Eduardo Feinmann, quien se acredita como periodista en Argentina, provocó polémica en redes sociales tras declarar que odia a los mexicanos y que considera que en México le tienen envidia a su país, no sólo en el futbol, sino en distintas facetas.
“Detesto a los mexicanos, los detesto con mi alma. Son detestables esos tipos, la envidia que le tienen los argentinos a los mexicanos, no sólo en el futbol, sino en todo. Quieren ser como nosotros y no les da el pie, en futbol son de madera”, dijo Feinmann en El Noticiero, del canal A24 de Argentina.
El "Periodismo" de Microondas y la Envidia Imaginaria
Analicemos la frase por un segundo. "Detesto a los mexicanos, los detesto con mi alma". Qué profundidad intelectual. Qué despliegue de investigación periodística. Me imagino los años de carrera, los libros leídos y el rigor ético necesarios para llegar a la brillante conclusión televisiva de: "Me caen mal los del otro país porque juegan feo al fútbol".
Carlin solía decir que nos encanta crear divisiones artificiales para sentirnos especiales. "Nosotros contra ellos". Mi bandera contra tu bandera. Mi pedazo de tierra contra tu pedazo de tierra. Feinmann se sienta en un estudio con luces brillantes, traje caro y un micrófono premium para canalizar el resentimiento de un adolescente que perdió un partido de videojuegos.
¿Y cuál es el gran argumento geopolítico y sociológico? "Nos tienen envidia, quieren ser como nosotros".
Por favor. ¿Envidia de qué, exactamente? ¿De la inflación? ¿De la política? ¿De la increíble capacidad de exportar arrogancia en dosis industriales? Nadie despierta por la mañana en la Ciudad de México pensando: "Vaya, desearía desesperadamente que mi economía colapsara dos veces por década solo para poder decir que tengo tres copas del mundo". No funciona así.
La Normalización del Odio: El Negocio de Hacer Ruido
"Los medios no nos informan. Nos programan para que nos odiemos los unos a los un poco menos infelices con nuestras propias vidas miserablemente aburridas."
Lo verdaderamente patético no es que un tipo diga una estupidez en televisión. La estupidez es un recurso renovable y abundante en este planeta. Lo preocupante es que se ha normalizado que el odio sea el producto principal de la parrilla de programación.
Antes, si decías una xenofobia de ese calibre en televisión abierta, te daban una patada en el trasero y terminabas transmitiendo por radio comunitaria a las tres de la mañana. Hoy no. Hoy te da clics. Te da retuits. Te convierte en tendencia. Los productores ejecutivos en sus oficinas no ven un discurso de odio; ven una gráfica de audiencia subiendo como la espuma.
Feinmann no está haciendo periodismo. Está vendiendo conflicto. Sabe perfectamente que el fútbol es la religión de los idiotas cuando se lleva al extremo del nacionalismo barato. Sabe que si insultas a un país de 130 millones de personas, al menos un par de millones van a reaccionar, van a insultar de vuelta, y el ciclo de la indignación alimentará la maquinaria un día más.
Al Final del Día...
Los argentinos no odian a los mexicanos, ni los mexicanos odian a los argentinos. La mayoría de la gente común está demasiado ocupada tratando de llegar a fin de mes, pagar la renta y evitar que el gobierno les robe lo poco que les queda, como para andar midiendo el tamaño de su ego nacional en un mapa.
Pero tipos como Feinmann necesitan que creas que hay una guerra. Necesitan que te enojes. Porque el día que apagues el televisor, dejes de indignarte por el fútbol y te des cuenta de que un tipo en una pantalla te está manipulando las emociones para pagar su departamento en Palermo... ese día, el circo se queda sin payasos.
Disfruten el espectáculo, amigos. El mundo se está yendo al demonio, pero al menos el corte comercial viene con buena música.
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