La historia que sigue es uno de los experimentos más famosos de la psicología social. No midió cráneos ni coeficiente intelectual. Midió algo más profundo: cómo el racismo puede meterse en la mente de los niños.
Los protagonistas fueron los psicólogos Kenneth Clark y Mamie Phipps Clark.
El experimento de las muñecas
En los años 40, los Clark realizaron un experimento muy simple con niños afroamericanos de entre 3 y 7 años.
Colocaban frente a ellos cuatro muñecas:
dos muñecas blancas
dos muñecas negras
Las muñecas eran prácticamente iguales.
Solo cambiaba el color de la piel.
Luego hacían preguntas muy sencillas:
“¿Cuál muñeca es la bonita?”
“¿Cuál muñeca es la buena?”
“¿Cuál muñeca es la mala?”
“¿Cuál muñeca se parece a ti?”
El resultado estremecedor
Muchos niños afroamericanos respondían algo así:
La muñeca blanca era la buena.
La muñeca blanca era la bonita.
La muñeca negra era la mala.
Y cuando les preguntaban:
“¿Cuál muñeca eres tú?”
Algunos niños dudaban.
Algunos se quedaban callados.
Otros señalaban la muñeca negra con incomodidad o tristeza.
Los Clark concluyeron algo doloroso:
Los niños ya habían interiorizado la idea de que ser negro era algo inferior.
Esto ocurría incluso en niños muy pequeños.
El impacto histórico
Este experimento se convirtió en una pieza clave en un caso histórico ante la Corte Suprema de Estados Unidos:
Brown v. Board of Education
En ese momento, las escuelas estaban segregadas:
escuelas para blancos
escuelas para negros
La Corte Suprema finalmente declaró que esa segregación era inconstitucional.
Los estudios de los Clark fueron citados para demostrar que la segregación dañaba psicológicamente a los niños.
Fue una decisión histórica.
La enseñanza profunda
Este experimento mostró algo muy importante:
Los prejuicios raciales no nacen con las personas.
Se aprenden.
Se filtran en:
la cultura
la educación
los medios
la estructura social
Y pueden llegar incluso a la mente de un niño.
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