jueves, 12 de febrero de 2026

 


La caída de la natalidad en Europa no es un capricho juvenil ni una “moda woke”. Es un fenómeno que aparece sistemáticamente cuando se combinan:

  • Urbanización alta

  • Educación prolongada

  • Incorporación masiva de la mujer al mercado laboral

  • Vivienda cara

  • Inseguridad laboral

  • Cultura individualista

No es que la gente “no quiera hijos”. Es que el cálculo costo–beneficio cambió radicalmente.


1️⃣ Análisis psicológico

Desde la psicología individual, la decisión de tener hijos depende de tres cosas clave:

1. Seguridad percibida.
El cerebro humano no toma decisiones reproductivas en vacío. Si el entorno se percibe incierto —empleos temporales, alquileres imposibles, cambio climático, guerras mediáticas constantes— el sistema nervioso interpreta riesgo.

Y cuando el entorno se percibe como inestable, el impulso reproductivo se pospone.

No por egoísmo. Por autoprotección.

2. Identidad y proyecto vital.
En sociedades tradicionales, la identidad adulta incluía matrimonio e hijos casi automáticamente. Hoy la identidad se construye en torno a:

  • Autodesarrollo

  • Carrera profesional

  • Viajes

  • Experiencias

  • Libertad

Tener hijos dejó de ser destino inevitable y se convirtió en opción reflexiva.

Eso cambia todo.

3. Carga mental femenina.
Aunque los discursos de igualdad han avanzado, la realidad doméstica muchas veces no. Muchas mujeres saben que “tener hijos” significa cargar con una doble jornada. Eso pesa psicológicamente.

Una carta presidencial no cambia eso.


2️⃣ Análisis antropológico

Aquí se pone interesante.

En sociedades agrícolas, los hijos eran fuerza productiva y seguro para la vejez.

En sociedades industriales tempranas, eran mano de obra y continuidad familiar.

En sociedades postindustriales, los hijos:

  • No producen ingresos

  • Son una inversión altísima

  • Compiten con el proyecto individual

Es un cambio civilizatorio.

Además, Occidente pasó de culturas comunitarias a culturas hiperindividualistas. Cuando el valor supremo es la autonomía personal, la natalidad cae.

No es casualidad.
Es coherente con el modelo cultural.


3️⃣ El gesto de la carta: análisis simbólico

Aquí está lo más fascinante.

Una carta presidencial apelando a que “no se arrepientan” es un recurso moral, no estructural.

Psicológicamente transmite:

  • “Es tu responsabilidad.”

  • “El problema es tu decisión personal.”

  • “Te estás equivocando.”

Pero la gente no está evitando hijos por ignorancia.

Está haciendo cálculos racionales en un entorno costoso.

La carta funciona como gesto simbólico, casi paternal. Tiene un aire de:

“Queridos jóvenes, están pensando mal su vida.”

Eso genera rechazo porque invisibiliza las condiciones materiales.


4️⃣ ¿Es ridículo?

No necesariamente ridículo. Pero sí insuficiente.

Muchos países han probado políticas natalistas:

  • Cheques por hijo

  • Deducciones fiscales

  • Guarderías públicas

  • Permisos parentales largos

¿Sabes qué muestran los datos en general?
Que las ayudas económicas alivian un poco, pero no revierten completamente la tendencia.

Porque el problema es más profundo: es cultural y estructural.


5️⃣ El conflicto real: modelo económico vs biología

Aquí viene la tensión más interesante.

El modelo económico necesita crecimiento demográfico para sostener:

  • Sistemas de pensiones

  • Consumo

  • Mercado laboral

Pero el mismo modelo económico produce:

  • Precariedad

  • Individualismo

  • Vida urbana cara

  • Competencia permanente

El sistema que necesita hijos es el mismo que dificulta tenerlos.

Es una paradoja estructural.


6️⃣ ¿Estamos condenados?

No necesariamente. Pero sí estamos en transición.

Hay varias salidas posibles:

  • Ajustar sistemas económicos a poblaciones envejecidas.

  • Aumentar inmigración.

  • Reestructurar pensiones.

  • Redefinir qué significa prosperidad sin crecimiento demográfico infinito.

El problema es que muchos gobiernos siguen pensando con lógica del siglo XX.


7️⃣ Reflexión más profunda

esto toca algo clave: la dignidad material.

La gente no necesita sermones.
Necesita estabilidad.

Cuando se habla de dignidad en el trabajo o de salarios justos, se está tocando la raíz: seguridad.

Sin seguridad no hay proyecto familiar.

Sin proyecto familiar no hay natalidad.

 

El tuit tiene tres capas retóricas claras:

  1. Ironía moralizante (“qué curioso”).

  2. Reencuadre del concepto de desastre (no fue huracán, fue comunismo).

  3. Causalidad totalizante (el comunismo es el desastre que explica todo).

Eso funciona muy bien como consigna política. Pero como análisis serio… es otra cosa.


1️⃣ Simplificación extrema

Decir que “Cuba está devastada por el comunismo” es una explicación monocausal.
Los problemas estructurales de Cuba tienen múltiples factores:

  • El modelo económico centralizado y rígido.

  • Ineficiencias productivas internas.

  • Restricciones severas a libertades políticas.

  • El embargo/bloqueo de EE.UU. (que sí impacta comercio, financiamiento y acceso a mercados).

  • Dependencia histórica de potencias (primero la URSS, luego Venezuela).

  • Mala gestión estatal en distintas etapas.

Reducirlo todo a “fue el comunismo” es políticamente eficaz, pero intelectualmente pobre.


2️⃣ El uso del “comunismo” como categoría moral

En ese tuit, “comunismo” no se usa como concepto económico preciso, sino como etiqueta simbólica de “fracaso total”. Es una palabra-cápsula.

Pero aquí hay que ser rigurosos:

  • Cuba no es una economía comunista pura (Marx imaginaba abolición del Estado; Cuba es un Estado hipercentralizado).

  • Es un régimen de partido único con economía planificada y recientemente con apertura parcial al sector privado.

  • Su sistema se parece más a un modelo autoritario socialista que al comunismo teórico.

Entonces el debate real debería ser:
¿El modelo político-económico cubano ha sido ineficiente y restrictivo?
Sí. Hay evidencia fuerte de ello.

Pero decir “el comunismo destruyó Cuba” evita analizar:

  • El contexto geopolítico.

  • Las sanciones.

  • Las decisiones concretas de política económica.

  • La responsabilidad de élites gobernantes específicas.

Es un eslogan, no un diagnóstico.


3️⃣ La pregunta implícita sobre la ayuda humanitaria

El tuit sugiere algo más profundo:
“Si el problema es ideológico, ¿tiene sentido ayudar?”

Aquí entramos a un punto ético.

Cuando se envía ayuda humanitaria, no se ayuda a un sistema político.
Se ayuda a personas.

Si mañana hubiera escasez severa en un país con un modelo capitalista fallido, ¿diríamos que no se debe ayudar porque “el capitalismo lo causó”?

La ayuda humanitaria suele tener lógica diplomática y humanitaria, no ideológica.


4️⃣ El subtexto político mexicano

El mensaje no es realmente sobre Cuba.
Es sobre México.

La intención es asociar simbólicamente a Sheinbaum con “el desastre comunista”.
Es una estrategia de advertencia: “Miren hacia dónde vamos”.

Es retórica preventiva.
No análisis económico.


5️⃣ Ahora, con honestidad brutal

¿El modelo cubano ha generado pobreza y estancamiento?
Sí, en gran medida.

¿El régimen ha limitado libertades políticas?
Sí.

¿Se puede atribuir absolutamente todo al “comunismo”?
No, eso es intelectualmente flojo.

¿Es legítimo criticar el sistema cubano?
Claro.

¿Es válido usar la miseria de un pueblo como arma retórica?
Eso ya entra en terreno ético.


6️⃣ Algo más profundo

Cuando se culpa a una ideología completa de un desastre nacional, se hace lo mismo que muchos hacen con el capitalismo cuando hablan de Haití o de crisis africanas.

El mundo real es más complejo que nuestras etiquetas favoritas.

Y sabemos que la explicación monocausal suele ser una trampa mental cómoda.


 Los “capitanes de la industria” no nacieron con uniforme ni sable. Nacieron con contabilidad, acero y ferrocarriles. Y con una épica muy bien narrada… por ellos mismos.

El bautizo del término
La expresión aparece en el siglo XIX, heredada del lenguaje militar. Si había generales que ganaban guerras, también —decían— había empresarios que ganaban el progreso. Construían fábricas, movían trenes, levantaban ciudades. 
Sonaba heroico. 
Sonaba inevitable. 
Sonaba… conveniente.

El escenario
Estados Unidos, segunda mitad del siglo XIX.
Industrialización a toda máquina, sindicatos gateando, leyes laborales en pañales. 
El capitalismo aún sin correa. Un buffet libre.
Los protagonistas (los de siempre)
Andrew Carnegie — acero, bibliotecas y la idea de que primero hay que exprimir y luego donar.
John D. Rockefeller — petróleo, monopolios y una eficiencia que rozaba lo teológico.
J. P. Morgan — finanzas, fusiones y rescates privados antes de que existiera la palabra “bailout”.
Cornelius Vanderbilt — barcos, trenes y la delicadeza de una locomotora sin frenos.

El relato oficial
Según la leyenda:
visionarios audaces, hombres hechos a sí mismos, motores del bienestar general.
El progreso tenía nombre propio y cuenta bancaria.

El reverso del tapiz
Pero otros los llamaron “barones ladrones” (robber barons).
¿Por qué?
Monopolios que estrangulaban mercados
Jornadas laborales brutales
Salarios de subsistencia
Sindicatos aplastados como latas vacías
El mismo puño que “construía nación” apretaba gargantas.

El truco retórico
“Capitán de la industria” es una operación estética del lenguaje.
No describe: absuelve.
No analiza: heroíza.
Convierte acumulación en liderazgo y poder en mérito.

El giro del siglo XX
Con el New Deal, las leyes antimonopolio y el Estado regulador, la figura pierde brillo. El capital ya no manda solo: ahora tiene árbitro. El capitán baja del puente… o al menos finge obedecer al radar.

Epílogo, con eco contemporáneo

Hoy el término vuelve, disfrazado de CEO visionario, emprendedor disruptivo, genio del garaje. 
Cambió el decorado, no el guion.
El mercado sigue escribiendo epopeyas.
La pregunta es: ¿quién paga la impresión?

 La Guerra de Secesión no empezó principalmente para abolir la esclavitud.

Pero terminó haciéndolo. Y de forma irreversible.
Vamos por partes, que la historia es una cebolla que hace llorar .

 ¿Por qué empezó la Guerra de Secesión?
La causa inmediata:
👉 La secesión de los estados del Sur tras la elección de Abraham Lincoln en 1860.
La causa profunda (la madre de todas):
👉 La esclavitud.
No como abstracción moral, sino como sistema económico, social y político.
El Sur no se fue de la Unión por amor a la poesía local, sino porque:
Su economía dependía del trabajo esclavo.
Temía que el Norte limitara o acabara con la esclavitud.
Defendía la “soberanía de los estados” solo cuando servía para proteger la esclavitud.
Dicho sin maquillaje:
la secesión fue para salvar la esclavitud.
 ¿Y el Norte? ¿Peleaba para liberar esclavos?
Al inicio: no exactamente.

El objetivo oficial de Lincoln en 1861 era:  preservar la Unión, no abolir la esclavitud donde ya existía.
Lincoln mismo lo dijo sin rubor:
Si podía salvar la Unión sin liberar a un solo esclavo, lo haría.
Pragmatismo puro. Política en traje gris.

 ¿Cuándo entra la abolición al centro del escenario?
En plena guerra.
La guerra radicaliza todo:
Los esclavos huyen al Norte y al ejército unionista.
La esclavitud se vuelve un problema militar y moral.
El Norte entiende que no se puede derrotar al Sur sin destruir su base económica.
Resultado: 👉 Proclamación de Emancipación (1863)
👉 Decimotercera Enmienda (1865): abolición constitucional de la esclavitud.
La guerra no nació abolicionista,
pero murió siéndolo.

 Entonces, en una frase honesta:
El Sur luchó para preservar la esclavitud.
El Norte luchó primero para preservar la Unión.
La guerra terminó absolviendo la esclavitud.
La historia no es una fábula moral; es una tragedia que aprende tarde.

O, dicho poéticamente:

La Unión entró por la puerta del orden
y salió, ensangrentada, por la de la justicia.

🎩 Abraham Lincoln
¿Abolicionista de corazón… o político empujado por la historia?
Respuesta corta (con malicia):
Lincoln no nació abolicionista radical.
Se volvió uno porque la realidad le cerró las salidas.
La historia no lo encontró puro; lo pulió a golpes.

 Lincoln joven: moralmente incómodo, políticamente cauteloso
Lincoln detestaba la esclavitud, pero:
No creía en la igualdad racial plena.
No defendía el voto negro.
No promovía abolir la esclavitud donde ya existía.
Su postura inicial era esta:
“La esclavitud es moralmente mala,
pero la Constitución la tolera
y yo no soy un profeta, soy un presidente.”
Traducción:
odio el incendio, pero primero salvo la casa.
🏛️ Lincoln presidente: el ajedrecista

En 1861 su prioridad era una sola:  Que la Unión no se rompiera.
Si hablaba como abolicionista:
Perdía a los estados esclavistas leales (Kentucky, Missouri).
Arriesgaba la guerra desde el día uno.
Convertía el conflicto en cruzada moral… sin ejército suficiente.
Lincoln sabía algo básico:
Las buenas causas pierden si llegan demasiado pronto.

 La guerra lo empuja (y él se deja empujar)
La Guerra de Secesión no solo mató hombres,
mató ambigüedades.
Pasan tres cosas clave:
Miles de esclavos huyen hacia las líneas del Norte.
El Sur usa la esclavitud como motor económico de guerra.
Abolicionistas y soldados negros presionan sin descanso.
Aquí entra una figura crucial:
✊ Frederick Douglass
Douglass empuja a Lincoln sin piedad moral:
Le exige coherencia.
Le recuerda que una guerra “neutral” es una mentira.
Lo convence de que sin emancipación, no hay victoria duradera.
Lincoln escucha. Aprende. Cambia.
Eso no es debilidad:
es grandeza política rara.
📜 1863: Lincoln cruza el Rubicón
La Proclamación de Emancipación no fue solo ética:
Golpeó al Sur donde más dolía.
Impidió que Europa apoyara a la Confederación.
Permitió reclutar soldados negros.
Fue un acto:
Moral ✨
Estratégico ♟️
Revolucionario 💥

Desde ahí, no hubo marcha atrás.
⚖️ El Lincoln final: más grande que el inicial
Hacia el final de la guerra:
Apoya el voto negro (al menos para veteranos).
Empuja la Decimotercera Enmienda.
Habla ya no solo de Unión, sino de justicia.
La historia lo estira,
y él crece dentro de ella, en vez de romperse.
🩶 Veredicto sin incienso
❌ No fue un abolicionista puro desde el inicio.
✅ Sí fue un político que permitió que la moral lo alcanzara.
⭐ Y eso, paradójicamente, lo hace más admirable.
Porque los santos no gobiernan.
Gobiernan los que aprenden bajo fuego.

 Desde Hobbes a los neoconservadores, pasando por los esclavistas, la derecha se ha vuelto cada vez más consciente de que cualquier defensa exitosa del viejo régimen debe incorporar a las clases bajas como algo más que meros lacayos o seguidores deslumbrados. Las masas deben ser capaces de ubicarse simbólicamente en la clase dominante o recibir oportunidades reales para convertirse en falsos aristócratas

Corey Robin

Corey Robin está diciendo —sin anestesia y con bisturí fino— algo así:
La derecha aprendió una lección incómoda: no se puede gobernar eternamente solo a punta de palo.
El viejo régimen (jerarquías rígidas, privilegios heredados, obediencia vertical) necesita algo más sofisticado que lacayos resignados. 
Necesita cómplices simbólicos.
De Thomas Hobbes a hoy
Con Hobbes, el orden se justifica por el miedo:
obedece o vuelve la guerra de todos contra todos.
Pero el miedo solo alcanza para sobrevivir, no para amar al amo.
Con el tiempo —esclavismo incluido— la derecha descubre que el dominio más eficaz no es solo coerción, sino identificación:
que el dominado se vea reflejado en el dominante,
que sienta que “algún día podría estar ahí”,
o, al menos, que imagine que ya pertenece.

El truco maestro: aristocracia portátil
Aquí entra el corazón del argumento de Corey Robin:
Las clases bajas ya no son tratadas solo como sirvientes, sino como aspirantes.
No se les promete igualdad real (Dios nos libre),
pero sí estatus imaginario:
pequeño propietario,
consumidor distinguido,
emprendedor heroico,
guardián de la nación,
“clase media” aunque viva ahogada.
Son falsos aristócratas:
no mandan,
no deciden,
pero defienden con pasión un orden que nunca los dejará entrar al salón principal.

La derecha moderna ya no dice “obedece”, dice:
“Esto también es tuyo… si no fuera por esos otros.”
El enemigo deja de ser el señor feudal y pasa a ser:
el pobre más pobre,
el migrante,
el disidente,
el igual que exige igualdad.
Así, el resentimiento se canaliza hacia abajo, nunca hacia arriba.
La pirámide se mantiene intacta; solo se reparte mejor el espejo.

En una frase brutal
La derecha entendió que es mejor gobernar con sueños jerárquicos que con cadenas.
Y que nada es más estable que una multitud defendiendo privilegios que no posee,
pero espera heredar… algún día… cuando el mundo vuelva a “ponerse en orden”.

Poesía negra del poder:
no te doy el trono,
pero te dejo besar la corona.

 En Japón, los trabajadores de limpieza suelen llevar uniforme limpio, guantes adecuados, a veces incluso equipo reflectante bien diseñado. No es solo estética. Es mensaje cultural: “Tu trabajo es valioso. Eres parte del orden colectivo.”

En México la situación es más desigual. En algunos municipios sí hay uniforme y equipo; en otros, el trabajador lleva su propia ropa, a veces sin protección suficiente. ¿Por qué?

  1. Prioridad presupuestal y corrupción.
    Muchas alcaldías simplemente no asignan recursos suficientes o los desvían. Lo básico (equipo, seguridad) se vuelve secundario frente a gasto político.

  2. Cultura de jerarquía social.
    En Japón hay una fuerte ética colectiva donde el trabajo manual no se desprecia del mismo modo. En México persiste un clasismo histórico: trabajos “de calle” son vistos como inferiores. Y eso influye en cuánto se invierte en dignificarlos.

  3. Institucionalidad.
    Japón tiene estructuras administrativas muy disciplinadas y continuidad en políticas públicas. En México, cada cambio de gobierno reinicia prioridades.

  4. Percepción del orden público.
    En Japón la limpieza es parte del orgullo nacional. En México muchas veces la limpieza se ve como reacción al caos, no como símbolo de identidad.

Ahora, lo más interesante:

Ver otra realidad amplía el estándar interno. 

Y sí, el uniforme no es solo tela. Es mensaje simbólico:

  • Te reconozco.

  • Te protejo.

  • Te represento.

  • Tu trabajo importa.

La dignidad también es visual.

El uniforme ayuda, pero lo esencial es condiciones laborales justas, salario digno y seguridad social. El uniforme sin derechos es maquillaje. El uniforme con derechos es respeto.

Los recolectores de basura son los guardianes silenciosos del ecosistema urbano. Sin ellos, la ciudad colapsa. Son invisibles, pero sostienen la vida cotidiana.

 “Todo lo sólido se desvanece en el aire.”

Una frase con vocación de dinamita poética: parece susurrada por un fantasma, pero la escribió la historia con tinta bien material.
Nace en 1848, en El Manifiesto Comunista, firmado por Karl Marx y Friedrich Engels. Allí no es metáfora decorativa: es diagnóstico clínico. Marx observa al capitalismo como un hechicero hiperactivo que crea y destruye sin parar. Tradiciones, jerarquías, oficios, creencias, seguridades… todo lo que parecía firme, eterno, “natural”, se evapora bajo la lógica del mercado. 
El mundo deja de ser catedral y se vuelve obra en construcción permanente. 
Polvo, andamios, ruido.
Décadas después, la frase renace con brillo propio gracias a Marshall Berman, quien la convierte en título de su libro Todo lo sólido se desvanece en el aire (1982). 
Berman hace algo audaz: toma la crítica marxista y la vuelve experiencia existencial. 
La modernidad ya no es solo economía; es vértigo cotidiano. 
Vivir moderno es amar lo nuevo mientras se nos cae el piso. Es progreso con resaca.
Para Marx, la frase es acusación: el capital destruye todo vínculo que no genere ganancia.
Para Berman, es ambivalencia: duele, sí, pero también libera. Se rompen cadenas… aunque no sabemos bien qué hacer con los eslabones rotos.
En resumen:
Es una autopsia del mundo moderno.
Una elegía por lo perdido y una celebración peligrosa de lo posible.
Un verso que dice: nada es para siempre, excepto el cambio… y ni eso se queda quieto.
Todo lo sólido se desvanece en el aire.
Y nosotros, pobres bípedos modernos, aprendemos a respirar en medio del polvo. 

 

1. Diario El País no es “ultra conservador” clásico

No es ABC ni El Mundo.
El País es liberal–progresista en lo cultural y muy conservador en lo económico.
Eso es clave.

Puede tolerar:

  • feminismo no anticapitalista

  • crítica al racismo sin tocar estructuras

  • datos duros sobre desigualdad sin cuestionar el modelo

Pero no tolera:

  • cuestionar la propiedad concentrada

  • criticar el poder corporativo

  • señalar al liberalismo económico como problema

Viridiana Ríos y Vanessa Romero entran justo en el perímetro aceptable.


2. Las invitan para delimitar la crítica, no para ampliarla

Esto es fino, pero importante.

Al invitar voces “de izquierda”:

  • El País puede decir: “somos plurales”

  • reduce la necesidad de invitar a voces realmente disruptivas

  • convierte la crítica en algo presentable, técnica, civilizada

Es una izquierda con corbata editorial:

  • crítica, pero razonable

  • incómoda, pero no peligrosa

  • indignada, pero educada

Eso desactiva la posibilidad de una crítica más radical sin censurarla abiertamente.


3. ¿Las llevan “al lado oscuro”? No… pero hay fricción

No es una cooptación vulgar tipo:

“vente, traiciona tus ideas”

Es más sutil:

  • el marco lo pone El País

  • los temas tienen límite

  • el lenguaje se modera

  • la conclusión nunca puede ser sistémica

Si te sales del marco, simplemente:

  • te publican menos

  • te colocan como “opinión” marginal

  • o dejan de llamarte

No hay censura: hay curaduría ideológica.


4. ¿Y por qué ellas aceptan? (sin demonizarlas)

Aquí hay que ser honestos.

Aceptar ese espacio:

  • amplifica su voz

  • llega a públicos que no las leerían

  • permite meter datos incómodos dentro del mainstream

Eso no es traición automática.
El problema aparece cuando:

  • el medio se beneficia más de tu pluralismo

  • que tú de su plataforma

Es una relación asimétrica, no un pacto con el diablo.


5. El truco mayor: la izquierda “responsable”

El País ama a la izquierda que:

  • habla de desigualdad

  • pero no de expropiación

  • critica gobiernos

  • pero no al capital financiero

  • exige ética

  • pero no conflicto

Eso les permite decir:

“el problema no es el sistema, son los malos gestores”

Y listo. El orden queda intacto.


Conclusión brutal, camaradas

El País no las invita para iluminarse.
Las invita para vacunarse.

Una dosis controlada de izquierda:

  • legitima al medio

  • domestica la crítica

  • y mantiene el centro ideológico donde siempre ha estado

No es el “lado oscuro”.
Es el salón bien iluminado donde la revolución no puede entrar con botas.

 Hagamos análisis fino, no abstracto. Vamos a tomar el patrón típico de una columna de Viridiana Ríos en El País (el mecanismo es casi calcado con Vanessa Romero), y lo diseccionaremos en capas. No es ataque personal: es anatomía del medio.


1. Capa visible: datos duros, tono técnico

Lo primero que salta es esto:

  • gráficos

  • cifras del INEGI, OCDE, Banco Mundial

  • lenguaje de politóloga/analista (“correlación”, “impacto”, “evidencia”)

Ejemplo típico:

“La evidencia muestra que la desigualdad en México no se explica solo por corrupción, sino por un diseño fiscal regresivo.”

✔️ Esto es cierto
✔️ Esto incomoda
✔️ Esto parece radical

Pero ojo: aquí empieza el truco.


2. Marco invisible: el problema es mal diseño, no poder

La crítica nunca se formula así:

“La élite económica captura al Estado y bloquea cualquier redistribución real.”

Se formula así:

“Las políticas públicas no han logrado corregir las distorsiones del mercado.”

Traducción:

  • no hay clase dominante

  • no hay conflicto estructural

  • hay errores, ineficiencias, fallas técnicas

Eso convierte un problema político en un problema administrativo.

Y a El País eso le encanta.


3. El límite sagrado: no tocar al capital como sujeto político

Notarás tres ausencias sistemáticas:

❌ No aparecen empresarios con nombre y apellido
❌ No aparece el sistema financiero como actor
❌ No aparece la acumulación como violencia

El villano es difuso:

  • “el sistema”

  • “las reglas”

  • “el modelo actual”

Nunca:

  • Slim

  • BlackRock

  • las Afores

  • los fondos buitres

  • el poder mediático mismo

Eso no es casual: es la frontera editorial.


4. La conclusión siempre es reformista (aunque suene dura)

Final típico:

“México necesita una reforma fiscal progresiva, instituciones más fuertes y políticas basadas en evidencia.”

¿Ves lo que no aparece?

  • conflicto social

  • ruptura

  • presión desde abajo

  • organización popular

  • desobediencia

La solución siempre es:
🧠 racional
📊 técnica
🏛️ institucional

Es una izquierda sin calle, sin rabia, sin amenaza.


5. ¿Qué gana El País con esto?

Muchísimo.

Puede decir:

  • “publicamos voces críticas”

  • “no somos conservadores”

  • “somos progresistas”

Pero el lector sale pensando:

“El sistema funciona mal, pero puede arreglarse sin tocar sus bases.”

Eso es hegemonía cultural, no pluralismo.


6. El punto clave (el más incómodo)

Viridiana no está mintiendo.
Vanessa no está engañando.

El problema no es lo que dicen.
Es lo que el medio permite que se diga.

Ellas operan dentro de un perímetro invisible:

  • puedes empujar

  • pero no derribar

  • puedes criticar

  • pero no señalar al amo

Y ese perímetro lo marca El País, no ellas.


Conclusión sin anestesia

El País usa a estas voces como izquierda higienizada:

  • limpia la crítica

  • la vuelve consumible

  • la desactiva políticamente

No es “lado oscuro”.
Es la vitrina donde la disidencia se vuelve respetable…
y por eso mismo, inofensiva.




1. ¿“Progre buenaondita”?

En el sentido vulgar de Twitter: no.
No son influencers del arcoíris ni moralistas de consigna.

Pero encajan en lo que podríamos llamar:

progresismo institucionalmente aceptable

Es decir:

  • progresismo sin antagonismo

  • crítica sin enemigo claro

  • justicia social sin conflicto social

No dicen barbaridades, no son superficiales.
Pero tampoco empujan hasta donde duele.

Así que: no son “progre light”, pero sí son “progre compatible con el sistema”.


2. ¿Se autocensuran?

Aquí hay que ser precisos.

🔴 No es autocensura por miedo
🔴 No es traición consciente

Es autocontrol estratégico.

Saben perfectamente que:

  • si cruzan ciertos límites, el espacio desaparece

  • hay temas que no entran en El País

  • hay tonos que se castigan sin decirlo

Entonces ajustan:

  • lenguaje

  • énfasis

  • conclusiones

No se callan todo: dosifican.

Eso no es cobardía, pero sí es una renuncia parcial al conflicto.


3. ¿No son combativas, sino analíticas e intelectuales?

Aquí está el punto más justo.

👉 Sí: son analíticas e intelectuales por convicción, no solo por contexto.

Su forma de intervención es:

  • datos

  • papers

  • evidencia

  • explicación estructural suave

No vienen de la tradición:

  • sindical

  • militante

  • popular

  • callejera

Vienen de la academia, think tanks, análisis de políticas públicas.

Su “combate” es:
🧠 en el discurso
📊 en la narrativa
🖋️ en el marco interpretativo

No en la confrontación directa.


4. El problema real (el más incómodo)

No es que ellas no sean combativas.
Es que la época penaliza la combatividad real.

Hoy:

  • el medio premia la crítica “inteligente”

  • castiga la crítica “peligrosa”

  • tolera la indignación si no moviliza

Entonces el intelectual crítico termina convertido en:

gestor de disenso

Y eso no siempre es una decisión individual.


5. ¿Qué NO son? (para no ser injustos)

❌ No son propagandistas del poder
❌ No son cínicas
❌ No son conservadoras disfrazadas
❌ No son traidoras de clase (esa etiqueta es floja)

Pero tampoco son:
❌ incendiarias
❌ disruptivas
❌ desestabilizadoras

Y eso importa.


Conclusión clara

No es:

“son progres buena ondita”

Es más bien:

son intelectuales críticas que operan dentro de los márgenes de lo publicable

No se autocensuran por cobardía,
pero sí se adaptan a un ecosistema que castiga la radicalidad.

Y el resultado es una crítica:

  • lúcida

  • bien escrita

  • informada

pero políticamente inocua.




1. La voz moderada dentro es funcional al sistema

Aunque critique, cumple estas funciones:

  • canaliza el descontento hacia el lenguaje técnico

  • transforma la rabia en “diagnóstico”

  • convierte la injusticia en “problema complejo”

  • reemplaza el conflicto por debate civilizado

Resultado psicológico en el lector:

“Sí, esto está mal… pero no es para tanto, se puede arreglar.”

Eso despresuriza.

El sistema no necesita silenciarte si puede administrarte.


2. La voz radical fuera es incómoda, pero marginalizable

La crítica que:

  • nombra enemigos

  • habla de poder

  • usa lenguaje moral o político fuerte

  • interpela directamente

…es peligrosa solo si conecta con masas.

Si no, el sistema hace esto:

  • la aísla

  • la caricaturiza

  • la llama “polarizante”, “ideológica”, “resentida”

Y listo: queda fuera del radar del público amplio.


3. El truco maestro: hacerte elegir entre dos trampas

El campo está diseñado para que escojas:

Opción A:
📊 rigor, datos, prestigio, espacio
❌ sin ruptura

Opción B:
🔥 radicalidad, verdad cruda
❌ sin amplificación

Y mientras discutes cuál es mejor…
el sistema sigue intacto.

Eso es hegemonía.


4. Entonces… ¿sirve la crítica “buena ondita”?

Sirve hasta cierto punto:

✔️ informa
✔️ desmonta mentiras burdas
✔️ educa a sectores medios
✔️ incomoda a comentaristas perezosos

Pero no transforma.

No moviliza.
No organiza.
No amenaza intereses.

Es crítica sin dientes.


5. ¿Y la crítica combativa?

Tiene el problema inverso:

✔️ nombra lo innombrable
✔️ politiza el conflicto
✔️ genera identidad y energía

Pero:

  • puede quedar encapsulada

  • predicar solo a convencidos

  • no penetrar el mainstream


6. La verdad incómoda (la que casi nadie quiere decir)

Las transformaciones reales nunca las hizo solo:

  • la academia

  • el periodismo elegante

  • el debate ilustrado

Siempre hubo:

  • presión social

  • conflicto

  • desobediencia

  • ruptura del consenso

La crítica intelectual acompaña, pero no sustituye eso.


Conclusión final

Viridiana Ríos y Vanessa Romero no son el problema.
El problema es creer que esa forma de crítica basta.

Es necesaria.
No es suficiente.

El sistema prefiere mil veces:

una izquierda inteligente que explique
a una izquierda incómoda que empuje

Porque la primera interpreta el mundo.
La segunda intenta cambiarlo.

Y ahí está toda la diferencia.

Aquí sí entramos a zona roja 🔥

Te voy a decir quiénes cruzan líneas, qué línea cruzan y qué les pasa cuando lo hacen. Sin idealizarlos y sin blindarlos.


Primero: ¿qué significa “cruzar líneas”?

No es ser gritón ni edgy. Es romper alguno de estos tabúes:

  1. Nombrar al capital como actor político

  2. Señalar élites con nombre y apellido

  3. Decir que el problema es el sistema, no la mala gestión

  4. Cuestionar la neutralidad de los medios

  5. Hablar de conflicto y no solo de consenso

Quien cruza una o varias de estas, paga precio.


MÉXICO 🇲🇽

🔴 Fabrizio Mejía Madrid

Línea que cruza:

  • Ridiculiza directamente a la élite cultural y mediática

  • Señala hipocresías liberales sin pedir perdón

Costo:

  • marginado del gran circuito mediático

  • etiquetado como “provocador”, “resentido”, “no serio”

No es invitado para “equilibrar mesas”.
Es demasiado incómodo.


🔴 Sabina Berman (cuando se sale del guion)

Línea que cruza:

  • critica abiertamente a empresarios

  • evidencia clasismo estructural

  • usa lenguaje moral, no técnico

Costo:

  • ataques constantes

  • intento de reducirla a “escritora metida en política”

  • tolerada solo porque es demasiado grande para borrarla

Cuando se modera, vuelve al centro.
Cuando muerde, la quieren fuera.


🔴 John Ackerman

Línea que cruza:

  • acusa directamente a medios y universidades

  • habla de captura institucional

Costo:

  • expulsión simbólica del “debate respetable”

  • caricaturizado como fanático

  • cancelado en espacios “serios”

No importa si a veces exagera: cruzó la frontera.


LATINOAMÉRICA 🌎

🔴 Raúl Zibechi

Línea que cruza:

  • niega que el cambio venga del Estado liberal

  • pone el foco en movimientos sociales

  • crítica al progresismo institucional

Costo:

  • invisibilizado en grandes medios

  • circula solo en espacios alternativos

Demasiado radical para El País.
Demasiado incómodo para la izquierda de salón.


🔴 Álvaro García Linera (cuando habla fuera del cargo)

Línea que cruza:

  • habla de lucha de clases sin eufemismos

  • critica al liberalismo como ideología dominante

Costo:

  • tratado como “ideólogo del pasado”

  • confinado a seminarios, no a portadas


GLOBAL 🌍

🔴 Noam Chomsky

Línea que cruza:

  • llama propaganda a los medios

  • nombra al imperialismo como estructura

Costo:

  • citado solo en lingüística

  • neutralizado políticamente en mainstream

Invitado… pero desactivado.


🔴 Thomas Piketty (cuando va demasiado lejos)

Línea que cruza:

  • propone redistribución real del capital

  • cuestiona la propiedad heredada

Costo:

  • lo reducen a “economista interesante”

  • sus propuestas políticas se silencian

Lo aman mientras sea diagnóstico.
Lo ignoran cuando propone acción.


El patrón (aquí está la clave)

A quien cruza líneas no se le censura brutalmente.
Se le aplica algo más eficaz:

  • se le quita micrófono

  • se le quita centralidad

  • se le quita respetabilidad

Y luego se dice:

“No es censura, es falta de rigor / polarización / ideología.”


Conclusión sin anestesia

El sistema tolera crítica,
pero no tolera señalamiento.

Tolera datos.
No tolera enemigos.

Tolera análisis.
No tolera conflicto.

Por eso:

  • Viridiana y Vanessa circulan

  • los otros orbitalmente existen

No porque sean más inteligentes,
sino porque no rompen el pacto implícito.