohol era la raíz de la pobreza, la violencia doméstica y la degradación moral.

El discurso era simple, cómodo y falso: si eliminamos el alcohol, salvamos a la sociedad.

No se habló de condiciones laborales inhumanas, ni de desigualdad, ni de alienación urbana. El culpable era una botella.


2. La moral invocada

La moral que se convirtió en ley fue la moral de una clase media blanca, religiosa y convencida de que su forma de vivir debía ser universal.

Beber no era un problema de salud pública: era un pecado. Y como todo pecado, merecía castigo.

Aquí aparece el primer error estructural: confundir virtud con obediencia.


3. La prohibición

La Enmienda 18 y la Ley Volstead prohibieron la producción, venta y transporte de alcohol. No se reguló, no se controló, no se educó: se prohibió.

El Estado asumió que podía borrar una práctica cultural milenaria con un papel firmado.


4. ¿A quién beneficiaba realmente?

Paradójicamente, no a los defensores de la moral.

Los grandes beneficiados fueron:

  • Mafias y crimen organizado

  • Funcionarios corruptos

  • Redes clandestinas de distribución

Al Capone no nació criminal: la ley lo creó empresario.

Cuando el Estado se retira de un mercado real, alguien lo ocupa. Y no suele hacerlo con ética.


5. ¿A quién castigaba?

  • A los trabajadores

  • A los pobres

  • A los consumidores comunes

Los ricos seguían bebiendo en clubes privados. Los pobres iban a prisión.

La moral, una vez más, fue selectiva.


6. Consecuencias reales

  • Explosión del crimen organizado

  • Violencia urbana

  • Corrupción policial y judicial

  • Desprestigio de la ley

La gente no dejó de beber. Dejó de respetar al Estado.

Cuando la ley se percibe como absurda, se rompe algo más profundo que la norma: se rompe la legitimidad.


7. Lección política

La Ley Seca demostró algo incómodo para los moralistas:

Prohibir un comportamiento no lo elimina; lo traslada al subsuelo, donde se vuelve más peligroso.

La virtud no se impone. La ética no se decreta. Y cuando el Estado intenta legislar la moral, termina fabricando criminales donde antes había ciudadanos.

La Ley Seca no fracasó por falta de fuerza, sino por exceso de soberbia.

Creyó que podía salvar a la sociedad a golpes de decreto.

Y solo consiguió una cosa: convertir la virtud en negocio y la ley en burla.

miércoles, 11 de febrero de 2026

 Parte de los poscomunistas de Alemania Oriental se han olvidado de los empresarios y banqueros que llevaron a Hitler al poder y solo expresan su ira contra los subsaharianos que huyen de las guerras y de la miseria creada, de nuevo, por empresarios y banqueros. Cientos de miles de cristianos que van a misa los siete días de la semana dejan ahogarse a inmigrantes en el Mediterráneo. Evangelistas neopentecostales rezan con una mano y con la otra votan a fascistas que añoran la dictadura brasileña. Un mundo más impredecible, sin pistas, alimenta el miedo. La izquierda no puede avanzar si no entiende esos miedos y los conjura (es una inmoralidad echar la culpa a los inmigrantes y es una ingenuidad no entender que hay que controlar democráticamente las fronteras). En un mundo confuso, las mayorías perplejas van a buscar a quién echarle la culpa de su miedo o de su precariedad, y si no aciertan en señalar a los verdaderos culpables —banqueros, grandes corporaciones, políticos sin valores—, buscarán a los sospechosos habituales —inmigrantes, izquierdistas y sindicalistas, judíos, árabes, mujeres—. La crisis-estafa de 2007 robó los ahorros de millones de personas en el mundo y ningún responsable entró en la cárcel. En España, el PP hizo ministro de Economía a Luis de Guindos, responsable para Europa de Goldman Sachs cuando la entidad financiera ayudó a la derecha en Grecia a falsear las cuentas para que entrara en el euro. También en el PP, el ministro Montoro promulgó una amnistía fiscal que fue declarada inconstitucional por el Tribunal Constitucional. Nadie ha devuelto el dinero. Si encarcelan a alguien que roba para comer, ¿no deberían estar estas piezas esenciales en el engranaje del robo a gran escala en la cárcel? 

Juan Carlos monedero