viernes, 21 de febrero de 2025

 El señor Gradgrind tiene razón: la literatura y la imaginación literaria son subversivas. A estas alturas estamos acostumbrados a pensar en la literatura como algo optativo, como algo magnífico, valioso, ameno, excelente, pero que existe al margen del pensamiento político, económico y judicial, en otro departamento universitario que es accesorio más que competitivo. La segmentación del mundo académico moderno -junto con las teorías estrechamente hedonistas del valor literario- nos ha inducido a perder ese concepto que el señor Gradgrind apreciaba con firmeza: que la novela (pues a partir de aquí me concentraré en la novela) es una forma moralmente controvertida que expresa, con su forma y estilo, en sus modalidades de interacción con los lectores, un sentido normativo de la vida.10 Pide a sus lectores que observen esto y no aquello, que actúen de tales maneras y no de otras. Los induce a adoptar ciertas actitudes en vez de otras, con la mente y el corazón. Y, como bien percibía el señor Gradgrind, dichas maneras son malas y tales actitudes sumamente peligrosas desde el punto de vista de una racionalidad económica estrecha, que es, a su entender, normativa para el pensamiento tanto público como privado. Pero si la literatura, desde la perspectiva de un economista como el señor Gradgrind, es tan peligrosa que merece eliminarse, ello implica también que no es un mero ornamento, que tiene el potencial para hacer una clara contribución a nuestra vida pública.

Martha Nussbaum

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