miércoles, 26 de agosto de 2026


Georges Danton: el trueno que terminó devorado por la tormenta

Hubo hombres que llegaron al mundo con voz de campana. Otros llegaron con voz de espada. Danton nació con voz de trueno.

No era elegante. Su rostro, marcado por la viruela desde niño, parecía una roca golpeada por el tiempo. Tenía labios gruesos, una mandíbula poderosa y una presencia que llenaba cualquier habitación antes incluso de pronunciar una palabra. Pero cuando hablaba, la multitud olvidaba su apariencia. Las palabras salían de él como un río desbordado. No convencía únicamente con argumentos. Arrastraba.

Nació en 1759, en la pequeña ciudad de Arcis-sur-Aube, en una Francia donde el lujo de la corte descansaba sobre el hambre del campesino. Estudió Derecho y se convirtió en abogado, aunque muy pronto descubrió que el verdadero tribunal estaba en las calles de París.

Entonces llegó 1789.

La Revolución abrió las puertas como un volcán que llevaba siglos acumulando fuego. El pueblo derribó la prisión de la Bastilla y, con ella, la idea de que los reyes eran invencibles.

Danton comprendió algo que muchos intelectuales no entendían: las revoluciones no sobreviven solo con ideales. También necesitan energía, decisión y una voluntad capaz de enfrentarse al miedo.

Su famoso llamado quedó grabado para siempre:

"¡Audacia, más audacia y siempre audacia!"

No era una frase elegante. Era un tambor de guerra.

Cuando Francia fue invadida por las monarquías europeas que querían destruir la Revolución, Danton impulsó la movilización nacional. Miles de ciudadanos marcharon al frente convencidos de que luchaban por algo nuevo: una nación de ciudadanos y no de súbditos.

Pero las revoluciones son criaturas extrañas.

Al principio prometen libertad.

Después exigen sacrificios.

Y finalmente empiezan a sospechar de todos.

En aquellos años apareció la sombra del Terror. Los enemigos reales se mezclaban con enemigos imaginarios. La guillotina dejó de ser un instrumento excepcional para convertirse en una rutina. Cada amanecer traía nuevos condenados.

Danton, que había ayudado a levantar aquella maquinaria, comenzó a horrorizarse de su velocidad.

Creía que la República ya estaba suficientemente fuerte. Era momento de detener la sangre y construir la paz.

Al otro lado estaba Maximilien Robespierre.

Para Robespierre, detener el Terror era permitir el regreso de la tiranía.

Para Danton, continuarlo significaba destruir la Revolución desde dentro.

Ambos habían sido compañeros.

Ahora eran enemigos.

En 1794, Danton fue arrestado acusado de conspiración y corrupción. Durante el juicio intentó defenderse con la misma elocuencia que había electrizado a París. Habló con tanta fuerza que los jueces decidieron impedirle seguir interviniendo.

La sentencia ya estaba escrita.

El 5 de abril de 1794 caminó hacia la guillotina.

No perdió el humor.

Antes de morir le dijo al verdugo:

"No olvides mostrar mi cabeza al pueblo; vale la pena verla."


Incluso frente a la muerte seguía siendo Danton.

Su cabeza cayó.

Seis meses después cayó también la de Robespierre.

La máquina que ambos habían ayudado a construir terminó devorando a sus propios arquitectos.

La historia de Danton enseña una paradoja amarga:
iniciar una revolución exige valor, pero detener su violencia exige un valor aún mayor.

Los incendios saben cómo extenderse.

Lo difícil es convencer al fuego de que ya ha cumplido su tarea.

Por eso Danton sigue siendo una figura fascinante.
No fue un santo ni un monstruo. Fue un hombre gigantesco, lleno de contradicciones, capaz de encender una nación y, al final, de comprender que ninguna libertad puede florecer para siempre sobre un suelo empapado de sangre.

Su voz se apagó bajo la cuchilla.

Pero todavía resuena una pregunta que atraviesa los siglos:

¿En qué momento una revolución deja de defender la libertad y comienza a devorarla? 

 Dios en campaña y la democracia en terapia intensiva

Variaciones sobre la fe cuando se vuelve estrategia.
Hay dioses que piden silencio, otros piden sacrificios… y algunos piden el voto.

Katherine Stewart
muestra que el nacionalismo religioso estadounidense no es un accidente piadoso, sino una operación política con presupuesto, guion y elenco. Dios ya no baja del cielo: baja en spots, en mítines, en memes mal diseñados pero emocionalmente eficaces.

La fe, aquí, no salva: organiza.

I. Cuando el sermón suena a mitin

El pastor habla, la multitud asiente.
No se cita a los profetas, se citan enemigos.
No se promete el Reino de los Cielos, se promete restaurar un pasado que nunca existió.

Stewart retrata un fenómeno inquietante: el púlpito convertido en cabina electoral.
La iglesia como centro de movilización.
El templo como cuartel.

Y Dios, reducido a eslogan.

II. La invención de la “nación cristiana”: nostalgia como arma


Uno de los trucos más eficaces del movimiento es contar una historia falsa con voz solemne:
que Estados Unidos fue fundado como una nación cristiana homogénea, obediente y moralmente pura.

Es mentira, pero es una mentira hermosa.
Y las mentiras bellas son las más peligrosas.

Esta narrativa no busca precisión histórica, sino legitimidad moral: si la nación “pertenece” a un grupo, los demás sólo están de visita.

III. Fe identitaria: creer como pasaporte político


Aquí la religión deja de ser experiencia interior y se vuelve credencial.
No importa tanto en qué crees, sino contra quién.

La fe se vuelve frontera.
El creyente es ciudadano legítimo.
El disidente es sospechoso.
El ateo, el feminista, el queer, el migrante: amenazas existenciales.

No hay debate, hay excomunión cívica.

IV. El pánico moral como combustible infinito

Cada generación necesita su demonio.
Hoy toca el género, mañana la educación, pasado mañana la ciencia.

Stewart explica cómo el miedo se administra con precisión quirúrgica:
una dosis diaria de indignación mantiene al rebaño cohesionado y distraído.

Mientras la multitud discute baños, banderas y pecados ajenos, el poder real se reorganiza sin resistencia.
Clásico truco de prestidigitador: mira aquí, mientras te vacían los bolsillos allá.

V. Dios no manda, pero legitima

Lo más inquietante no es que los líderes crean realmente que Dios está de su lado.
Lo inquietante es que no importa si lo creen.

Dios funciona como aval simbólico:
no gobierna, pero autoriza.
No decide, pero absuelve.

Y así, cualquier atropello se vuelve virtud, cualquier abuso se vuelve mandato divino, cualquier crítica se vuelve blasfemia.

VI. Epílogo: la fe secuestrada

La tragedia final es doble.

Por un lado, la democracia se erosiona lentamente, carcomida por un discurso que no acepta pluralismo ni disenso.
Por otro, la religión misma queda vaciada: reducida a herramienta, a megáfono, a coartada.

Cuando Dios se vuelve estrategia política, pierde su misterio.
Y cuando la política se vuelve religión, pierde su humanidad.

Stewart no escribe un libro contra la fe.
Escribe una autopsia de lo que pasa cuando la fe deja de mirar al cielo y empieza a apuntar al poder.



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Bibliografía

Stewart, Katherine. Money, Lies, and God (2025).

Du Mez, Kristin Kobes. Jesus and John Wayne.

Butler, Anthea. White Evangelical Racism.

Perry, Samuel & Whitehead, Andrew. Taking America Back for God.

Arendt, Hannah. Entre el pasado y el futuro.

 

La lucha por el derecho al aborto en Polonia y la resistencia social

En los últimos años, Polonia se ha convertido en un escenario paradigmático de los conflictos entre legislaciones conservadoras y derechos reproductivos. El partido Ley y Justicia (PiS), de corte ultraconservador, presentó un proyecto de ley que proponía eliminar el aborto incluso en casos de violación e incesto, ampliando la criminalización hasta las mujeres que decidieran interrumpir voluntariamente su embarazo. Este intento legislativo refleja no solo una visión moral estricta del Estado sobre el cuerpo de las mujeres, sino también un uso de la ley como herramienta de control social sobre la autonomía femenina.

Históricamente, Polonia ya contaba con una de las legislaciones sobre aborto más restrictivas de Europa. La propuesta del PiS habría profundizado una situación en la que las mujeres se ven obligadas a arriesgar su salud e integridad física o a recurrir a procedimientos clandestinos, muchas veces inseguros. Este tipo de leyes no reduce los abortos; los traslada al ámbito clandestino, con consecuencias letales para la población femenina más vulnerable.

El fracaso de la iniciativa, sin embargo, demuestra la fuerza de la movilización social. Miles de mujeres, jóvenes y adultas, salieron a las calles en manifestaciones multitudinarias, visibilizando la indignación ante una legislación que habría convertido la maternidad forzada en una norma punitiva. Este fenómeno muestra que la resistencia social puede frenar proyectos de ley que amenazan derechos fundamentales, y que la acción colectiva, organizada y constante, sigue siendo una de las herramientas más efectivas frente al autoritarismo legislativo.

Las protestas también evidencian un cambio cultural: las nuevas generaciones no aceptan la imposición de normas que ignoran la autonomía corporal y la libertad de decisión. La sociedad polaca, aunque marcada por la influencia de la Iglesia y tradiciones conservadoras, está en un proceso de disputa cultural donde los derechos de las mujeres ocupan un lugar central. La legislación no puede interpretarse en el vacío; se encuentra en tensión con la presión social y con la ética de los derechos humanos universales, que buscan proteger la vida y la integridad de las mujeres en todas sus dimensiones.


Reflexión crítica

El caso polaco nos recuerda que los derechos adquiridos no son eternos y pueden ser cuestionados por agendas políticas que instrumentalizan la moral para controlar cuerpos y vidas. La indignación y la movilización ciudadana, especialmente la femenina, son recordatorios poderosos de que la ley debe servir a la vida de las personas y no a la ideología de un partido.

Más allá de Polonia, este episodio invita a reflexionar sobre cómo la política puede invadir la esfera más íntima de los individuos: su cuerpo, su sexualidad y su proyecto de vida. Cuando un Estado intenta legislar sobre decisiones reproductivas, no solo regula un procedimiento médico; regula la libertad, la dignidad y el derecho a decidir de millones de personas.

Por eso, la lucha polaca no es solo un episodio nacional: es un símbolo internacional de resistencia frente al autoritarismo moralista. La sociedad demuestra que cuando las mujeres alzan la voz, la ley —aunque poderosa— puede ser contenida. La reflexión final es clara: los derechos se defienden con presencia, conciencia y valentía, y ninguna legislación puede ser considerada legítima si ignora la autonomía y la integridad de los ciudadanos a los que debería proteger.

Y que nadie lo olvide: cuando un Estado intenta decirle a las mujeres qué hacer con su propio cuerpo, está cruzando una línea que no se negocia. La historia polaca reciente nos demuestra que las calles hablan más fuerte que los despachos y que ninguna ley puede imponerse contra la fuerza de la indignación colectiva.

Cada manifestación, cada pancarta, cada grito de “¡Mi cuerpo, mi decisión!” es un recordatorio de que la libertad no se pide, se exige. La autonomía no es un lujo ni un favor; es un derecho que se defiende con valentía y presencia.

Así que cada intento de arrebatarnos derechos debe encontrar frente a sí a mujeres y hombres dispuestos a levantarse, a cuestionar y a resistir. Porque una sociedad que criminaliza el aborto no solo amenaza la vida de las mujeres: amenaza la justicia, la dignidad y la humanidad de todos. Y contra eso, no hay ley que pueda.


 Junto con el declive del crecimiento económico, la desigualdad creciente y la transferencia del dominio público a la propiedad privada, la corrupción es el cuarto problema del capitalismo contemporáneo. En su intento de rehabilitarlo recordando sus fundamentos éticos, Max Weber trazó una línea nítida entre capitalismo y codicia, señalando lo que pensaba que eran sus orígenes en la tradición religiosa del protestantismo. En opinión de Weber, la codicia había existido en todas partes siempre; no solo no era distintiva del capitalismo, sino que era capaz de pervertirlo. El capitalismo no se basaba en un deseo de hacerse rico, sino en la autodisciplina, el trabajo metódico, la dirección responsable, la dedicación serena a una tarea y una organización racional de la vida. Weber preveía que los valores culturales del capitalismo se difuminarían a medida que este madurase y se convirtiera en una «jaula de hierro» en la que la regulación burocrática y las restricciones de la competencia ocuparan el lugar de las ideas culturales que habían servido originalmente para desligar la acumulación de capital tanto del consumo materialista-hedonista como de los instintos primitivos de acaparamiento. Lo que no pudo prever, sin embargo, fue la revolución neoliberal del último tercio del siglo XX y las oportunidades sin precedentes que proporcionó para hacerse muy rico.

WOLFGANG STREECK

 El caso de Jack Kelley es uno de esos escándalos que sacuden la confianza en el periodismo desde dentro, muy parecido al de Jayson Blair.



📌 ¿Quién era Jack Kelley?

Fue durante años una de las grandes estrellas de USA Today.

  • Reportero internacional
  • Cubría terrorismo, guerras y espionaje
  • Ganó premios y era considerado casi intocable

Era el tipo de periodista que “estaba en todos lados” y siempre traía historias espectaculares.


⚠️ ¿Qué hizo?

Durante años, Kelley:

  • Inventó escenas completas
  • Fabricó testimonios
  • Plagió partes de otros medios
  • Exageró o distorsionó hechos reales

Sus artículos eran emocionantes… pero en muchos casos, falsos.

Ejemplo típico:
Describía escenas de guerra o terrorismo con detalles cinematográficos que luego no podían verificarse.


🔍 ¿Cómo lo descubrieron?

No fue una gran investigación externa al inicio, sino algo más incómodo:

👉 Sus propios compañeros empezaron a sospechar.

¿Por qué?

  • Historias demasiado perfectas
  • Falta de pruebas
  • Testigos que nadie podía encontrar

Un editor pidió revisar su trabajo… y Kelley no pudo respaldar varias de sus historias.


💥 El colapso

En 2004:

  • Kelley renuncia
  • Se abre una investigación interna
  • Se concluye que múltiples artículos contenían invenciones

Pero aquí viene lo más turbio:

👉 Durante años, el periódico ignoró señales de alerta.


🧠 Lo interesante (y perturbador)

Este caso revela algo profundo:

1. El sistema premia lo espectacular

Las historias de Kelley eran:

  • dramáticas
  • impactantes
  • “vendibles”

Eso le dio poder.

2. El mito del periodista héroe

Cuando alguien se vuelve estrella:

  • se le cuestiona menos
  • se le protege más

3. La verdad como producto

Aquí se conecta con la crítica al capitalismo:

La noticia deja de ser verdad…
y se convierte en mercancía emocional.


🪓 Parentesco con Jayson Blair

Ambos casos muestran lo mismo:

  • No son solo individuos corruptos
  • Son síntomas de un sistema que:
    • exige rapidez
    • premia impacto
    • tolera mentiras si generan atención

🧩 Conclusión clara

Kelley no solo mintió.

👉 Durante años, el sistema necesitó que mintiera.

Porque sus mentiras funcionaban:

  • vendían
  • emocionaban
  • reforzaban narrativas



🎤 “Noticias: el espectáculo de la verdad domesticada”

Miren esto.

Nos dijeron que el periodismo era el perro guardián de la verdad.
Un sabueso feroz, olfateando corrupción, ladrándole al poder.

¿Y en qué se convirtió?

En un perro de circo.
Salta cuando le dicen. Ladra cuando le pagan. Y mueve la cola… cuando hay rating.


Porque aquí está el truco —y es un buen truco—:

No necesitas censurar la verdad…
solo necesitas hacerla aburrida.

Y entonces le das al público algo mejor:

  • explosiones
  • terroristas
  • héroes
  • villanos

Y claro, periodistas estrella como Jack Kelley o Jayson Blair, que no reportaban la realidad…

la escribían.


¿Y sabes qué es lo mejor?

Que cuando los descubren, todos actúan sorprendidos.

“¡Oh no! ¡Un periodista mintió!”

¿En serio?
¿EN SERIO?

En un sistema donde:

  • la velocidad importa más que la verdad
  • el impacto vale más que la precisión
  • y la emoción vende más que los hechos

¿y te sorprende que alguien invente cosas?


Te voy a decir lo que pasó realmente:

No falló el periodista.
Funcionó el sistema.

Porque ese sistema dice:

“Dame una historia que haga sentir algo…
no me importa si es verdad.”

Y si es verdad pero aburrida…
no sirve.


Entonces llega el reportero joven, ambicioso, hambriento.

Ve esto y aprende rápido:

  • La verdad simple no asciende
  • La verdad espectacular sí

Así que hace un pequeño ajuste…
luego otro…
y otro…

Y cuando te das cuenta, ya no está reportando el mundo.

Está escribiendo una película.


Pero aquí viene la parte más deliciosa:

El público.

Sí, tú.
Sí, yo.
Todos nosotros.

Porque nos encanta indignarnos por las mentiras…
pero adoramos las historias que nos hacen sentir importantes, asustados o moralmente superiores.

Queremos verdad…
pero con sabor.


Y entonces el sistema responde como cualquier buen vendedor:

“Claro, señor. Aquí tiene su verdad…
con drama extra, miedo incluido y un toque de ficción.”


¿Quieres saber la diferencia entre noticias y entretenimiento?

Cada vez es más pequeña.

De hecho, a veces la única diferencia…
es que una todavía finge que no está actuando.


Así que la próxima vez que veas un escándalo mediático, no digas:

“Qué periodista tan corrupto.”

Di:

“Qué sistema tan eficiente.”


Porque no están rompiendo las reglas.

Están jugando exactamente como se diseñó el juego.


pongamos sobre la mesa a Raymundo Riva Palacio.

Es un columnista influyente en México, con muchos años en medios. Ha sido criticado —a veces con razón— por:

  • uso de fuentes anónimas
  • afirmaciones difíciles de verificar
  • columnas que parecen más cercanas a narrativa política que a investigación comprobable

Pero ojo: no es exactamente el mismo caso que Jack Kelley o Jayson Blair.

👉 Kelley y Blair fueron descubiertos fabricando hechos verificables (escenas, entrevistas, datos).
👉 Riva Palacio opera más en el terreno de la opinión, filtraciones y análisis político.

Y ahí está la clave de por qué “no pasa nada”.


🧠 1. La zona gris: opinión vs. verificación

En teoría:

  • Reportaje = hechos comprobables
  • Columna = interpretación, opinión

En la práctica mexicana:
👉 esa línea se vuelve borrosa.

Un columnista puede decir:

“Fuentes cercanas aseguran…”

Y eso:

  • no se puede comprobar fácilmente
  • pero tampoco se puede refutar con claridad

Resultado: inmunidad estructural.


🏛️ 2. El periodismo político como juego de poder

En México, muchos columnistas no solo informan.

👉 son actores dentro del sistema político.

Relación típica:

  • periodistas ↔ políticos ↔ filtraciones ↔ favores

Entonces, sus columnas funcionan como:

  • mensajes
  • presiones
  • globos de ensayo

No como “verdad objetiva” en sentido estricto.


💰 3. No se premia la verdad, se premia la influencia

El sistema no dice:

“¿Es cierto?”

Dice:

“¿Tiene impacto?
¿Mueve poder?
¿genera conversación?”

Si la respuesta es sí:
👉 sigue publicando.


📺 4. La memoria corta del público

Escándalos hay… pero:

  • se diluyen rápido
  • se reemplazan por el siguiente tema
  • no hay consecuencias sostenidas

Entonces:
👉 el costo reputacional es bajo.


🧩 5. Falta de mecanismos reales de sanción

A diferencia de grandes escándalos en EE.UU.:

  • en México rara vez hay investigaciones internas profundas
  • los medios no siempre transparentan errores
  • no existe una cultura fuerte de rendición de cuentas mediática

🪓 Conclusión directa (sin romanticismo)

No es que “nadie se dé cuenta”.

Es que el sistema permite —e incluso necesita— ese tipo de figuras.

Porque cumplen funciones:

  • filtran información
  • moldean narrativas
  • operan políticamente

🎤 Traducción estilo Carlin

No es un periodista escapando del sistema.

👉 Es un engrane funcionando perfectamente.

 El fenómeno del ascenso de la extrema derecha contemporánea y la llamada Alt-Right (derecha alternativa) es uno de los ejemplos más claros de estrategia contrahegemónica en el siglo XXI.

Curiosamente, estos grupos leyeron y aplicaron de forma muy consciente la teoría de Gramsci. Entendieron que para cambiar la política primero debían cambiar la cultura —lo que en sus propios foros denominan "metapolítica"— y que el status quo o "sentido común" de las últimas décadas (el consenso liberal-demócrata, el progresismo social, la globalización y el multiculturalismo) debía ser dinamitado culturalmente antes de poder conquistar el poder institucional.

Para lograrlo, convirtieron el ecosistema digital en su principal terreno de operaciones mediante varias dinámicas clave:

1. La apropiación del meme como vanguardia cultural

Históricamente, la contracultura, la sátira y la provocación juvenil solían estar asociadas a movimientos de izquierda. La extrema derecha digital invirtió esta dinámica: logró que el pensamiento reaccionario se percibiera como la nueva rebeldía.

  • Subversión e ironía: A través de plataformas como 4chan, 8chan y Reddit, se popularizó el uso de memes (como Pepe the Frog o Wojak) impregnados de humor negro, ironía y cinismo.

  • La barrera del "solo es un chiste": La ironía memeable permite difundir ideas de odio, racismo o misoginia reduciendo el costo social. Si la sociedad hegemónica los señala, la respuesta defensiva es: "Es solo humor, no aguantan una broma". Esto erosiona progresivamente la sensibilidad del público y desensibiliza ante discursos extremos.

2. El meme "Red Pill" y el combate al consenso progresista

Tomando la metáfora de la película Matrix, estos movimientos crearon la narrativa de la "píldora roja" (Red Pill): despertar a la "verdad ocultada por las élites".

  • Construcción del enemigo hegemónico: Definieron el status quo cultural como una "hegemonía progresista", "marxismo cultural" o "cabal globalista" apoyada por las universidades, los medios tradicionales de comunicación y Hollywood.

  • Mecanismo de reclutamiento: Presentan su ideología no como un dogma, sino como una iluminación individual. Al consumir su contenido, el usuario siente que forma parte de un grupo selecto de "iniciados" que Ven la realidad sin los filtros de la corrección política.

3. Disrupción algorítmica y la economía de la indignación

Los algoritmos de plataformas como YouTube, TikTok o X priorizan la retención, el impacto emocional y la polarización. La extrema derecha comprendió esta arquitectura técnica mejor que nadie:

  • El "Embudo de radicalización": Un usuario que busca videos sobre superación personal, finanzas, videojuegos o crítica al cine comercial es conducido gradualmente, mediante las recomendaciones algorítmicas, hacia contenidos anti-feministas, discursos contra la inmigración o teorías de la conspiración (Pipeline o "Rabbithole").

  • Sensacionalismo y clic: Títulos diseñados para provocar indignación u hostilidad contra las instituciones hegemónicas generan altas tasas de interacción, haciendo que los algoritmos promocionen orgánicamente su mensaje.

4. Intelectuales orgánicos digitales

Gramsci sostenía que toda clase que busca la hegemonía necesita sus propios intelectuales orgánicos para dar coherencia a su relato. En la era digital, la extrema derecha sustituyó la figura del académico tradicional por:

  • Podcasters y streamers de largo formato: Creadores de contenido que ofrecen horas de conversación sobre filosofía, historia, política y estilo de vida, integrando ideas radicales de forma casual y entretenida.

  • La "Manosfera" y la cultura del rendimiento: Figuras que conectan con hombres jóvenes con altos niveles de soledad o ansiedad económica, mezclando consejos de gimnasio, disciplina y éxito financiero con discursos antifeministas y tradicionalistas.

5. De la guerra cultural al poder institucional

Esta batalla por el "sentido común" digital no se quedó en las pantallas. Modificó el lenguaje, los temas de agenda y las normas de debate en la política formal:

  • Desplazamiento de la "Ventana de Overton": Ideas que hace quince años se consideraban inaceptables en el debate público (como la deportación masiva, la negación del cambio climático o el cuestionamiento de derechos civiles consolidados) pasaron a ser temas corrientes de discusión política.

  • Capitalización electoral: Figuras políticas de diversos países capitalizaron directamente esta infraestructura cultural digital para articular su discurso contra las élites (anti-establishment), demostrando que la batalla por las ideas en internet puede reconfigurar gobiernos enteros.

En conclusión: La extrema derecha digital demostró que la contrahegemonía no pertenece exclusivamente a una ideología particular, sino que es una teoría de la praxis del poder. Al identificar el descontento popular y las fallas de la comunicación tradicional, utilizaron la tecnología digital para convertir las ideas marginales en un sentido común alternativo capaz de disputar el rumbo político global.

 

Test de Frivolidad Política™

Edición “Ciudadano de Instagram y café”

Advertencia: este test no determina si eres de izquierda, derecha o centro. Solo mide la posibilidad de que tu relación con la política sea puramente estética.


Instrucciones

Marca la opción que más se parezca a ti. Si ninguna te representa, probablemente todavía tengas remedio.


1. ¿Cómo eliges a un político?

  • A) Comparo propuestas, antecedentes y resultados.

  • B) Veo entrevistas y trato de entender su visión.

  • C) Me cae bien.

  • D) Tiene buena foto de perfil y habla “con actitud”.

➡️ D = +2 puntos de frivolidad


2. Cuando un político de tu bando es acusado de corrupción, piensas:

  • A) Hay que investigar.

  • B) Espero evidencia antes de opinar.

  • C) Seguro todos roban.

  • D) Es una campaña de odio porque le tienen envidia.

➡️ D = +2


3. ¿Qué haces durante un debate presidencial?

  • A) Escucho argumentos.

  • B) Tomo notas de temas importantes.

  • C) Veo los memes después.

  • D) Solo espero el momento humillante para compartirlo en redes.

➡️ D = +2


4. La frase política que más usas es:

  • A) “¿Cuál es la evidencia?”

  • B) “Eso merece discusión.”

  • C) “Todos son iguales.”

  • D) “Mi presidente / mi líder nunca se equivoca.”

➡️ D = +3 (bonificación sectaria)


5. ¿Qué entiendes por “participación ciudadana”?

  • A) Informarse, votar y exigir cuentas.

  • B) Debatir y organizarse.

  • C) Quejarse ocasionalmente.

  • D) Cambiar la foto de perfil cuando hay una tendencia.

➡️ D = +2


6. Si una política pública fracasa claramente:

  • A) Debe corregirse.

  • B) Hay que evaluar por qué falló.

  • C) “Así pasa”.

  • D) La culpa es de los enemigos, de los medios o del clima.

➡️ D = +2


7. ¿Qué te parece más importante en un gobernante?

  • A) Competencia.

  • B) Honestidad.

  • C) Carisma.

  • D) Que “se vea poderoso”.

➡️ D = +2


8. Cuando alguien critica a tu partido:

  • A) Escucho y respondo.

  • B) Pregunto por qué piensa eso.

  • C) Cambio de tema.

  • D) Lo bloqueo, lo insulto o le digo “ardido”.

➡️ D = +3


9. ¿Lees programas de gobierno?

  • A) Sí.

  • B) A veces.

  • C) Resúmenes.

  • D) ¿Eso no lo explica un influencer en 30 segundos?

➡️ D = +2


10. ¿Qué te emociona más de una elección?

  • A) El rumbo del país.

  • B) El debate de ideas.

  • C) Saber quién ganó.

  • D) Ver llorar al otro bando.

➡️ D = +3


Resultado

0–4 puntos — Ciudadano funcional

Todavía distingues entre política y espectáculo.

5–11 puntos — Opinólogo recreativo

Te informas a ratos, pero los memes ya gobiernan parte de tu cerebro.

12–18 puntos — Militante estético

Tu ideología cabe perfectamente en una taza, una playera y una historia de Instagram.

19–25 puntos — Frívolo político profesional

No apoyas ideas: apoyas identidades. Tu principal propuesta de gobierno es “que gane mi equipo”.

26+ puntos — Influencer republicano imperial

Has trascendido la realidad. Las políticas públicas te aburren; los hashtags te parecen instituciones del Estado.


Diagnóstico final

Síntoma principal: confundir ciudadanía con fandom.

Tratamiento recomendado:

  1. Leer un presupuesto público completo.

  2. Escuchar durante 15 minutos a alguien con quien no estás de acuerdo sin llamarlo “vendido”.

  3. Pasar una semana sin compartir memes políticos.

  4. Repetir hasta que desaparezca la necesidad de escribir “facts 💅” al final de cada comentario.


Nota del Instituto Internacional de Frivolidad Aplicada

“Un ciudadano crítico cambia de opinión cuando cambian los hechos.
Un ciudadano frívolo cambia de avatar cuando cambia la tendencia.”

 Si Estados Unidos es una historia de marketing y optimismo implacable, Rusia es una historia de fatalismo geográfico y cambios de vestuario.

Rusia es como ese pariente que ha tenido cinco matrimonios desastrosos, pero en cada uno jura que "esta vez sí es por amor", mientras guarda un hacha debajo de la almohada.


Rusia: "Mismos Perros, Distintos Collares"

I. El Modelo de Negocio: El Zarismo (Versión 1.0)

Imagina un país tan grande que no puedes gobernarlo sin ser un paranoico profesional. Los Zares perfeccionaron la idea de que el líder no es un político, sino una propiedad divina.

  • El Trato: "Yo te protejo de los invasores (que siempre vienen de Europa porque no hay montañas que los paren) y tú, a cambio, eres mi siervo para siempre".

  • La Realidad: Era básicamente una empresa de seguridad privada que se volvió país, donde el jefe tenía derecho de vida o muerte sobre los empleados.

II. El Gran Rebranding: La Revolución (Versión 2.0)

En 1917, decidieron que el Zar era demasiado anticuado. Querían algo moderno, algo para el "pueblo". Así que trajeron el Comunismo.

  • El Gran Eufemismo: Cambiaron la palabra "Zar" por "Secretario General" y "Aristocracia" por "Politburó".

  • La Magia Semántica: Te dijeron que ahora eras el dueño de la fábrica, pero si llegabas cinco minutos tarde o te quejabas del almuerzo, el "Estado del Pueblo" te enviaba a un resort de vacaciones permanentes en Siberia llamado Gulag.

  • Carlin diría: Pasaron de la opresión por la gracia de Dios a la opresión por la gracia de la Eficiencia Proletaria. Al final, el látigo solo cambió de color.

III. La Terapia de Choque: Los 90 (El Intermedio Caótico)

Cuando el muro cayó, Occidente les dijo: "¡Felicidades! Ahora tienen Libertad". Lo que en realidad querían decir era: "Ahora tenemos permiso para vender sus minas de níquel por el precio de un Big Mac".

  • Fue la década donde el capitalismo salvaje llegó sin cinturón de seguridad. Los activos del país fueron repartidos entre cinco tipos que sabían usar una calculadora y tenían amigos en el gobierno. Así nació el Oligarca, que es como un multimillonario de Forbes pero con un ejército privado más grande que el de Bélgica.

IV. El Retorno al Orden: La Autocracia "Soft" (Versión 3.0)

Y llegamos al presente. Rusia miró el caos de los 90 y dijo: "¿Saben qué? Extrañamos al tipo del hacha".

  • La Democracia Dirigida: Es un término fascinante. Es como una "dieta de pasteles". Tienes elecciones, tienes boletas, tienes candidatos... pero el resultado se decidió en una cena tres meses antes.

  • El Nacionalismo como Pegamento: Cuando la economía se pone difícil, siempre puedes contar con el viejo truco: "Occidente nos odia y quiere robarnos el alma (y el gas)". Es la técnica política más antigua del mundo: crear un enemigo afuera para que no mires al ladrón que tienes adentro.


Diccionario Ruso de Realismo Político:

  • "Estabilidad": El hecho de que el mismo grupo de personas ha tenido las llaves del edificio desde que se inventó el internet.

  • "Operación Especial": Porque "Guerra" suena muy agresivo y asusta a los inversores; "Operación" suena a que hay doctores involucrados.

  • "Ventana": Un elemento arquitectónico que, en la política rusa, tiene una extraña tendencia a atraer a personas que no saben mantener el equilibrio.


Rusia es la prueba viviente de que puedes cambiar la ideología, la bandera y el himno, pero la centralización del poder es el sistema operativo que nunca pudieron desinstalar.


[…] el proceso civilizador es, entre otras cosas, un proceso por el cual se despoja de todo cálculo moral la utilización y despliegue de la violencia y se liberan las aspiraciones de racionalidad de la interferencia de las normas éticas o de las inhibiciones morales.

Zygmunt Bauman

Bauman aquí mete el dedo en la llaga… y lo gira. Sin anestesia.

Lo que está diciendo —dicho sin incienso académico— es que la civilización no domestica la violencia: la vuelve eficiente. Le quita el temblor en la mano, el remordimiento en la conciencia y la sustituye por formularios, gráficos y protocolos.

Antes, la violencia necesitaba furia, odio, sangre caliente. Hoy basta un procedimiento.

El proceso civilizador, lejos de ser un cuento moral, opera como una cirugía ética: separa el acto violento de cualquier juicio moral. El que mata ya no mata; gestiona, optimiza, cumple órdenes, aplica la norma. La violencia se vuelve técnica, no pecado; administrativa, no trágica.

Aquí Bauman dialoga a media voz con Weber y grita con Arendt:

Weber: la racionalización lo invade todo.

Arendt: el mal ya no necesita monstruos, solo empleados puntuales.

El resultado es escalofriante:

 la racionalidad se emancipa de la ética.

 La pregunta ya no es “¿está bien?” sino “¿funciona?”.

 La eficiencia sustituye a la conciencia.

Así, la violencia moderna no se vive como violencia. Se vive como logística. Se ejecuta sin odio y sin placer. Fría. Limpia. Aséptica. Un PowerPoint con cadáveres fuera de campo.

Bauman apunta al núcleo oscuro de la modernidad: cuanto más civilizados nos creemos, más capaces somos de destruir sin sentirnos culpables. No porque seamos más crueles, sino porque somos más racionales. La moral estorba; la ética retrasa; la compasión no escala.

Y ahí está la paradoja poética y feroz:

la civilización, que prometía humanidad, produce violencia sin humanos.

Sin rabia. Sin culpa. Sin alma.

La barbarie ya no grita.

Firma documentos.


De demostrar talento a farmear aura

Breve historia de cómo dejamos de hacer cosas para empezar a parecer que las hacemos

Hubo una época en la que uno podía salir a la calle con pantalones enormes, tenis llamativos y una actitud de delincuente intergaláctico, pero había un pequeño problema: había que saber bailar.

El breakdance no se podía fingir durante demasiado tiempo.

Podías llegar con toda la actitud del Bronx, mirar a los demás como si fueras dueño de Manhattan y poner cara de “ustedes todavía no están preparados para mi talento”. Muy bien.

Entonces alguien decía:

—A ver, baila.

Y ahí se acababa la filosofía.

Porque había que bajar al suelo.

Había que tener equilibrio, fuerza, coordinación, ritmo, técnica. Había que practicar hasta que el cuerpo aprendiera movimientos que, para cualquier persona normal, parecían diseñados por un fisioterapeuta con deseos de venganza.

Lo mismo ocurría con el rap.

Podías vestirte como un rapero, caminar como un rapero y poner cara de rapero.

Pero cuando llegaba la batalla había una pequeña molestia llamada talento.

Había que rimar.

Había que improvisar.

Había que responder.

Había que tener vocabulario y velocidad mental.

Es decir, la actitud podía abrir la puerta, pero la habilidad tenía que pagar la renta.

Y entonces llegamos al siglo XXI.

El siglo en el que el ser humano descubrió una maravillosa posibilidad:

¿Y si pudiéramos obtener prestigio sin tener que desarrollar ninguna habilidad particularmente complicada?

Bienvenidos al aura farming.

Ya no necesariamente tienes que saber bailar.

Puedes caminar lentamente.

No necesariamente tienes que saber pelear.

Puedes mirar a la cámara como si acabaras de descubrir que eres el protagonista de la historia.

No necesariamente tienes que ser inteligente.

Puedes utilizar tres palabras que aprendiste ayer y pronunciarlas con suficiente seguridad.

Y si todo sale bien, alguien escribirá:

“BRO TIENE AURA.”

La humanidad ha avanzado muchísimo.

Antes necesitábamos levantar pirámides para demostrar poder.

Ahora basta con hacer una mirada de siete segundos frente a un teléfono.

Pero aquí está la parte incómoda

Sería muy fácil convertir esto en otro sermón de adulto:

"Los jóvenes de hoy son frívolos."

No.

Eso sería demasiado cómodo.

Y probablemente falso.

Los jóvenes no inventaron la frivolidad.

La industria cultural lleva siglos vendiéndola.

Lo que cambió fue la velocidad y la escala.

Antes necesitabas una revista, televisión, cine, una disquera o algún otro mecanismo para fabricar una imagen pública.

Ahora tienes una cámara en el bolsillo.

Y además tienes un algoritmo que observa obsesivamente qué produce atención.

El resultado es una economía extraña:

la atención se convierte en dinero,
el dinero convierte la apariencia en mercancía,
y la mercancía empieza a sustituir a la habilidad.

No porque la habilidad haya desaparecido.

Sino porque la habilidad ya no siempre es necesaria para conseguir reconocimiento.

Y esa diferencia es enorme.

El problema no es que los jóvenes quieran llamar la atención

Eso lo hemos hecho siempre.

El adolescente de cualquier época quería ser visto.

El rebelde quería ser visto.

El rockero quería ser visto.

El punk quería ser visto.

El rapero quería ser visto.

El breaker quería ser visto.

La diferencia es que muchas de aquellas culturas decían:

"Mírame hacer algo."

La cultura de las redes puede decir:

"Mírame."

Punto.

Y ahí aparece una pequeña tragedia filosófica.

Porque estamos construyendo una sociedad donde la pregunta deja de ser:

¿Qué sabes hacer?

para convertirse en:

¿Qué impresión produces?

Y cuando la impresión se vuelve más importante que la capacidad, aparece una curiosa inflación del ego.

Todo el mundo tiene marca personal.

Todo el mundo tiene estética.

Todo el mundo tiene una opinión.

Todo el mundo tiene una identidad digital.

Todo el mundo es protagonista.

Pero entonces aparece la pregunta que nadie quiere contestar:

¿Protagonista de qué?

La frivolidad no pertenece a una generación

Pertenece a una sociedad que descubrió que la apariencia puede monetizarse.

Y eso incluye a jóvenes, adultos, políticos, empresarios, influencers, periodistas, celebridades y hasta señores de 60 años que descubrieron TikTok y ahora graban videos bailando mientras su familia mira horrorizada desde el comedor.

El aura farming solamente es la versión juvenil de un fenómeno muchísimo más grande.

El político que posa como estadista.

El empresario que vende éxito como personalidad.

El intelectual que convierte la complejidad en pose.

El influencer que convierte su vida privada en producto.

El famoso que convierte absolutamente nada en contenido.

Todos están participando del mismo juego:

parecer algo antes que ser algo.

Y aquí es donde el viejo breakdance tiene una pequeña lección para nosotros.

Porque el breaker podía tener una ropa espectacular.

Podía tener actitud.

Podía tener estilo.

Podía tener flow.

Pero al final tenía que bajar al suelo.

Y ahí no había algoritmo que pudiera salvarlo.

O sabías hacerlo o no.

Quizá ese sea el verdadero cambio cultural.

No pasamos de una generación talentosa a una generación inútil.

Pasamos de una cultura donde la habilidad era una condición relativamente importante para obtener reconocimiento, a otra donde el reconocimiento puede llegar antes que la habilidad.

Y eso sí es peligroso.

Porque cuando el aplauso llega antes que el mérito, el cerebro puede cometer un pequeño error:

confundir ser visto con ser valioso.

Y entonces tenemos una civilización entera haciendo poses frente a una cámara, esperando que el algoritmo certifique nuestra existencia.

Después de miles de años de evolución humana, descubrimos finalmente nuestro propósito:

tener aura.

La próxima especie dominante probablemente sea una paloma.

Por lo menos ella sabe volar.

 🚨TV Azteca se olvidó de hacer algún reportaje o investigación sobre el caso de Fernando Cerimedo, socio de Salinas Pliego y dueño de La Derecha Diario, a quien le encontraron granjas de bots tras su detención.

El periodismo corporativo y el misterioso arte de no ver lo que tienes enfrente

Hay algo fascinante en los medios corporativos: pueden detectar una mosca comunista a 14 kilómetros de distancia, pero son extraordinariamente torpes para encontrar un elefante sentado sobre la mesa de su propio comedor.

Porque cuando aparece una granja de bots relacionada con un operador político de derecha, de pronto el periodismo profesional parece sufrir una extraña enfermedad ocular.

—¿Hay una granja de bots?

—No vemos nada.

—¿Hay dinero?

—Nada.

—¿Hay operadores políticos?

—Qué interesante clima estamos teniendo últimamente.

Pero pongamos el asunto en contexto.

No estamos hablando simplemente de un fulano que abrió cincuenta cuentas falsas para conseguir tres likes y que su mamá le dijera que estaba haciendo un buen trabajo. Estamos hablando de operaciones digitales capaces de fabricar artificialmente la apariencia de consenso político.

Y eso debería ser una bomba periodística.

Porque las redes sociales tienen una característica maravillosa: permiten convertir una mentira repetida por mil personas en algo que parece verdad, siempre y cuando esas mil personas sean, en realidad, tres tipos con 600 teléfonos celulares y una computadora.

La vieja propaganda necesitaba periódicos, radio, televisión, imprentas, periodistas y dinero.

La propaganda moderna necesita un ejército de cuentas falsas y gente suficientemente crédula para confundir volumen con verdad.

Y aquí aparece Fernando Cerimedo.

El hombre no es precisamente un desconocido dentro de este ecosistema. Su nombre ha aparecido relacionado con estrategias digitales de la derecha latinoamericana, con La Derecha Diario y con operaciones de comunicación política. Ahora aparecen investigaciones y reportes sobre una presunta infraestructura de bots.

¿Y qué hace una parte del aparato mediático?

Silencio administrativo.

Nada que ver aquí, ciudadanos.

Circulen.

Hay que hablar de otra cosa.

Preferentemente de algo que no tenga relación con los intereses del propietario.

Porque esa es una de las maravillas del capitalismo mediático: el medio puede ser técnicamente independiente del gobierno y perfectamente dependiente de su dueño.

Y eso produce una criatura particularmente interesante: el periodista que puede investigar al presidente, al diputado, al sindicato, al gobierno extranjero, al comunista, al populista, al enemigo del libre mercado...

...pero cuando aparece una noticia incómoda a dos metros de su accionista principal, descubre súbitamente el valor de la prudencia.

«No podemos especular».

¡Magnífico!

La prudencia es una virtud extraordinaria.

Sobre todo cuando se aplica selectivamente.

Porque resulta curioso cómo algunos medios abandonan esa prudencia cuando encuentran un escándalo que afecta al adversario ideológico.

Entonces sí:

URGENTE.

ESCÁNDALO.

EXCLUSIVA.

EL GOBIERNO OCULTA LA VERDAD.

MÉXICO ESTÁ EN PELIGRO.

Pero cuando el asunto involucra a alguien políticamente cercano, aparece el sofisticado vocabulario corporativo:

«Estamos analizando la información».

«No existen elementos suficientes».

«Habrá que esperar a que las autoridades determinen responsabilidades».

«No queremos contribuir a la polarización».

Ah, sí.

La polarización.

Ese fenómeno que misteriosamente preocupa muchísimo más cuando el escándalo perjudica a tu bando.


El problema no es que tengan ideología

Aquí hay una cosa que debemos admitir.

Todos tenemos ideología.

El periodista tiene ideología.

El empresario tiene ideología.

El dueño del periódico tiene ideología.

El espectador tiene ideología.

Hasta el señor que dice «yo no tengo ideología, yo solamente digo las cosas como son» suele tener una ideología perfectamente instalada, sólo que viene sin etiqueta.

El problema no es tenerla.

El problema es negarla mientras se utiliza el poder mediático para presentarla como neutralidad.

Un periódico puede ser conservador.

Puede ser progresista.

Puede ser liberal.

Puede ser socialista.

Puede ser marciano.

Lo mínimo que debería exigirse es que el lector pueda saber desde dónde le están contando la realidad.

Porque el verdadero peligro no es un medio que diga:

«Nosotros pensamos esto».

El verdadero peligro es:

«Nosotros no pensamos nada. Simplemente presentamos los hechos».

No, amigo.

Nadie presenta los hechos desnudos.

Alguien decide qué noticia entra.

Alguien decide cuál queda fuera.

Alguien decide el titular.

Alguien decide qué fotografía utilizar.

Alguien decide a quién entrevistar.

Alguien decide qué escándalo merece cinco días de cobertura y cuál merece aproximadamente cuatro minutos antes de pasar a la sección de deportes.

Eso también es poder.

Y probablemente sea uno de los poderes menos comprendidos por el ciudadano.


La democracia no sólo puede ser manipulada desde el gobierno

Aquí está lo verdaderamente inquietante.

Durante décadas nos enseñaron a imaginar la propaganda como algo bastante primitivo.

Un dictador frente a una multitud:

«¡El líder tiene razón!»

Todos:

«¡Sí!»

Fin de la propaganda.

Pero ahora podemos fabricar artificialmente miles de voces.

Podemos crear cuentas.

Podemos automatizar publicaciones.

Podemos comprar publicidad.

Podemos amplificar determinadas narrativas.

Podemos hacer que un tema parezca gigantesco.

Podemos hacer que otro desaparezca.

Y entonces tenemos una pregunta incómoda:

¿Cuántas personas realmente piensan algo y cuántas simplemente están viendo que todo el mundo aparentemente piensa eso?

Porque el ser humano es un animal social.

Si entras a Twitter, TikTok o cualquier otra cloaca digital y ves que 200,000 personas están diciendo:

«ESTO ES LO QUE TODOS PENSAMOS»

tu cerebro empieza a sospechar que quizá deberías pensarlo también.

Y ahí está la magia.

No necesitas convencer a todo el mundo.

Sólo necesitas fabricar la sensación de que ya convenciste a todo el mundo.


Y entonces llegamos a los medios

Aquí es donde la historia se pone deliciosa.

Porque los medios tradicionales llevan años diciéndonos que debemos desconfiar de las redes sociales.

«No crean todo lo que ven en internet».

¡Excelente consejo!

¿Y qué hacemos con los medios?

¿Debemos creer absolutamente todo lo que vemos en televisión?

¿La televisión viene equipada con certificado de honestidad?

¿Cuando aparece un logotipo corporativo en la esquina de la pantalla, automáticamente desaparecen los intereses económicos?

¿El accionista recibe una vacuna contra el sesgo?

Por supuesto que no.

La diferencia es que la televisión tiene una apariencia de autoridad que las redes sociales no siempre tienen.

Y por eso el silencio de un gran medio puede ser incluso más poderoso que una mentira.

Porque no necesitas publicar una falsedad.

Puedes simplemente no publicar una verdad incómoda.

Y el ciudadano jamás sabrá que estaba allí.

Ese es el truco elegante.

La censura moderna no siempre consiste en prohibir que alguien hable.

A veces consiste en asegurarse de que nadie importante escuche.


Pero no deberíamos sorprendernos

¿Debería sorprendernos que un medio propiedad de un empresario con intereses políticos y económicos tenga límites sobre aquello que investiga?

Francamente, no.

Sería como sorprendernos de que McDonald's tenga ciertas opiniones sobre las hamburguesas.

La verdadera sorpresa sería descubrir un sistema mediático donde el dinero no tuviera ninguna influencia sobre las prioridades editoriales.

Eso sí sería ciencia ficción.

Y tampoco significa que todo periodista sea corrupto.

Al contrario.

Hay excelentes periodistas trabajando dentro de empresas imperfectas.

El problema es estructural.

Un periodista puede querer investigar una historia.

Pero después existen editores.

Directores.

Consejos.

Dueños.

Anunciantes.

Relaciones comerciales.

Amistades políticas.

Accionistas.

Y esa maravillosa criatura llamada:

«No es buen momento para publicar esto».

Una frase que probablemente ha matado más investigaciones periodísticas que cualquier dictador.


La pregunta realmente importante

Por eso yo no empezaría diciendo:

«TV Azteca es de derecha y por eso no lo cubrió».

Eso sería demasiado fácil.

Yo preguntaría algo mucho más incómodo:

¿Por qué cubre determinados escándalos con una intensidad enorme y otros con una intensidad microscópica?

Ahí está la prueba.

Porque si mañana descubren una granja de bots vinculada a un político de izquierda y el medio dedica cinco días, quince reportajes, entrevistas, mesas de análisis y música dramática de fondo...

...pero cuando aparece una infraestructura semejante vinculada a actores de derecha apenas aparece una nota perdida entre el pronóstico del tiempo y el precio del aguacate...

entonces ya no estamos hablando solamente de ideología.

Estamos hablando de criterios editoriales selectivos.

Y eso sí merece investigación.

Porque la democracia necesita ciudadanos capaces de distinguir entre:

«Esto es falso».

«Esto es verdadero».

Y una tercera categoría muchísimo más peligrosa:

«Esto es verdadero, pero decidimos que no era importante que usted lo supiera».

Ahí es donde empieza la diversión.

Porque el poder moderno no siempre necesita decirte qué pensar.

A veces sólo necesita decidir qué cosas no vas a tener oportunidad de pensar.

Y eso, queridos ciudadanos, es una forma bastante sofisticada de democracia.

Una democracia con libertad de expresión...

siempre y cuando la expresión encuentre primero la puerta de entrada al noticiero.