sábado, 13 de diciembre de 2025

 

Calorías: la mentira contable

La industria alimentaria tiene una historia favorita. No es muy compleja, porque si fuera compleja la gente empezaría a pensar, y eso es peligroso para el negocio. La historia es esta:
calorías que entran, calorías que salen.
Fin del cuento.
A dormir tranquilos, ciudadanos.

¿Quieres beber basura líquida? Adelante.
¿Refrescos, edulcorantes, jarabes, colores radioactivos? No pasa nada.
Solo ajusta las calorías.
Como si el cuerpo fuera una cuenta bancaria, no un organismo vivo.

Es una idea preciosa.
Infantil.
Falsa.

La industria no habla de comida, habla de contabilidad.
No vende nutrición, vende permiso moral.
“Puedes seguir igual, no cambies nada, solo resta un numerito.”
Es la misma lógica con la que las empresas contaminan y luego “compensan” con arbolitos.
Matamos aquí, pero cuadramos allá.

Dicen:
“Una caloría es una caloría.”
Claro. Y una bala es una bala.
Pero no es lo mismo en la pierna que en la cabeza.

El cuerpo no es Excel.
No funciona con celdas verdes y rojas.
Funciona con hormonas, señales, inflamación, hambre real y hambre inducida, microbiota, estrés, sueño, adicción.
Pero eso no cabe en un anuncio de 15 segundos, así que lo borran.

Te dicen:
“Bebe esto sin azúcar.”
“Cero calorías.”
“Culpabilidad cero.”
Lo que no dicen es:
“Confundimos tu cerebro.”
“Alteramos tu apetito.”
“Entrenamos tu paladar para odiar la comida real.”
“Te dejamos con hambre, pero sin saber de qué.”

Y luego, cuando no funciona, la culpa es tuya.
Siempre tuya.

—“No tuviste disciplina.”
—“No contaste bien.”
—“Fallaste.”

Nunca dicen:
“Te mentimos.”
“Te dimos productos diseñados para que comas más.”
“Redujimos la nutrición a una caricatura para seguir vendiendo basura.”

Porque si el problema fuera solo la voluntad individual, ellos quedarían limpios.
Y si el problema es estructural, industrial, sistémico…
entonces alguien tendría que rendir cuentas.
Y eso jamás entra en la ecuación.

Así que repiten el mantra como iglesia moderna:
calorías entran, calorías salen.
Amén.

Pero el cuerpo no cree en mantras.
El cuerpo pasa factura.
Y cuando la paga llega, no acepta excusas de marketing.

La verdad es sencilla y por eso incomoda:
no todo lo que se puede beber es comida,
no todo lo que no engorda es inocente,
y no todo lo que es legal es saludable.

El conteo de calorías no es ciencia:
es una coartada.

Y mientras sigamos creyendo que el problema está en nosotros y no en el sistema que nos alimenta, la industria seguirá feliz, delgada…
y llena de dinero.

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