Hablemos del fútbol. Qué deporte tan hermoso, ¿no? El "juego del hombre", la pasión de las masas. Veintidós millonarios corriendo detrás de un pedazo de cuero inflado mientras millones de personas que no tienen para pagar la renta gritan frente al televisor como si les fuera la vida en ello.
Pero no vengo a hablar del juego. El juego es inocente. Vengo a hablar de los dueños del circo: la FIFA.
¿Se han fijado en las siglas? Fédération Internationale de Football Association. Suena muy elegante, muy francés, muy institucional. Pero si rascas un poquito la pintura, te das cuenta de que no es más que el acrónimo europeo para: "Nos vamos a quedar con todo tu maldito dinero y no puedes hacer absolutamente nada al respecto".
Muchos dicen que la FIFA opera como una mafia. Y yo digo: ¡Por favor! No insulten a la mafia. Al menos la Cosa Nostra tenía un código de honor, respetaba a las madres y mantenía los negocios con cierta discreción. La FIFA no tiene códigos; tiene patrocinadores. Son Al Capone, pero con trajes de diseñador suizo, inmunidad diplomática y una exención de impuestos que haría llorar de envidia al mismísimo Papa.
El gran truco del "Organismo sin fines de lucro"
Este es mi chiste favorito. Legalmente, la FIFA es una asociación sin fines de lucro bajo la ley suiza. ¿No es maravilloso? Están en la misma categoría legal que el club de ajedrez de tu barrio o un refugio para perritos de la calle.
Una "ONG" que se sienta sobre miles de millones de dólares en reservas de efectivo. El único "fin" que no tienen es el de dejar de enriquecerse. Es el lavado de cara más brillante de la historia de la humanidad. Se inventaron un producto que no poseen —porque el fútbol es de la gente—, se apropiaron de él, le pusieron una marca registrada y ahora te lo venden de vuelta a precios hiperinflados.
El mercado de los mundiales
¿Y cómo eligen dónde se juegan sus pequeños torneos? Ah, la democracia interna de la FIFA. El proceso de selección de sedes para el Mundial es básicamente una subasta silenciosa, pero donde todos los que pujan son dictadores, oligarcas o emires con pozos de petróleo en el patio trasero.
¿Se acuerdan del año 2010? Cuando decidieron darle el Mundial de 2018 a Rusia y el de 2022 a Qatar el mismo maldito día. ¡Qué eficiencia! Ni siquiera intentaron disimularlo. Decidieron jugar al fútbol en un desierto a 50 grados centígrados, un lugar sin tradición futbolística, donde tuvieron que mover todo el calendario planetario a invierno para que a los jugadores no se les derritieran los tacos en el césped.
Y cuando la gente empezó a preguntar "Oigan, ¿cómo pasó esto?", el Departamento de Justicia de EE. UU. entró con el FBI en un hotel de lujo en Zúrich en 2015 y ¡bum! Resulta que se habían repartido más de 150 millones de dólares en sobornos y lavado de dinero durante 24 años. Jack Warner, Chuck Blazer... tipos que manejaban el fútbol caribeño y norteamericano acumulando millones en cuentas secretas. El buen Chuck Blazer tenía un departamento de lujo en la Torre Trump de Nueva York exclusivo... ¡para sus gatos! Gatos viviendo mejor que el 90% de los aficionados que pagan una fortuna por una camiseta oficial.
La joya de la corona: En el reporte que hicieron para investigar su propia corrupción (el famoso Informe Garcia), la FIFA decidió que no podía publicarlo completo "por razones legales" y sacaron un resumen que básicamente decía: "Bueno, pasaron cosas raras, pero nosotros estamos limpios". El mismo tipo que escribió el informe renunció al día siguiente diciendo que el resumen era una completa mentira. ¡Eso es tener pelotas!
Cambiar todo para que nada cambie
Luego sacaron a Sepp Blatter, ese viejito que parecía el villano de una película de James Bond, y metieron a Gianni Infantino. Nos dijeron: "Llegó la reforma, llegó la transparencia". Y lo primero que hace el nuevo jefe es mudarse a Qatar y declarar en una conferencia de prensa: "Hoy me siento qatarí, hoy me siento árabe, hoy me siento migrante". No, Gianni, no te sientes migrante. Los migrantes estaban construyendo estadios bajo el sol por salarios de miseria mientras tú cobrabas tu sueldo libre de impuestos. Tú te sientes millonario, que es un idioma universal.
A la FIFA no le importa el racismo, no le importan los derechos humanos, no le importa la geopolítica. Si el infierno tuviera un presupuesto de televisión de ochocientos millones de dólares y suficientes palcos VIP, la FIFA organizaría la "Copa del Mundo Satánica 2034" y nos diría que el fútbol es una herramienta para "unir los círculos del averno".
Al final, ganan siempre. Nosotros nos quejamos, hacemos monólogos, nos indignamos... y en el próximo Mundial, ahí vamos a estar todos, pegados a la pantalla, comprando la cerveza oficial, consumiendo el refresco oficial y alimentando a la bestia.
Porque saben nuestro secreto: amamos demasiado el juego como para destruir a los criminales que lo administran. Y ellos lo saben. Vaya que lo saben.
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