miércoles, 18 de febrero de 2026

 



📖 “Cómo hacer amigos en Los Pinos sin dejar de ser millonario”

Imaginen la escena.

Un magnate mexicano pregunta con aparente inocencia:
“¿Y si escribiera un libro sobre mi relación con los expresidentes, cómo debería llamarlo?”

Y yo solo puedo pensar:
No es un libro. Es una confesión corporativa ilustrada.

Porque cuando un empresario habla de “mi relación con los expresidentes”, no está hablando de sobremesas con vino tinto y discusiones sobre poesía.
Está hablando de ecosistemas.

En México no tenemos oligarquía.
Tenemos “amistades estratégicas”.


📚 Posibles títulos:

  • “50 sombras de la banda presidencial”

  • “Manual práctico para sobrevivir a cada sexenio”

  • “Yo no soy gobierno… pero marco a Palacio”

  • “Capitalismo de compadres: memorias no autorizadas”

Porque eso es lo que realmente nos incomoda.

No que un empresario tenga opinión.
No que critique al poder.

Sino que el poder y el dinero en este país juegan dominó en la misma mesa.


Carlin diría:

“En Estados Unidos no tienes elecciones, tienes dueños.”

En México sería:

No tenemos sexenios.
Tenemos temporadas.

Cambia el protagonista, pero los patrocinadores siguen siendo los mismos.


Hicks lo llevaría más lejos:

“¿Sabes qué es fascinante? Que los ricos siempre dicen que el problema es el gobierno… pero parecen conocerlo bastante bien. Lo visitan. Lo llaman. Lo financian. Lo sobreviven.”

Y ahí está el verdadero chiste.

No es que escriba el libro.
Es que el libro ya existe.

Se llama historia contemporánea de México.


🤡 Lo irónico

Cada presidente llega diciendo que va a acabar con “los poderes fácticos”.
Y seis años después:

  • unos se pelean con ellos,

  • otros negocian con ellos,

  • y otros salen en la foto sonriendo.

Pero el empresario…
ese sigue ahí.

Porque el poder político es temporal.
El capital, no.


🧠 Reflexión más profunda 

Aquí está la parte seria:

En una democracia sana, el poder económico y el político deben tener límites claros y contrapesos reales.

El problema no es que exista relación.
El problema es cuando esa relación no es transparente.

Y ahí es donde el humor duele.

Porque el comediante solo señala lo obvio:
Si un empresario puede escribir memorias sobre todos los presidentes con los que ha convivido, no es que tenga muchas anécdotas…
es que ha sido parte del tablero.

Y cuando eres parte del tablero, no eres espectador.
Eres jugador.


🧨 Final estilo Hicks

Imaginen que sí lo escribe.

Y en la contraportada diga:

“Este libro no influyó en ninguna decisión pública.
Todas las coincidencias con contratos, concesiones y regulaciones favorables son mera casualidad.”

Ahí el público se ríe.

Pero se ríe nervioso.

Porque el humor político no inventa nada.
Solo traduce lo que ya sabemos pero no queremos decir.


🗡️ Mantra de hoy:
“El poder que se exhibe busca aplauso; el poder que influye busca silencio.”

 Hablemos de Erica Chenoweth con calma y bisturí, porque su trabajo se cita mucho… y se entiende poco.

¿Quién es Chenoweth?

Erica Chenoweth es una politóloga estadounidense, especializada en conflictos, resistencia civil, terrorismo y cambio político. Su nombre se volvió famoso por el libro (y base de datos):

Why Civil Resistance Works (2011), escrito con Maria J. Stephan.

Ese trabajo se volvió canónico en movimientos sociales, ONGs, organismos internacionales e incluso manuales de “activismo estratégico”.


La definición central de Chenoweth

Para Chenoweth, la resistencia civil no violenta se define como:

Campañas colectivas, organizadas y sostenidas, que utilizan métodos no violentos (protestas, boicots, huelgas, desobediencia civil, no cooperación) para desafiar a un régimen, ocupación o estructura de poder.

Puntos clave de su definición:

  1. No es espontánea
    No basta con indignación o marchas aisladas. Tiene que haber:

    • Estrategia

    • Organización

    • Continuidad en el tiempo

  2. No es pasividad
    Chenoweth insiste mucho en esto:

    la no violencia no es inacción, es confrontación sin armas.

  3. Busca transferir poder, no solo expresar moralidad
    El objetivo no es “tener razón”, sino:

    • erosionar la lealtad de las élites,

    • fracturar apoyos al régimen,

    • volver gobernar más costoso que ceder.


Su afirmación más famosa (y polémica)

“Las campañas no violentas tienen el doble de probabilidad de éxito que las violentas”

Según su base de datos (1900–2006):

  • Campañas no violentas: ~53% de éxito

  • Campañas violentas: ~26% de éxito

¿Por qué? Según Chenoweth:

  • Permiten participación masiva (mujeres, ancianos, trabajadores).

  • Dificultan la justificación de la represión.

  • Provocan deserciones en fuerzas armadas y burocracias.

  • Mantienen legitimidad internacional.


La regla del 3.5%

Otra idea famosa (y muy citada, a veces de forma casi religiosa):

Ningún movimiento no violento que haya movilizado activamente al menos al 3.5% de la población ha fracasado.

Ojo con esto, camaradas:

  • No es una ley natural

  • No es una garantía automática

  • Es una observación histórica, no una promesa política

Y no significa:
❌ que solo con llegar al 3.5% el poder cae
❌ que cualquier causa es justa por ser masiva
❌ que el Estado se vuelve bueno por arte de magia


Lo que Chenoweth NO dice (pero muchos le atribuyen)

Aquí viene lo importante para la mirada crítica 👇

  1. No dice que la violencia sea siempre inmoral
    Su argumento es instrumental, no ético:

    “funciona menos”, no “es pecado”.

  2. No dice que el poder sea blando
    Reconoce que:

    • hay represión,

    • hay muertos,

    • hay derrotas brutales.

  3. No dice que el sistema sea neutral
    Pero muchos la usan para vender la idea de:

    “si protestas bien, el sistema te escuchará”.

Eso ya no es Chenoweth, es liberalismo edulcorado usando a Chenoweth como escudo académico.


Críticas fuertes a Chenoweth (muy relevantes)

Te comparto las más serias:

1. Sesgo de definición de “éxito”

  • A veces “éxito” significa:

    • caída del régimen,

    • pero no justicia social,

    • ni fin de la desigualdad,

    • ni democracia real.

Ejemplo: transiciones “pacíficas” que solo cambian élites.

2. Contexto geopolítico ignorado

Muchos casos exitosos:

  • contaron con presión internacional,

  • sanciones,

  • apoyo externo.

Eso no siempre es replicable, especialmente en el Sur Global.

3. Cooptación institucional

Los Estados y ONGs usan a Chenoweth para decir:

“Protesten, pero no crucen esta línea”.

La no violencia se vuelve:

  • permitida

  • administrada

  • desactivada


Lectura política honesta

Dicho sin rodeos:

  • Chenoweth no es ingenua

  • pero su trabajo sí ha sido domesticado

  • y usado para desarmar movimientos radicales

Su valor real está en esto:

la violencia no es la única forma de confrontar al poder
pero su límite es este:
la no violencia no sustituye el conflicto, solo cambia su forma

 

I. Lo que hicieron (sin mito, sin consigna)

Un grupo de hombres decidió actuar sin permiso de la Historia.

No esperaron:

  • elecciones,

  • condiciones “maduras”,

  • consensos,

  • ni garantías de éxito.

Hicieron algo que el liberalismo no puede justificar con sus categorías:
apostaron el cuerpo antes que el procedimiento.

El Granma no fue un acto simbólico: fue una ruptura material. Cruzaron el punto sin retorno. Desde ese momento, no había marcha atrás, ni negociaciones limpias, ni salidas elegantes.
Era ganar o desaparecer.

No tomaron el poder porque las instituciones se los cedieran.
Las instituciones eran el problema.

No apelaron primero a derechos abstractos, sino a:

  • lealtad,

  • disciplina,

  • sacrificio,

  • convicción.

Eso es clave: la revolución no comenzó como discurso, sino como riesgo físico.


II. Primer golpe al liberalismo: demuestra que la Historia no siempre avanza por consenso

El liberalismo se cuenta a sí mismo una fábula cómoda:
que el progreso ocurre cuando:

  • las ideas convencen,

  • los mercados ajustan,

  • las instituciones canalizan.

La épica cubana dice lo contrario:
a veces la Historia avanza cuando un grupo minoritario rompe el tablero.

Eso es intolerable para el liberalismo porque:

  • legitima la acción minoritaria,

  • relativiza el voto como único motor del cambio,

  • muestra que el poder real no siempre se derrota con argumentos.

La pregunta que queda flotando es peligrosa:

¿y si los cambios decisivos no nacen del procedimiento correcto, sino del conflicto?


III. Segundo golpe: revela que el Estado liberal también nació con violencia (pero lo quiere olvidar)

Aquí está la hipocresía central.

El liberalismo condena la épica revolucionaria como violenta,
pero oculta que:

  • las revoluciones liberales fueron sangrientas,

  • los Estados liberales se fundaron con guerras,

  • la propiedad privada se impuso con despojo.

La épica del Che les recuerda su propio origen, y eso incomoda.

Porque mientras el liberalismo quiere presentarse como:

orden, ley, civilización

la épica cubana grita:

todo orden nació de una ruptura previa.

Y eso les rompe el espejo.


IV. Tercer golpe: introduce una ética que no es individualista

La épica revolucionaria se sostiene en valores antilibérales:

  • el colectivo por encima del individuo,

  • la causa por encima del cálculo personal,

  • la muerte como posibilidad asumida.

Para el liberalismo, el sujeto ideal es:

  • prudente,

  • propietario,

  • conservador de sí mismo.

El guerrillero épico es lo opuesto:

  • arriesga,

  • se disuelve en el grupo,

  • acepta perderlo todo.

Eso no cabe en la antropología liberal.

No es que la refuten: no saben qué hacer con ella.


V. Cuarto golpe: demuestra que la épica no necesita permiso moral previo

El liberalismo exige siempre:

  • legitimación externa,

  • legalidad previa,

  • aprobación internacional.

La épica cubana se legitima después, no antes.
Primero actúa, luego la Historia juzga.

Eso es insoportable para una ideología que quiere:

reglas claras antes de cualquier acto.

La revolución dice:

cuando las reglas son el candado, romperlas es la única ética posible.


VI. Por eso no discuten la épica: la patologizan

Por eso muchos liberales no debaten esta historia, sino que:

  • la reducen a locura,

  • la llaman aventura irresponsable,

  • la explican como manipulación.

No la enfrentan en serio porque si la toman en serio, se abre una grieta peligrosa:

¿y si el orden actual no es el único horizonte posible?


Cierre

La épica del Che incomoda al liberalismo no porque sea perfecta,
sino porque funciona como prueba histórica de algo que preferiría negar:

👉 que el poder no siempre cae por persuasión,
👉 que la Historia no pide permiso,
👉 y que a veces un puñado de cuerpos decididos pesa más que mil editoriales.

I. El hecho incómodo

Es verdad:
hay cientos de relatos —libros, documentales, series— que narran el arranque “brillante” de la maquinaria nazi:

  • la eficacia del Blitzkrieg,

  • la disciplina alemana,

  • la audacia estratégica,

  • la rapidez con la que cayeron países enteros.

Y eso, en muchos círculos liberales, no provoca el mismo escándalo moral que la épica revolucionaria cubana.

¿Por qué?


II. Porque esa épica no amenaza el orden liberal, lo confirma

La clave es esta:

👉 la épica nazi se narra como desviación monstruosa,
👉 la épica revolucionaria se narra como posibilidad latente.

Cuando se cuenta la historia militar de Hitler, el marco es siempre:

“fue impresionante, pero terminó en desastre”.

Eso la vuelve segura. Es un pasado cerrado, condenado, sin futuro político posible.

En cambio, la épica del Che no está clausurada:

  • sugiere que pequeños grupos aún pueden desafiar órdenes injustos,

  • que la Historia no está terminada,

  • que el poder puede ser derrocado desde abajo.

Eso asusta.


III. Porque Hitler sirve como “mal absoluto” funcional

El liberalismo necesita un villano absoluto para:

  • reafirmarse como centro moral,

  • evitar mirar sus propias violencias,

  • cerrar cualquier comparación incómoda.

Hitler cumple ese papel a la perfección.

Narrar su eficiencia inicial no legitima su causa, porque:

  • ya está condenado moralmente,

  • no ofrece un horizonte político alternativo,

  • no interpela al presente.

Es una épica sin herencia.

La revolución cubana, en cambio, sí tiene herederos posibles.
Y eso es intolerable.


IV. Porque la épica nazi puede separarse de su ideología; la otra no

Los relatos sobre Hitler suelen hacer esto:

  • separan la técnica de la causa,

  • admiran la logística sin cuestionar el sistema que la produjo,

  • convierten la guerra en un fenómeno casi ingenieril.

Eso permite una fascinación “neutral”.

Con la revolución cubana no se puede hacer lo mismo:

  • su técnica está unida a su ideología,

  • su épica implica una ética,

  • obliga a tomar postura.

No es un espectáculo: es una pregunta viva.


V. Porque una épica refuerza jerarquías, la otra las rompe

La épica nazi exalta:

  • orden,

  • obediencia,

  • jerarquía,

  • eficiencia vertical.

Valores que el liberalismo tolera e incluso admira cuando se presentan como “gestión” o “capacidad organizativa”.

La épica revolucionaria exalta:

  • insubordinación,

  • igualdad radical,

  • desobediencia,

  • ruptura del mando tradicional.

Eso sí es peligroso.


VI. Porque una se convierte en advertencia, la otra en tentación

Hitler es narrado como:

“miren lo que pasa cuando se rompe el equilibrio”.

El Che es narrado como:

“miren lo que pasa cuando alguien se atreve”.

Una historia sirve para disciplinar.
La otra, para encender.

Y el liberalismo prefiere ciudadanos advertidos, no ciudadanos incendiados.


VII. Cierre brutal

No incomoda que se cuente la eficacia inicial de Hitler porque:

  • no cuestiona el presente,

  • no ofrece modelo,

  • no convoca acción.

Incomoda la épica revolucionaria porque:

  • interpela,

  • abre posibilidad,

  • recuerda que el orden no es natural.

Por eso se permite estudiar con fascinación la guerra nazi,
pero se exige condena previa, permanente y ritual cuando se habla del Che.

No es una cuestión moral.
Es una cuestión de control del imaginario.

 Peter Linebaugh estudió el papel que la privatización de los comunes tuvo a la hora de crear una masa social empobrecida en Inglaterra en el siglo XVII, que fue a engrosar las filas de marineros, colonos y piratas que, junto a esclavos, protagonizaron una serie de revueltas que marcaron la historia del Atlántico. 

lo que Linebaugh está señalando ahí es una cadena histórica muy concreta de despojo → proletarización → rebelión, pero vista desde abajo, no desde los reyes ni los parlamentos. 


1. La privatización de los comunes: el pecado original

En la Inglaterra del siglo XVII, enormes extensiones de tierra que durante siglos habían sido comunales —bosques, pastizales, ríos— fueron cercadas (enclosures).
Eso significó algo brutal y simple:

  • La gente pobre ya no podía pastar animales

  • Ya no podía recolectar leña

  • Ya no podía cazar ni pescar

  • Ya no podía subsistir sin dinero

No fue “modernización”.
Fue expropiación legalizada.

Linebaugh insiste en esto: el capitalismo no nace creando riqueza, sino creando pobres.


2. De campesinos a “población sobrante”

Esa masa expulsada del campo no desaparece mágicamente.
Se convierte en:

  • vagabundos

  • mendigos

  • criminalizados por leyes durísimas (las Bloody Laws)

  • mano de obra desesperada

Es lo que Marx llamará después acumulación originaria, pero Linebaugh lo aterriza con nombres y cuerpos.

El Estado no les ofrece bienestar.
Les ofrece cárcel, azotes o el mar.


3. El Atlántico como válvula de escape del sistema

¿Dónde metes a millones de personas desposeídas?

En el Atlántico.

Ahí aparece el triángulo:

  • Marineros forzados o semi-forzados

  • Colonos enviados a la brava

  • Esclavos africanos secuestrados

  • Piratas y desertores

Todos compartían algo clave:
👉 habían sido arrancados de los comunes, de la posibilidad de vivir fuera del mercado.

Linebaugh muestra que el Atlántico no fue solo comercio:
fue un laboratorio de disciplinamiento social.


4. El barco: fábrica flotante y cárcel

El barco atlántico funciona como una proto-fábrica capitalista:

  • disciplina extrema

  • castigos corporales

  • jerarquía rígida

  • trabajo continuo

  • salarios míseros o inexistentes

Pero aquí viene lo que le interesa a Linebaugh:

🔥 Ese mismo espacio produjo resistencia.


5. Piratas, esclavos y marineros: una internacional plebeya

Piratas y tripulaciones rebeldes no eran solo criminales románticos.
Eran trabajadores fugados.

  • elegían capitanes

  • repartían botín de forma relativamente igualitaria

  • compensaban mutilaciones

  • rechazaban la disciplina del comercio imperial

En muchos barcos había:

  • ingleses pobres

  • africanos esclavizados

  • irlandeses deportados

  • desertores de ejércitos

Una multitud atlántica, como dice Linebaugh (junto con Rediker).

Eso aterrorizaba al poder:
no solo robaban, mostraban que otra organización social era posible.


6. Las revueltas atlánticas

De ahí salen:

  • motines en barcos

  • fugas colectivas

  • comunidades cimarronas

  • revueltas portuarias

  • piratería como guerra social

No eran episodios aislados.
Eran respuestas sistémicas a un despojo sistémico.


7. La tesis de fondo (la clave)

Linebaugh nos dice algo muy incómodo:

El capitalismo no solo necesitó esclavos y colonias;
necesitó destruir los comunes para crear sujetos obedientes.

Y cuando esos sujetos no obedecieron,
🔥 el Atlántico ardió.


8. Por qué esto importa hoy

Porque cada vez que se privatiza:

  • el agua

  • la tierra

  • la vivienda

  • el conocimiento

se está recreando el mismo proceso:
fabricar precariedad para disciplinar.

La diferencia es que hoy el barco se llama:
plataforma, call center, app, deuda..

 1. Oprah como síntesis perfecta del liberalismo emocional 🧠✨

La ideología central de sus programas podría resumirse así:

“Todo es transformable si cambias tu mentalidad.”

Eso suena bonito… pero políticamente es potente.

Rasgos clave:

  • El sufrimiento es individual, no estructural

  • El éxito depende de tu actitud, no de las condiciones materiales

  • El trauma se supera, no se politiza

  • La injusticia se sana, no se confronta

Es liberalismo clásico envuelto en lenguaje terapéutico.

No te dice “el sistema es injusto”, te dice:

“¿Qué parte de ti necesita sanar para prosperar dentro del sistema?”


2. Psicología sin política: el gran desplazamiento 🛋️➡️🏛️

En los programas de Oprah:

  • Hay emociones

  • Hay confesión

  • Hay llanto

  • Hay redención personal

Pero casi nunca hay:

  • Análisis de clase

  • Crítica al capitalismo

  • Cuestionamiento del poder económico

  • Responsabilidad estructural

Esto produce algo clave:
👉 la despolitización del dolor

El dolor deja de ser:

“Esto me pasa porque vivo en una estructura injusta”

y se vuelve:

“Esto me pasa porque aún no he trabajado lo suficiente en mí”.


3. El “empoderamiento” como obediencia sofisticada 💪🙂

Oprah populariza una idea muy peligrosa (aunque parezca positiva):

“Eres responsable de todo lo que te pasa.”

En apariencia es autonomía.
En el fondo es culpa internalizada.

Si fracasas:

  • No es el mercado

  • No es el racismo estructural

  • No es la desigualdad
    👉 es que no vibraste bien, no creíste lo suficiente, no sanaste tu infancia.

Eso absuelve al sistema y culpabiliza al individuo.


4. Espiritualidad compatible con Wall Street 🧘‍♀️💼

La espiritualidad que promueve Oprah:

  • No incomoda al poder

  • No cuestiona la acumulación

  • No llama a la desobediencia

  • No exige justicia material

Es una espiritualidad perfectamente neoliberal:

  • Meditación para rendir mejor

  • Gratitud para no protestar

  • Aceptación para no rebelarte

No es casual que convivan:

  • Gurús

  • CEOs

  • Coaches

  • Millonarios “conscientes”

Todo armonizado.


5. Oprah como figura moral del capitalismo tardío 👑

Aquí viene lo fino:

Oprah funciona como:

sacerdotisa laica del sistema

  • Escucha tu dolor (como la religión)

  • Te promete redención (como la religión)

  • Te da rituales (libros, charlas, hábitos)

  • Pero nunca cuestiona el orden económico

Es consuelo sin emancipación.


6. Ojo: no es “fraude”, es hegemonía 🧩

Importante aclararlo, camaradas:
No es que Oprah sea “malvada” o cínica.

Es más peligroso:
👉 cree sinceramente en lo que dice, y por eso es tan eficaz.

Gramsci puro:

  • Hegemonía cultural

  • Consenso emocional

  • Dominación sin coerción

La gente agradece el mensaje que la desarma políticamente.


7. Una frase que resume todo

Si Marx dijera:

“Los filósofos han interpretado el mundo; de lo que se trata es de transformarlo”

Oprah diría:

“Transforma tu interior y el mundo se acomodará”.

Y ahí está la grieta.




Jordan Peterson, Tony Robbins o Deepak Chopra. 

propongo una comparación ideológica clara, sin demonizarlos, pero sin anestesia.


1. El terreno común: los cuatro venden sentido 🧩

Oprah, Peterson, Robbins y Chopra no venden ideas sueltas, venden algo más profundo:

una narrativa para sobrevivir al capitalismo tardío sin cuestionarlo

Todos comparten:

  • Centralidad del individuo

  • Transformación interna antes que externa

  • Responsabilidad personal como eje

  • Casi nula crítica estructural

La diferencia no es el fondo, sino el envoltorio.


2. Oprah vs Tony Robbins

Liberalismo emocional vs liberalismo motivacional

Oprah

  • Lenguaje: trauma, sanación, autenticidad

  • Público: víctimas del dolor emocional

  • Mensaje: “Sana tu historia para florecer”

  • Poder: consuelo, validación

Tony Robbins

  • Lenguaje: energía, decisión, disciplina

  • Público: frustrados con bajo rendimiento

  • Mensaje: “Si no triunfas es porque no te activas”

  • Poder: culpa + euforia

👉 Robbins es Oprah sin lágrimas y con gritos.

Crítica clave:

  • Robbins convierte la desigualdad en falta de hambre

  • Oprah la convierte en herida no sanada
    Ambos desactivan la política.


3. Oprah vs Deepak Chopra

Psicología pop vs misticismo descafeinado

Deepak Chopra

  • Lenguaje: física cuántica mal digerida, conciencia, universo

  • Truco ideológico: usa ciencia como autoridad simbólica

  • Mensaje: “Tu mente crea la realidad”

Oprah

  • Más prudente, más humana

  • No inventa ciencia, pero la diluye

  • Mensaje: “Tu interior explica tu destino”

👉 Chopra es más peligroso epistemológicamente
👉 Oprah es más eficaz culturalmente

Ambos desplazan:

  • Causa material → causa espiritual

  • Conflicto social → desajuste vibracional


4. Oprah vs Jordan Peterson

Terapia amable vs orden moral autoritario

Aquí se pone sabroso.

Jordan Peterson

  • Lenguaje: mito, biología, jerarquías

  • Mensaje: “El orden es natural, adáptate”

  • Público: hombres desorientados

  • Política implícita: conservadurismo meritocrático

Oprah

  • Lenguaje: empatía, narrativa personal

  • Mensaje: “Puedes sanar dentro del sistema”

  • Público: víctimas del sistema

  • Política implícita: liberalismo progresista

👉 Peterson justifica la jerarquía
👉 Oprah la humaniza

Pero ambos coinciden en algo brutal:

El sistema no es el problema. Tú debes ajustarte.

Peterson te dice: “Endurece”
Oprah te dice: “Abraza”
Resultado: obediencia adaptativa.


5. ¿Quién es el más honesto? (spoiler incómodo)

Aquí va una bomba, camaradas 💣:

  • Peterson al menos sí cree que hay conflicto

  • Robbins cree que todo se arregla con voluntad

  • Chopra vende humo cuántico

  • Oprah nunca te invita a confrontar el poder

Paradójicamente, Peterson es el único que no promete armonía, sino orden.
Eso lo vuelve más autoritario, pero menos anestésico.


6. Entonces… ¿por qué sí funcionan contigo y conmigo?

Porque dicen medias verdades:

  • Sí importa la responsabilidad personal

  • Sí importa sanar heridas

  • Sí importa el sentido

  • Sí importa la disciplina

Lo que ocultan es el límite de esas herramientas.

Ninguna de ellas:

  • Cambia salarios

  • Regula mercados

  • Redistribuye poder

  • Evita la explotación

Son muletas emocionales, no herramientas políticas.


7. Frase final para Ideas sin Inmunidad 🧠🔥

“Oprah consuela al herido, Robbins lo empuja, Chopra lo confunde y Peterson lo ordena.
Ninguno se pregunta quién puso el campo minado.”