lunes, 9 de febrero de 2026

 ¿Sabes qué es lo más cabrón de los políticos?

No que roben.
Eso ya lo esperamos, eso ya viene en el paquete, como el cargador que nunca traen los celulares.

No.
Lo verdaderamente fascinante es en qué se gastan el dinero.

Por eso hoy les presento una institución que este país necesitaba desde hace décadas:
el INGAPE.
Instituto de Gastos Pendejos.
No perseguimos delitos. No metemos a nadie a la cárcel.
Eso sería demasiado ambicioso.

Nosotros solo señalamos…
y nos reímos mientras señalamos.

Porque hay gastos que no son ilegales.
Son peores: son pendejos.

Por ejemplo: el toallagate.
¿Te acuerdas? Toallas carísimas.
No para secarse el cuerpo…
para secarse la conciencia.

Porque tú puedes robar millones,
pero si te secas con una toalla de mil dólares, el mensaje es claro:
“Sí robé, pero con clase, cabrón”.

Luego está el político que se mueve en helicóptero.
No porque haya emergencia.
No porque sea James Bond.
Sino porque el tráfico le parece… popular.

Cinco cuadras en helicóptero.
Eso no es transporte:
es una metáfora voladora de “me da asco caminar entre ustedes”.

INGAPE lo clasifica como:
Gasto pendejo nivel 5: síndrome de elevación moral.

Y luego están los viajes oficiales.
Viajes para “fortalecer relaciones”.
Relaciones tan fuertes que siempre incluyen hotel de cinco estrellas, vino francés y una selfie con alguien que tampoco te conoce.

Van a Europa a aprender cómo gobernar.
Regresan sin aprender nada, pero con jet lag y souvenirs.

Eso sí: “todo fue por el bien del país”.
Claro. El país necesitaba urgentemente que alguien comiera pato confitado en Bruselas.

Y el avión presidencial de Peña…
ese monumento a la inseguridad emocional.

“Es que no podemos viajar como la gente normal”.
Traducción:
“Si me siento en turista, me acuerdo de que soy igual a ellos”.

Mira, no es que no haya dinero.
Es que se lo están gastando en estupideces de gente desconectada de la realidad.

Y luego se preguntan por qué la gente odia a los políticos.
No es ideología.
No es polarización.

Es ver a un cabrón secándose con una toalla que cuesta lo que tú ganas en un año…
y todavía pedirte paciencia.

Por eso existe el INGAPE.
Para decir lo que no dice la Auditoría:
“Esto no fue corrupción sofisticada…
fue una pendejada monumental”.

Porque cuando el poder pierde la vergüenza,
lo mínimo que nos queda
es reírnos de él en voz alta.

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