El club de los "Especiales" (O por qué el voto calificado es la misma mierda con distinto sombrero)
¿No es fantástico? De verdad, me vuela la cabeza. Estamos en pleno 2026. Se supone que ya colonizamos Marte en la mente de Elon Musk, la inteligencia artificial te hace la tarea, te cocina y te dice que eres guapo, pero el cerebro humano... el cerebro humano sigue atrapado en el maldito siglo diecinueve. ¡Qué maravilla de involución!
Escuchas estos pódcasts y de repente alguien suelta la gran idea, la iluminación divina: “Es que... tal vez no todos deberían votar”. ¡Pum! Brillante. ¿Cómo no se nos ocurrió antes? Nada más les falta el monóculo, el bigote encerado y decir: “Y ya que estamos en esas, que solo voten los que tengan la piel del color de la leche deslactosada y posean tres hectáreas de tierra”. ¡Por favor! Es la misma vieja y rancia canción supremacista de siempre, pero ahora con subtítulos en Spotify y un micrófono de mil dólares.
Es el eterno fetiche de la élite ilustrada: el club de los "Especiales".
Siempre hay un grupo de personas que se mira al espejo y dice: “Oye, qué inteligente soy. Qué bien entiendo la macroeconomía. Qué lástima que mi voto valga lo mismo que el del tipo que maneja el mototaxi o el de la señora que vende quesadillas en la esquina. El país se va al demonio por culpa de ellos”.
¡Qué soberbia tan descomunal!
Analicemos su fantástica lógica por un segundo. Dicen que quieren un "examen de aptitud". Okay, compremos tu idea distópica por un minuto, sabelotodo. ¿Quién diablos va a escribir el examen? ¿Tú? ¿Tu partido? ¿Tu universidad privada? Porque te garantizo una cosa: el que escribe el examen, gana la elección antes de que se mueva una sola casilla. Si el gobierno actual hiciera el examen, la primera pregunta sería: “¿Cuántos metros de cable tiene el Tren Maya y por qué es una obra celestial?”. Si lo hace la oposición, la pregunta sería: “¿En qué año se jodió el país y por qué la respuesta es 'cuando tú naciste'?”. ¡Es una trampa circular!
¿Y de verdad se creen que tener un título universitario te quita lo estúpido? ¡Por favor! He conocido médicos con doctorados que creen en la astrología y el terraplanismo, y empresarios con maestrías en Harvard que hunden corporaciones enteras porque se los dictó un gurú de clóset. El analfabetismo político no se cura con un diploma de diseñador gráfico o una carrera de derecho; la arrogancia es un virus que ataca principalmente a los que creen que lo saben todo.
Al final del día, todo este lloriqueo de “el voto debería ser calificado” es solo un berrinche glorificado porque su candidato perdió. Así de simple. Cuando gana el que a ellos les gusta, dicen: “¡El pueblo ha despertado! Qué sabia es la ciudadanía”. Pero cuando gana el otro, el que les cae mal, entonces: “Ay, no, es que el tejido social está viciado, el sufragio universal es un error, necesitamos una aristocracia del intelecto”.
Váyanse al diablo.
Lo que realmente les asusta no es la ignorancia del pueblo; les asusta el peso numérico de la realidad. Les asusta que la democracia, con todas sus malditas imperfecciones, cojera y dientes picados, es el único momento del año donde un millonario en su camioneta blindada y el tipo que le limpia el parabrisas tienen exactamente el mismo poder. Y ver esa igualdad, aunque sea por la fracción de segundo que toma cruzar una boleta de papel, les revuelve el estómago a los que se creen dueños del tablero.
Así que no, no lo hemos superado. Seguimos siendo los mismos simios territoriales de siempre, solo que ahora cambiamos los sombreros de copa por trajes de diseñador y los discursos en el parlamento por clips de treinta segundos en TikTok.
Disfruten el pódcast, amigos. Y recuerden: la próxima vez que alguien les diga que el voto debería ser restringido... asegúrense de revisar si no están intentando venderles una servilleta usada como si fuera la Constitución.
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