lunes, 9 de febrero de 2026


 El tuit de Mónica Garza no es un elogio a la humildad, es una operación retórica bastante burda que intenta reencuadrar el poder como virtud moral.

1. La trampa del lenguaje moral

“No es fácil reconocer cuando uno se equivoca… se necesita mucha humildad…”

Aquí se activa un marco ético falso:
se nos invita a ver a Ricardo Salinas Pliego —uno de los hombres más poderosos y beneficiados del sistema— como un sujeto moral vulnerable, casi como un ciudadano común que reflexiona desde la conciencia.

Pero ojo:
👉 No es humildad pedir perdón cuando no hay consecuencias reales.
👉 No es valentía “arrepentirse” cuando el arrepentimiento no implica reparación.

No devuelve dinero.
No paga impuestos atrasados.
No renuncia a concesiones.
No asume responsabilidades estructurales.

Solo habla. Y hablar, para los poderosos, es baratísimo.


2. “Le pide disculpas a México”: el ego inflado

Esto es clave.

¿Desde cuándo México es un auditorio al que un magnate le debe disculpas como si fuera un padre arrepentido?

Esa frase presupone algo muy arrogante:

  • Que él fue decisivo para que AMLO llegara al poder.

  • Que su influencia es tan grande que puede atribuirse el rumbo del país.

Es una forma elegante de decir:

“Yo ayudé a poner al presidente.”

No es humildad, es reafirmación de poder simbólico.


3. El arrepentimiento oportunista

El “perdón” aparece cuando AMLO ya se va, cuando:

  • El proyecto está en retirada.

  • El costo político ya fue pagado por otros.

  • El magnate quiere reacomodarse con el siguiente poder.

Esto no es autocrítica:
es lavado de imagen para el siguiente ciclo.

El mensaje implícito es:

“Yo no soy responsable de esto, yo ya desperté, ahora véanme como aliado.”


4. El papel de Mónica Garza

Ella no analiza.
Ella legitima.

Su tuit:

  • Convierte un cálculo político en un acto ético.

  • Disfraza intereses de conciencia.

  • Humaniza al poder para hacerlo digerible.

Es periodismo aspiracional, no crítico: el periodismo que quiere sentarse en la mesa del poder, no incomodarlo.


5. Lo que NO se dice (y es lo más importante)

Nadie pregunta:

  • ¿Cómo ayudó exactamente?

  • ¿Con qué recursos?

  • ¿A cambio de qué?

  • ¿A quién perjudicó?

  • ¿Qué piensa hacer ahora para reparar?

Sin eso, el “perdón” es teatro.

Esto no es un hombre humilde pidiendo perdón.
Es un magnate reescribiendo la historia para salir limpio del desastre que ayudó a administrar.

Y el verdadero insulto no es a AMLO.
El insulto es creer que México es tan ingenuo como para confundir un tuit con responsabilidad histórica.



¿Humildad?
¿HUMILDAD?

Cuando un multimillonario dice “me equivoqué”, no está confesando:
está editando su currículum.

“Le pide disculpas a México”…
¡A México!
Como si México fuera su exnovia a la que le dijo:

“Perdón por haberte manipulado un poquito… pero entiéndeme, estaba joven, tenía televisoras”.

Eso no es humildad.
Eso es síndrome de Dios cansado.


Mira qué bonito el guion:

  1. Yo ayudé a poner al presidente.

  2. El presidente ya no me sirve.

  3. Entonces ahora… soy valiente.

¡Ah, claro!
Valiente cuando ya se va el poder,
cuando ya no hay contratos en juego,
cuando ya no hay que arriesgar nada.

Eso no es arrepentimiento,
eso es rebranding.


Y Mónica Garza aplaudiendo:

“Se necesita mucha humildad…”

No, Mónica.
Se necesita cero impuestos pagados,
un ejército de abogados
y una audiencia que confunda moral con relaciones públicas.


Si de verdad estuviera avergonzado, haría algo radical.
Algo peligroso.
Algo impensable para un rico en México.

Como…
pagar impuestos.

¡Uy!
Eso sí sería un acto revolucionario.
Eso sí rompería el sistema.

Pero no.
Mejor un tuit.
Porque el tuit no duele.
El tuit no cuesta.
El tuit no devuelve nada.


Esto no es un hombre diciendo “la cagué”.
Esto es el sistema diciendo:

“No fui yo. Ya me arrepentí. Ahora vamos por el siguiente.”

Y lo peor no es que lo diga él.
Lo peor es que haya quien lo llame humildad.

Porque cuando el poder pide perdón sin consecuencias,
no está pidiendo perdón…

Está pidiendo olvido.



Se abre expediente. Se pasa lista a la memoria histórica. Se levanta ACTA.


ACTA SATÍRICA NÚM. 01/2026

Relativa al Arrepentimiento Tardío del Magnate y su Elevación Artificial a Acto de Humildad Nacional

En la Ciudad del Olvido Selectivo, a los días en que el sexenio agoniza pero el capital sigue respirando sin oxígeno moral, se hace constar lo siguiente:


PRIMERO. De los Hechos

Se tiene conocimiento público de una manifestación verbal —en formato tuit— en la cual el ciudadano Ricardo B. Salinas, poseedor de concesiones, pantallas, bancos y una conciencia portátil, declara sentirse avergonzado por haber ayudado a un proyecto político que hoy ya no le es funcional.


SEGUNDO. De la Autoproclamada Humildad

Una comunicadora de nombre Mónica Garza certifica sin peritaje alguno que dicho acto constituye “humildad”, sin aportar pruebas materiales como:

  • renuncia a privilegios,

  • devolución de recursos,

  • pago íntegro de adeudos fiscales,

  • o silencio prolongado.

Se concluye que la humildad aquí mencionada es retórica, decorativa y libre de consecuencias.


TERCERO. De la Figura de “México” como Receptor del Perdón

Se observa una anomalía jurídica y simbólica:
el susodicho solicita disculpas a México, ente abstracto de 130 millones de personas, sin haber solicitado audiencia, ni consentimiento, ni representación.

Este acto implica:
a) la presunción de influencia decisiva en la historia nacional,
b) la infantilización del país como sujeto pasivo,
c) la reafirmación implícita del poder del declarante.


CUARTO. Del Momento Político del Arrepentimiento

Se deja constancia de que el arrepentimiento:

  • ocurre cuando el poder se va,

  • no cuando se ejerce,

  • no cuando incomoda,

  • no cuando cuesta.

Por lo tanto, se clasifica como arrepentimiento oportunista de fin de ciclo, también conocido como “yo no fui, yo ya desperté”.


QUINTO. De lo No Dicho

No consta en actas:

  • cómo ayudó,

  • a cambio de qué,

  • con qué beneficios,

  • ni quién pagó los costos sociales.

El silencio sobre estos puntos invalida cualquier pretensión de responsabilidad histórica.


SEXTO. Del Dictamen Final

Este tribunal simbólico determina que:

  1. No se trata de humildad, sino de reacomodo discursivo.

  2. No se trata de disculpa, sino de lavado narrativo.

  3. No se trata de autocrítica, sino de control del relato antes del relevo del poder.


SÉPTIMO. Resolución

Se archiva el perdón.
Se niega el aplauso.
Se recomienda a la ciudadanía no confundir un tuit con un acto moral.

Porque cuando el poder pide perdón sin pagar nada,
no busca absolución:
busca amnistía de la memoria.

No hay comentarios:

Publicar un comentario