lunes, 7 de septiembre de 2026

 


Ochenta años de "Nunca Más"

Ochenta años.

Ochenta años de documentales. Ochenta años de profesores señalando fotografías en blanco y negro. Ochenta años de museos, ceremonias, monumentos, discursos solemnes y políticos prometiendo que la humanidad aprendió la lección.

Y aun así, aparece un partido de extrema derecha, gana votos, y medio mundo actúa como si acabara de descubrir que los humanos no aprenden.

¿En serio les sorprende?

Eso es lo que me fascina de nuestra especie. Creemos que la historia funciona como un software. Instalas la actualización "Holocausto 1945", reinicias la sociedad y listo: error corregido para siempre.

No funciona así.

La memoria colectiva tiene menos capacidad de almacenamiento que un teléfono barato.

La gente recuerda las tragedias hasta que aparece una factura de electricidad imposible de pagar.

Recuerda los discursos sobre tolerancia hasta que pierde el empleo.

Recuerda las lecciones de democracia hasta que siente que nadie la escucha.

Y entonces descubre algo maravilloso: el miedo siempre tiene mejor publicidad que la razón.

Los políticos lo saben. Los medios lo saben. Los vendedores de odio lo saben.

No tienen que convencerte de que son buenos. Solo tienen que convencerte de que alguien más es peor.

Los inmigrantes.
Los musulmanes.
Los judíos.
Los ricos.
Los pobres.
Los comunistas.
Los capitalistas.

Da igual quién sea el enemigo de la semana.

La humanidad lleva miles de años reciclando el mismo producto. Lo único que cambia es el empaque.

Y aquí viene la parte divertida.

Mucha gente observa a los votantes de estos partidos y concluye que son monstruos.

No.

Eso sería demasiado sencillo.

Los monstruos son cómodos porque nos permiten dejar de pensar.

La realidad es más incómoda.

La mayoría son personas comunes.

Trabajan.
Pagan impuestos.
Llevan a sus hijos a la escuela.
Pasean al perro.

Y un día sienten que el sistema ya no funciona para ellos.

Entonces aparece alguien señalando culpables y prometiendo soluciones simples para problemas complejos.

Y la multitud responde exactamente como ha respondido durante toda la historia humana.

No porque sea nazi.

No porque sea fascista.

Sino porque está asustada.

Y el miedo es el combustible más eficiente jamás descubierto.

Más eficiente que el petróleo.
Más eficiente que el carbón.
Más eficiente que la energía nuclear.

Un político con una población asustada puede mover montañas.

La pregunta que debería preocuparnos no es:

"¿Cómo es posible que haya gente votando a la extrema derecha?"

La pregunta es:

"¿Qué está ocurriendo para que millones de personas estén tan enojadas, frustradas o desesperadas que decidan hacerlo?"

Porque si la única respuesta es llamarlos idiotas, ya conocemos el final de la película.

La historia tiene un sentido del humor muy cruel.

Cada generación cree haber derrotado para siempre a sus demonios.

Y cada generación termina descubriendo que los demonios no murieron.

Solo estaban esperando que alguien olvidara por qué les tenía miedo.

Ochenta años de "Nunca Más".

Y resulta que "Nunca Más" no es una vacuna.

Es una tarea diaria.

Y las tareas diarias son precisamente lo que los seres humanos hacemos peor.

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