“échale ganas” es una de esas frases chiquitas que cargan un mundo entero encima. Parece inocente, hasta cariñosa… pero si la miras con calma, es profundamente política.
Vamos por partes.
1. La versión luminosa
En su mejor versión, échale ganas es acompañamiento.
Es alguien que no sabe qué decir y, aun así, quiere estar contigo.
Es torpe, sí, pero no necesariamente mala intención. A veces significa:
“No tengo soluciones, pero te veo y no te suelto.”
En contextos íntimos, puede ser un gesto de afecto limitado por el lenguaje.
2. La versión tóxica (la más común)
Aquí es donde se vuelve peligrosa.
Échale ganas suele ser una forma elegante de decir:
-
“Tu problema es individual”
-
“Si no sales adelante es porque no quieres”
-
“No me pidas cambios estructurales, arréglatelas tú”
Es la psicología del neoliberalismo hecha frase de WhatsApp.
No habla de:
-
salarios,
-
jornadas,
-
violencia,
-
precariedad,
-
enfermedad mental,
-
desigualdad de origen.
Habla solo de voluntad, como si todos partiéramos del mismo punto.
3. Culpa disfrazada de motivación
La trampa es esta:
Si le echas ganas y no funciona → es tu culpa.
El sistema queda limpio, inocente, intocable.
Por eso se le dice a:
-
quien trabaja 12 horas,
-
quien está deprimido,
-
quien vive con miedo,
-
quien ya está exhausto.
Nunca se le dice échale ganas al banco, al patrón o al Estado.
4. El mandato del optimismo
La frase también exige buena actitud obligatoria.
No solo sufre, sufre sonriendo.
No solo resiste, agradece.
Si te quejas, eres negativo.
Si señalas la injusticia, eres conflictivo.
Si te cansas, te falta carácter.
5. ¿Entonces qué hacemos con ella?
No se trata de prohibirla, sino de desactivarla.
Cambiar:
-
“échale ganas”
por: -
“¿qué necesitas?”
-
“esto no debería ser así”
-
“no estás exagerando”
-
“no es solo tu responsabilidad”
Y cuando nos la digamos a nosotros mismos, hacerlo con conciencia:
no como látigo,
sino como cuidado.
Cierre
Échale ganas es el mantra de una sociedad que no quiere cambiar nada,
pero tampoco quiere sentirse culpable.
Reflexionarla ya es un acto de resistencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario