miércoles, 24 de diciembre de 2025

 Joanne Roberts y John Armitage han escrito en ese sentido que «el mecanismo más importante para el funcionamiento de la economía del conocimiento no es necesariamente su mayor dependencia de las capacidades intelectuales, sino la mayor determinación que aplica a inhibir tales aptitudes»

Roberts y Armitage dicen algo incómodo, casi indecente para el optimismo tecnológico:
la economía del conocimiento no vive de exprimir inteligencias, sino de ponerles bozal.

¿Qué parece decir… y qué dice en realidad?

A primera vista uno cree que esta economía funciona porque ahora usamos más el cerebro que los músculos. Bonito, inspirador, muy PowerPoint.

Ellos responden: no tan rápido.

Lo verdaderamente decisivo no es que haya más talento, más títulos, más neuronas en red,
sino cómo el sistema decide cuándo, cómo y para qué puede usarse esa inteligencia.

El truco del sistema:

La economía del conocimiento:

-forma personas capaces

-pero regula estrictamente su pensamiento

-y penaliza lo que se sale del carril

No necesita genios libres.
Necesita mentes brillantes… obedientes, productivas, predecibles, estandarizadas.

Pensar, sí.
Pensar demasiado, no.
Pensar fuera, menos.

Inhibir no es apagar: es domesticar

“Inhibir” aquí no significa volver tonto al trabajador, sino algo más fino y más cruel:

-reducir la creatividad a métricas

-convertir el conocimiento en procedimiento

-transformar la inteligencia en “competencia transferible”

premiar la repetición eficiente y castigar la duda incómoda

Es inteligencia con correa.
Cerebros en horario laboral.

El eco del profesor esloveno

¿Ves el parentesco?

Como en el examen: no se castiga no saber, se castiga no jugar según la regla.
Aquí tampoco se castiga la inteligencia, se castiga la inteligencia que incomoda.

El sistema no teme la ignorancia.
Teme la lucidez que pregunta por qué.

En una línea, afilada

Roberts y Armitage nos dicen esto, sin poesía pero con veneno:

La economía del conocimiento no se sostiene liberando mentes,
sino administrando cuidadosamente hasta dónde pueden pensar.

Mucho cerebro.
Poca libertad.
Y un silencio muy bien remunerado. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario