¿Cómo que no celebras Thanksgiving?
Hay momentos en la televisión que uno escucha y piensa:
“No puede haber dicho eso.”
Entonces mira a su esposa.
La esposa lo está mirando.
Y uno dice:
—¿Escuchaste lo mismo que yo?
Y la esposa responde:
—Sí.
Entonces uno sabe que no fue una alucinación.
La escena, ocurrió en uno de esos programas de Rocío Sánchez Azuara. Frente a ella estaba parte del público y, dirigiéndose a ellos, soltó una pregunta que todavía me parece maravillosa por la cantidad de cosas que contiene:
“¿En serio ustedes no celebran el Día de Acción de Gracias?”
Ah, la soberbia envuelta en reflectores y microfonitos de solapa. Un clásico del espectáculo nacional. Es la fascinación mexa por importar neurosis ajenas mientras ninguneamos las del patio.
Perfecto.
Hemos llegado a una nueva etapa de la civilización.
Ya no basta con que tengas para comer.
Ahora también tienes que demostrar que tienes una adecuada integración cultural con Plymouth, Massachusetts.
Porque aparentemente uno puede estar preocupado por la renta, la luz, el precio de la tortilla y la colegiatura de los niños, pero existe una cuestión muchísimo más urgente:
¿Ya compraste el pavo para Thanksgiving?
El pequeño detalle de que estamos en México
Aquí aparece una pregunta incómoda:
¿Por qué tendría que celebrar Thanksgiving un mexicano?
No estoy diciendo que no pueda hacerlo.
Por supuesto que puede.
Si una familia mexicana quiere preparar pavo, puré de papa, gravy y ponerse a agradecer que sobrevivieron otro año, adelante.
Incluso pueden poner a un pavo en la mesa y decir:
—Gracias, hermano, por tu sacrificio.
El pavo probablemente será la criatura más agradecida de toda la familia.
Pero una cosa es adoptar voluntariamente una costumbre extranjera y otra muy distinta es sorprenderse porque alguien no la practica.
Porque Thanksgiving no es una fiesta universal.
No es como respirar.
No es como tener cumpleaños.
No es como descubrir que en diciembre las tiendas empiezan a vender cosas de Navidad.
Es una celebración profundamente vinculada con la historia y la identidad de Estados Unidos.
Por eso sería extraño que un estadounidense llegara a México y preguntara:
—¿Pero ustedes por qué no celebran Thanksgiving?
Y un mexicano podría contestarle:
—Porque tenemos nuestras propias fiestas.
—¿Pero no les gusta agradecer?
—Sí.
—¿Entonces?
—Pues agradecemos en otros días.
—¿Y el pavo?
—También comemos pavo.
—¿Y el puré?
—También.
—¿Entonces por qué no celebran Thanksgiving?
—Porque, cabrón, no todo lo que contiene pavo es Thanksgiving.
Porque una tradición cultural no se convierte automáticamente en obligación universal porque nos guste.
Imaginemos la contraparte en Ohio: dos granjeros masticando paja, viendo a la cámara mientras un presentador gringo les grita: "¿Cómo que no pusieron su altar con flor de cempasúchil y caña de azúcar? ¡Es el Día de Muertos, pedazo de ignorantes! ¡Pónganle su tequila al abuelo!". Es ridículo, ¿verdad? Ah, pero de este lado nos tragamos la culpa clasista con singular alegría.
Al final, la televisión basura cumple su promesa de siempre: venderle a la gente quepenas llega a fin de mes la ilusión de que sus problemas son de clase media acomodada, mientras el conductor en turno sonríe, da el pase a comerciales para vender sartenes de teflón y se va a su camerino a cenar lo que de verdad le alcanza.
La comedia ya no la escriben los libretistas; se escribe sola cada vez que alguien confunde el trayecto en transporte público con una parada técnica camino a Plymouth Rock.
El pequeño detalle que cambia toda la conversación.
Una cultura dominante puede llegar a confundirse con la cultura universal.
Y eso ocurre muchas veces con los imperios.
Roma probablemente tuvo ciudadanos que pensaban que el mundo civilizado era, básicamente, el mundo romano.
Los europeos durante siglos pensaron que Europa era el centro natural de la historia.
Y Estados Unidos, especialmente después de 1945, desarrolló una enorme capacidad para convertir sus propios productos culturales en productos aparentemente universales.
Coca-Cola.
Hollywood.
Jazz.
Rock.
Jeans.
Fast food.
Televisión.
Halloween.
Thanksgiving.
Y hasta la idea de que todo el planeta debería saber qué demonios es el Super Bowl.
Pero aquí viene la parte divertida
Es una tradición magnífica.
Pero si mi vecino whitexican o estadounidense me pregunta:
—¿Tú celebras Thanksgiving?
Le puedo responder:
—No.
Y si me pregunta:
—¿Por qué?
Puedo responder:
“Porque nací en México.”
Y asunto resuelto.
No necesito una explicación sociológica de 400 páginas.
No necesito demostrar que soy moderno.
No necesito pedir disculpas.
No necesito inventar que mi bisabuelo era de Boston.
Y tampoco necesito sentirme culturalmente inferior porque el cuarto jueves de noviembre mi mesa no parece un catálogo de Walmart.
La verdadera fiesta
Hay algo profundamente humano en las culturas.
Las personas toman prestadas costumbres todo el tiempo.
Los mexicanos adoptamos cosas estadounidenses.
Los estadounidenses adoptan cosas mexicanas.
Los japoneses comen comida italiana.
Los italianos comen sushi.
Los franceses escuchan jazz estadounidense.
Los estadounidenses comen tacos.
Los mexicanos celebran Halloween.
Los estadounidenses celebran Cinco de Mayo creyendo que es la fiesta nacional mexicana.
Y ahí sí tenemos una pequeña joya antropológica.
Porque en Estados Unidos puedes encontrar gente celebrando Cinco de Mayo con sombreros, tequila, tacos y decoraciones mexicanas...
mientras en México hay millones de personas que llegan al 5 de mayo pensando:
—¿Hoy qué?
😂
Así funciona la cultura.
Se mezcla.
Se transforma.
Se contradice.
Se copia.
Se reinventa.
Y está perfecto.
Lo que no necesitamos es convertir nuestras costumbres en un examen de ciudadanía cultural.
Porque al final quizá la pregunta más interesante no sea:
“¿En serio ustedes no celebran Thanksgiving?”
Sino:
“¿En serio hemos llegado al punto en que creemos que una persona necesita celebrar una fiesta extranjera para demostrar que está viviendo correctamente?”
Porque si una persona que llegó en combi y está tratando de llegar a fin de mes tiene que elegir entre comprar un pavo para Thanksgiving o pagar la luz...
yo tengo una humilde sugerencia:
que celebre Thanksgiving cuando pueda.
Pero que primero pague la luz.
El pavo puede esperar.
La CFE no.
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