“Soy mujer y voto.
¡Wow! Yo soy humano y respiro.
¿Aplausos o todavía no?
‘Precisamente porque soy mujer elijo la libertad’.
Ajá… ¿cuál libertad?
Porque hay libertades tipo Netflix:
parece que eliges,
pero solo entre lo que ya pagaste.
Libertad económica dicen…
claro, la libertad de emprender…
hasta que te enfermas,
hasta que cuidas a alguien,
hasta que el mercado dice:
gracias por participar, vuelva cuando no sea pobre.
‘Libertad para expresarme sin miedo a la cancelación’.
¡Ah, esa es buenísima!
O sea:
quiero decir lo que quiera,
pero no quiero que nadie diga nada después.
Eso no es libertad,
eso es micrófono con silenciador ajeno.
Y ojo, nadie te cancela el voto.
No te quitan el INE,
no te mandan al gulag,
no te borran del padrón.
Solo pasa algo aterrador:
alguien te responde.
Y a esta gente la crítica le da alergia.
‘Batalla cultural’.
Me encanta ese término.
Suena épico…
pero siempre significa lo mismo:
convertir problemas reales
en slogans de playera.
Porque es más fácil decir libertad
que explicar
quién la tiene,
quién no,
y quién la paga.
Y el truco final es precioso:
toman una experiencia individual,
la envuelven en identidad,
la venden como universal
y si preguntas algo…
¡zas!
te dicen que estás contra la libertad.
Pero déjenme decirles algo incómodo…
Elegir no es ser libre.
Ser libre es poder elegir aunque no tengas dinero.
Y la libertad que solo funciona para algunos
no es libertad…
es privilegio con marketing.
Así que sí, suena bonito.
Como suenan bonitas las promesas.
Como suenan bonitas las mentiras bien dichas.
Y por eso hay que reflexionar sobre estos discursos:
porque cuando dejamos de pensar,
alguien más piensa por nosotros…
y casi siempre cobra por ello.”
MIC DROP
No hay comentarios:
Publicar un comentario