lunes, 22 de diciembre de 2025

 Miren…

vivimos en una época maravillosa:
la gente no tiene personalidad, tiene marca.

Antes eras humano.
Ahora eres outfit.

Ahora eres Heterocromía

No tienes ideas, tienes Loro Piana.
No tienes hobbies, tienes golf.
No tienes gusto, tienes Aperol.
Y no tomas Aperol porque te guste…
lo tomas porque el color combina con tu vacío emocional.

“Soy libre, soy diferente, soy auténtico”,
dice el cabrón vestido exactamente igual
que los otros 40 tipos con complejo de aristócrata huérfano
jugando golf para sentirse poderosos
golpeando una bolita
como si así fueran a resolver el trauma de papá.

¡El golf!
Ese deporte donde caminas kilómetros
para no llegar a ningún lado.
Perfecta metáfora de tu vida.

Y luego está el ego…
¡oh, el ego moderno!
Frágil como copa de cristal,
pero con esteroides.

“No soy superficial”, dicen,
mientras te juzgan por la ropa,
por el cuerpo,
por la bebida,
por el signo zodiacal
—porque ahora el horóscopo es psicología para pendejos con Wi-Fi.

“Soy Escorpio, soy intenso.”
No, cabrón.
Eres inseguro con suscripción premium.

Y cuando todo se cae,
cuando la fantasía se rompe,
cuando el amor no era amor sino un espejo con filtro,
entonces viene la frase sagrada:

“Empecé mi vida desde cero.”

¡Desde cero mis huevos!
Empezaste desde Instagram,
con trauma reciclado
y frases de superación copiadas
de alguien que también está perdido.

Y claro, la víctima profesional aparece:
“Me engañaron.”
Sí…
te engañaron con exactamente lo que querías ver.

Porque no buscabas amor,
buscabas aprobación.
No querías compañía,
querías audiencia.

Y ahí están los fans…
defendiendo multimillonarios emocionales
como si les fueran a heredar algo
además de ansiedad y comparaciones.

Fans que dicen:
“Déjenla en paz.”
No, cariño…
nadie la ataca.
La estamos observando.
Como se observa un síntoma.

Porque no es Belinda.
No es el golf.
No es el Aperol.
No es Loro Piana.

Es esta sociedad que confunde lujo con sentido,
estatus con valor,
y ego con identidad.

Y si eso te ofende…
perfecto.

La verdad no está diseñada
para gustarte.
Está diseñada
para despertarte.

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