"Camerunés colonizado, fingiendo duro ser francés, resentido, rico nuevo, prepotente y feo".Además, lamentó no haberle dado una bofetada al finalizar el partido Celeste Amarilla
"Los aristócratas de supermercado"
¿Leyeron eso de "rico nuevo"?
¡Me encanta!
Porque revela algo maravilloso.
Hay gente que cree que el dinero tiene pedigrí.
No basta con tener millones.
También debes tener bisabuelos con millones.
Porque si tu abuelo trabajó...
¡Qué vergüenza!
El "rico nuevo" es un insulto inventado por el "rico viejo", que heredó una fortuna y ahora quiere convencernos de que la herencia también transmite elegancia.
Es una monarquía... pero con tarjetas Platinum.
Para los políticos y las élites tradicionales, el dinero de un "rico nuevo" —como un atleta que salió desde abajo a base de puro talento y esfuerzo— es un dinero "vulgar". Les molesta profundamente porque rompe su fantasía de superioridad. Ellos creen que el estatus se hereda, se legisla o se roba elegantemente a través del presupuesto del Estado. Que un muchacho de los suburbios de París se vuelva multimillonario pateando un balón les genera una envidia que no pueden procesar. Así que intentan rebajarlo diciéndole que no tiene "clase". Es el colmo de la hipocresía: una funcionaria pública que vive de los impuestos de la gente, criticando cómo hizo su fortuna un tipo que llena estadios por mérito propio.
Y luego está la otra joya:
"Debieron darle una bofetada al terminar el partido."
¿No les fascina cómo la violencia siempre parece aceptable... cuando la propone alguien sentado cómodamente?
Nunca dicen:
"Yo voy."
No.
Dicen:
"Alguien debería golpearlo."
Es la versión política de contratar un sicario moral.
Ellos ponen el odio.
Esperan que otro ponga los puños.
Y eso es precisamente lo inquietante.
No era un aficionado borracho gritando desde la tribuna.
Era una senadora.
Una persona cuya descripción del puesto consiste, en teoría, en redactar leyes...
...no en sugerir agresiones físicas contra un deportista porque perdió un partido.
La fantasía del castigo: A los políticos les fascina la violencia física, siempre y cuando la ejerza otro en su nombre. Como el equipo de su país no pudo ganarle en la cancha con el balón, ella desea que lo hubieran "disciplinado" con golpes. Es la mentalidad del colonizador frustrado: "Si no puedo ganarte bajo las reglas, quiero verte humillado físicamente".
El berrinche del幼儿园 (patio de juegos): Es la reacción primitiva de alguien que no sabe perder. Desearle daño físico a un rival deportivo porque te ganó un partido de fútbol demuestra que esta mujer tiene la madurez emocional de un tonto que tira el tablero de ajedrez cuando va perdiendo.
Y lo más ridículo de todo es su justificación final: "Y eso que no soy fanática del fútbol". ¡Por supuesto que no lo eres! Si fueras fanática, estarías hablando de táctica, de goles o de arbitraje. Pero como eres una política oportunista, solo usas el evento masivo para proyectar tus propios complejos, tu racismo y tus ganas de ver a alguien recibir un golpe por el simple pecado de ser mejor que los tuyos.
Es el viejo truco de la televisión y el circo romano: si no puedes darle pan al pueblo, al menos dale el espectáculo de tu propia miseria mental.
Imaginen si un senador dijera:
"Deberían darle una cachetada a un juez."
O:
"A un periodista."
O:
"A un diputado."
Todo el mundo hablaría de amenazas contra la democracia.
Pero como es un futbolista...
Algunos hasta se ríen.
Porque vivimos en una sociedad donde la violencia cambia de nombre según la víctima.
Y luego preguntan por qué casi nunca pasa nada.
Porque la impunidad no empieza cuando un juez absuelve.
Empieza mucho antes.
Empieza cuando una parte del público dice:
"Bueno... tampoco es para tanto."
Esa frase...
"No es para tanto."
Es el fertilizante favorito de la impunidad.
Porque el poder no necesita que todos lo defiendan.
Le basta con que suficientes personas minimicen lo que hace.
Y así seguimos.
Una senadora hablando como un troll de internet.
Miles aplaudiendo.
Unos cuantos indignándose.
Dos días de escándalo.
Y después...
El siguiente espectáculo.
Porque el circo moderno ya ni siquiera necesita leones.
Le basta con políticos que creen que un cargo público es una licencia para convertir el odio en conferencia de prensa.
Mbappé sigue siendo rico (nuevo o viejo, da igual), sigue siendo exitoso y sigue siendo mejor que toda esa rabia junta. Mientras tanto, la senadora sigue siendo… lo que es.
Y la bofetada que tanto deseaba se la terminó dando ella misma, en público, con sus propios tuits.
Que siga el espectáculo, damas y caballeros. La estupidez humana nunca decepciona.
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