Según Weev, que se hace eco de lo que decía el nazismo en el siglo XX , los roles de género patriarcales son una pieza clave en la historia europea y forman parte del «pasado glorioso» de la Europa blanca.
En el artículo de
Weev, el pasado no solo respalda la teoría de los roles de género
tradicionales, sino que también separa a los grupos que, según él, los
respetan de los que no. Desde los tiempos de la Alemania nazi hasta las
épocas más recientes hemos visto cómo esta distinción tan
malintencionada puede agravarse hasta llegar a desencadenar un
genocidio.
El movimiento fascista Hutu Power, que defendía la supremacía
étnica, surgió en Ruanda en los años anteriores al genocidio ruandés de
1994.
En 1990, el periódico Kangura , controlado por Hutu Power,
publicó los diez mandamientos hutus. Los tres primeros tenían que ver
con el género.
El primero declaraba que quien se casara con una mujer
tutsi era un traidor porque contaminaba la pureza de la estirpe hutu. El
tercero llamaba a las mujeres hutus a evitar que sus maridos, hermanos e
hijos se casaran con mujeres tutsis. El segundo mandamiento es:
Todo hutu debe saber que el papel de mujer, esposa o madre de familia
es más adecuado para nuestras hijas hutu, que lo desempeñan a
conciencia. ¿No son acaso hermosas, buenas ayudantes y más honestas?
Para
la ideología Hutu Power, las mujeres de su grupo solo existen como
mujeres y madres; a ellas corresponde la responsabilidad sagrada de
velar por la pureza étnica hutu. Y precisamente la búsqueda de esta
pureza étnica fue la excusa principal para matar a los tutsis en el
genocidio de 1994.
Que el lenguaje de género
marcado y las referencias al papel de la mujer y a su valor especial se
suelen colar en el discurso político sin que se repare en sus
implicaciones es un hecho.
En las elecciones presidenciales
estadounidenses de 2016, salió a la luz un vídeo en el que el candidato
del Partido Republicano a la presidencia, Donald Trump, realizaba
comentarios denigrantes sobre las mujeres. Mitt Romney, que fue
candidato presidencial en 2012 por el mismo partido, reaccionó diciendo
que los comentarios de Trump «degradan a nuestras esposas e hijas».
Paul
Ryan, presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos,
también miembro del Partido Republicano, declaró que «a las mujeres hay
que respaldarlas y venerarlas; no cosificarlas».
Los dos comentarios
revelan una ideología patriarcal subyacente muy típica del Partido
Republicano estadounidense.
Lo que podían haber hecho estos políticos es
exponer con claridad los hechos: que los comentarios de Trump denigran a
nuestras conciudadanas, la mitad del país. Pero, en vez de eso, las
palabras de Romney, formuladas con un lenguaje que recuerda al de los
diez mandamientos hutus, describen a las mujeres exclusivamente en
términos de subordinación familiar; como «esposas e hijas», ni siquiera
como hermanas.
Al decir que las mujeres son un «objeto de veneración» y
no nuestras iguales, Paul Ryan las está cosificando en la misma frase que
censura esta práctica.
Jason Stanley
No hay comentarios:
Publicar un comentario