sábado, 13 de diciembre de 2025

 

El velo, el Estado y la trampa del falso laicismo

Hay una confusión deliberada circulando en el debate público: se nos quiere hacer creer que permitir el uso de velo religioso en una foto oficial del pasaporte es una amenaza al Estado laico, a la seguridad o a la identidad nacional. No lo es. Al contrario: es una reafirmación del Estado constitucional de derechos.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación no “cedió ante la religión”, no “abrió la puerta al fundamentalismo”, ni convirtió al Estado mexicano en confesional. Lo que hizo fue algo mucho más sencillo —y mucho más profundo—: recordar que el Estado existe para servir a las personas, no para uniformarlas.

1. El error de fondo: confundir laicidad con hostilidad

El Estado laico no es un Estado antirreligioso.
No consiste en borrar las creencias del espacio público, sino en no imponer ninguna.

Cuando una autoridad le dice a una mujer: “si no te quitas el velo, no hay pasaporte”, no está siendo neutral; está imponiendo una visión cultural específica (la del sujeto “neutral” que en realidad responde a la norma mayoritaria).

Eso no es laicidad.
Eso es asimilacionismo: “puedes ejercer tus derechos siempre y cuando te parezcas a nosotros”.

La Corte entendió algo clave:
👉 La neutralidad del Estado no se logra haciendo invisibles a las minorías, sino tratándolas como ciudadanas plenas.

2. El punto que muchos omiten (a propósito)

La decisión no permite ocultar el rostro.
No elimina requisitos de identificación.
No compromete la seguridad.

El criterio es simple y razonable:
si el rostro es visible y la persona es identificable, el objetivo del documento se cumple.

Todo lo demás es ruido ideológico.

Decir que esto “pone en riesgo la seguridad” es como decir que una barba, un turbante o un hábito religioso son amenazas en sí mismas. Eso no es un argumento técnico: es un prejuicio disfrazado de preocupación administrativa.

3. El trasfondo real de la oposición

Cuando alguien se opone a este fallo, casi nunca está defendiendo un reglamento. Está defendiendo otra cosa:

– La idea de que hay una forma “correcta” de verse.
– La idea de que la diferencia es sospechosa.
– La idea de que la diversidad debe tolerarse solo en privado, nunca frente al Estado.

En el fondo, el mensaje es este:
“Cree lo que quieras, pero no lo muestres cuando pidas derechos.”

Eso es incompatible con una democracia constitucional.

4. Libertad religiosa no es privilegio

Otro engaño frecuente: presentar este fallo como un “trato especial”.

No lo es.

No se le dio un derecho extra a nadie.
Se evitó que se negara un derecho básico por motivos religiosos.

La libertad religiosa, como la libertad de expresión, solo existe si se puede ejercer sin castigo institucional. Si para obtener un documento oficial tienes que renunciar a una práctica central de tu fe, entonces esa libertad es ficticia.

La Corte no dijo: “la religión manda”.
Dijo: “el Estado no puede castigar la religión cuando no hay un daño real a terceros”.

5. Un Estado fuerte no teme a la diversidad

Los Estados débiles necesitan ciudadanos homogéneos.
Los Estados autoritarios temen los símbolos.
Los Estados seguros de sí mismos no se asustan porque una mujer use velo en una foto.

México es —o dice ser— un país plural, multicultural y constitucional. Este fallo va en esa dirección: reconocer que la ciudadanía no se mide por apariencia, sino por derechos.

6. La pregunta correcta

La pregunta no es:

“¿Por qué permitir el velo?”

La pregunta es:

“¿Con qué derecho el Estado impediría a alguien ejercer su fe cuando no afecta a nadie?”

Quien no puede responder eso sin recurrir al miedo, al prejuicio o a la caricatura, ya perdió el debate.


Conclusión

Este fallo no debilita al Estado laico: lo fortalece.
No relativiza la ley: la constitucionaliza.
No abre la puerta al fanatismo: cierra la puerta a la discriminación burocrática.

La Corte hizo lo que debe hacer una Corte en una democracia: poner límites al poder administrativo cuando invade la esfera de la dignidad humana.

Todo lo demás —los gritos, los alarmismos, los “ya nos van a imponer”— es ruido.
Ruido de quienes confunden orden con uniformidad y neutralidad con exclusión.

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