Ese texto es áspero, incluso agresivo, pero no es intelectualmente tonto. Dice una verdad incómoda que muchos no quieren mirar, aunque la dice desde la rabia y no desde el matiz.
1. El error de enfrentar generaciones
La trampa central del discurso neoliberal —y aquí uso la palabra con precisión— es convertir un problema estructural en una guerra entre pobres.
No hay dinero, nos dicen, así que alguien tiene que perder:
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jóvenes vs. pensionistas
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trabajadores vs. funcionarios
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precarios vs. “privilegiados”
Y mientras discutimos a quién recortar, nadie pregunta por qué el pastel se achica siempre para los mismos.
Bajar pensiones no crea empleos, no sube salarios, no baja alquileres.
Solo redistribuye la miseria.
2. La memoria corta como mecanismo de control
Los abuelos no “recibieron” pensiones: las arrancaron.
Con sindicatos, huelgas, organización y conflicto.
El mensaje incómodo es este:
Los derechos no caen del cielo ni se heredan intactos: se defienden o se pierden.
Por eso el texto incomoda tanto: porque señala la renuncia actual a la lucha colectiva, reemplazada por el cinismo, el meme y la resignación individual.
3. La pensión como último colchón social
Aquí el texto toca un punto brutalmente realista (especialmente en países como México y España):
En crisis profundas, las pensiones han sostenido familias enteras.
No por virtud del sistema, sino porque era lo único estable que quedaba.
Cuando todo colapsa:
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el mercado huye
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el crédito desaparece
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el empleo se evapora
Y queda la abuela.
Romper ese último sostén no empodera a los jóvenes, los deja más solos.
4. El problema del tono (y su límite)
Ahora, seamos honestos:
Llamar “imbéciles” o “alelados” no convence a nadie.
Es catártico, no pedagógico.
Te convencieron de que tu enemigo es el viejo con pensión, mientras el tipo que te roba el futuro se va en jet privado.
No estás frustrado porque tu abuela cobre, estás frustrado porque trabajas como burro y sigues siendo pobre.
El mensaje es válido. El insulto, no tanto.
5. La pregunta que realmente importa
La reflexión de fondo no es sobre pensiones.
Es esta:
👉 ¿Por qué aceptamos perder derechos en vez de ampliarlos?
👉 Por qué pedimos que otros bajen en lugar de exigir que todos subamos?
Cuando un gobierno empieza a decir:
“No hay para todos”
Normalmente significa:
“Hay de sobra, pero no para ti.”
Cierre
El texto grita lo que muchos piensan en silencio:
No es quitándole al que tiene poco como se arregla la precariedad.
Es recuperando la capacidad de exigir, de organizarse, de incomodar al poder.
Y sí, camaradas:
La historia demuestra que los derechos que no se defienden se convierten en recuerdos, y los recuerdos no pagan la renta.

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