domingo, 14 de diciembre de 2025

 “En tiempos de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario.”

—lo dice la pantalla, lo dice el noticiero, lo dice el canal…
y yo me pregunto:
¿revolucionario para quién, cabrón?
¿Para el becario que lee el prompter?
¿Para el productor que corta la nota cuando incomoda al patrocinador?

Porque mira qué curioso:
el sistema ama las frases rebeldes…
siempre y cuando no hagan nada.

Les encanta Orwell.
Pero no para leerlo, para ponerlo de fondo.
Como papel tapiz.
Como esas citas motivacionales en la pared de Recursos Humanos que dicen
“aquí somos una familia”
mientras te despiden por correo.

El noticiero te dice:
“Decimos la verdad.”
Claro.
La verdad… editada.
La verdad… con horario.
La verdad… aprobada por legal.

Porque decir la verdad completa
no es revolucionario,
es improductivo.
No vende.
No suma rating.
No le gusta al anunciante.
Y, sobre todo,
no le gusta al poder.

Entonces ponen la frase ahí atrás, bien grande, bien solemne,
para que no preguntes.
Para que pienses:
“Ah, si lo dicen ellos, debe ser cierto”.

Es como un banco con un letrero que dice
“Aquí no robamos”.
Exactamente ahí es donde debes revisar tu cartera.

Y no, no es que todos mientan.
Eso sería demasiado simple.
El truco es mejor:
te dicen una verdad chiquita
para esconder una mentira enorme.

Porque la verdadera revolución no ocurre en el set.
Ocurre cuando alguien apaga la tele y dice:
“Algo no cuadra”.

Eso sí es peligroso.
Eso sí es subversivo.
Eso no sale al fondo del noticiero.

Así que no se preocupen, muchachos de ADN 40.
Mientras la verdad sea solo una frase bonita en la pantalla…
el sistema puede dormir tranquilo.

La revolución empieza
cuando esa frase deja de ser decoración
y se convierte en pregunta.

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