viernes, 10 de julio de 2026

 El imperio... con descuento de temporada

Hay algo fascinante en el ser humano: su extraordinaria capacidad para convertir la indignación en un paquete turístico.

"¡Ese gobierno es racista! ¡Imperialista! ¡Bombardea países! ¡Espía a medio planeta!"

Y, acto seguido:

"Pero mira qué barato salió el vuelo."

Es maravilloso. La conciencia tiene una tarifa flexible. Resulta que la moral pesa menos de 23 kilos y pasa sin costo como equipaje de mano.

Nos encanta decir que estamos contra el imperio. Eso sí, desde el hotel del imperio, usando el wifi del imperio, comprando camisetas del imperio y publicando fotos con el hashtag: #NoAlImperio.

El problema nunca fue el imperio. El problema era no tener visa.

Porque si realmente crees que un Estado representa la mayor amenaza para el mundo, ¿por qué tu sueño es ir a pasear allí? ¿Por qué haces meses de fila para que ese mismo Estado te estampe un sello en el pasaporte?

Es como decir que un restaurante envenena a la gente... y luego pedir mesa para dos porque "el postre sí está buenísimo".

La verdad es menos heroica.

No odiamos los sistemas. Odiamos quedarnos fuera de ellos.

La gente presume principios hasta que aparecen las ofertas del Buen Fin moral.

"Mis valores son inquebrantables..."

¿Treinta por ciento de descuento?

"...Bueno, casi inquebrantables."

Porque vivimos en una época donde la coherencia es demasiado cara y la hipocresía siempre tiene promociones.

Y quizá por eso el sistema nunca se preocupa demasiado por sus críticos.

Sabe que muchos terminarán haciendo fila para entrar, sonriendo en la foto, comprando recuerdos y agradeciendo la hospitalidad del mismo lugar que ayer llamaban la encarnación del mal.

El imperio no necesita convencerte de que tiene razón.

Le basta con ofrecerte vacaciones.

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