miércoles, 11 de febrero de 2026

 

🔹 Similitudes

  1. Monarcas en momentos de crisis estructural

    • Carlos I de Inglaterra (Carlos I Estuardo) gobernó en un contexto de tensión creciente entre el absolutismo y el Parlamento.

    • Luis XVI de Francia heredó un Estado financieramente colapsado, con una sociedad estamental profundamente desigual.

    Ambos llegaron tarde a una transformación histórica que ya estaba en marcha.

  2. Creencia en el derecho divino

    • Carlos I defendía con firmeza que el rey gobernaba por voluntad de Dios.

    • Luis XVI también estaba formado dentro del absolutismo tradicional francés.

    En los dos casos, la monarquía no supo adaptarse a la idea emergente de soberanía popular.

  3. Ejecutados por su propio pueblo

    • Carlos I fue decapitado en 1649 tras la Guerra Civil inglesa.

    • Luis XVI fue guillotinado en 1793 durante la Revolución Francesa.

    Ambos terminaron como símbolo de que el poder ya no era intocable.


🔹 Diferencias clave

Aquí está lo interesante.

1. Personalidad

  • Carlos I fue obstinado, rígido, convencido de su autoridad. Su choque con el Parlamento fue frontal.

  • Luis XVI era más indeciso, tímido, incluso bien intencionado en algunos aspectos. Intentó reformas fiscales… pero sin fuerza política para sostenerlas.

Carlos fue más combativo. Luis más vacilante.

2. Tipo de revolución

  • En Inglaterra, el conflicto fue político-constitucional: Parlamento vs. Rey. De ahí nace la semilla de la monarquía parlamentaria moderna.

  • En Francia, la revolución fue social, económica e ideológica: Ilustración, igualdad, fin de privilegios, soberanía nacional.

La inglesa fue más “institucional”.
La francesa fue más “total”.

3. Resultado histórico

  • Inglaterra terminó consolidando el parlamentarismo.

  • Francia pasó por república, terror, imperio napoleónico… y un siglo de inestabilidad.

Si lo vemos desde una perspectiva histórica amplia:

Carlos I representa el choque entre absolutismo y constitucionalismo temprano.
Luis XVI representa el colapso de un régimen social entero.

Ambos fueron víctimas de su tiempo, pero también de sus límites personales.

A veces no basta con ser buena persona (Luis XVI probablemente no era un monstruo).
A veces no basta con estar convencido (Carlos I lo estaba).
La historia exige carácter y lectura del momento.

No entender la época puede costar la cabeza. Literalmente.

No son solo anécdotas sangrientas de reyes decapitados. Son advertencias permanentes sobre el poder, la rigidez y el tiempo histórico.

lo planteo en tres niveles.


1️⃣ Primera enseñanza: el poder que no se adapta, se rompe

Carlos I creyó que podía gobernar sin Parlamento.
Luis XVI creyó que podía mantener privilegios feudales en un mundo ilustrado.

Ambos subestimaron el cambio.

Hoy esto aplica a:

  • Gobiernos que ignoran el malestar social.

  • Élites económicas que creen que la desigualdad no genera consecuencias.

  • Instituciones que pierden legitimidad pero actúan como si nada pasara.

La historia muestra algo brutal:
El sistema no cae cuando es odiado. Cae cuando pierde legitimidad.


2️⃣ Segunda enseñanza: la desconexión mata

Carlos I estaba convencido de que tenía razón.
Luis XVI no entendió la magnitud del hambre y la crisis fiscal.

Cuando el gobernante vive en una burbuja, el pueblo deja de verlo como autoridad y empieza a verlo como obstáculo.

Esto es atemporal. Pasa en democracias, en empresas, incluso en familias.

El problema no es el poder.
El problema es la ceguera del poder.


3️⃣ Tercera enseñanza: las revoluciones no siempre traen lo que prometen

La ejecución de Carlos I no llevó inmediatamente a libertad estable.
La de Luis XVI llevó al Terror.

Esto es clave hoy:
Derribar no es lo mismo que construir.

Muchos discursos contemporáneos (de izquierda y de derecha) romantizan la ruptura total. Pero la historia enseña que destruir sin proyecto claro puede abrir la puerta al caos… o a un poder más duro.


🧠 Y una enseñanza más profunda

Ambos casos muestran algo existencial, casi heideggeriano:

El poder también es finito.
Nadie es intocable.

Y cuando una figura que parecía sagrada pierde el aura, el mundo cambia para siempre.

Eso pasó en 1649 y en 1793.
Pasa cada vez que una figura aparentemente indestructible cae.


con honestidad:

Sí, son historias profundamente relevantes hoy.
Porque no hablan solo de reyes.
Hablan de soberbia, miedo, adaptación, legitimidad y tiempo.

Y la pregunta no es solo qué aprendemos de ellos como sociedad.

La pregunta interesante — más incómoda — es:

¿En qué momentos de nuestra propia vida nos comportamos como Carlos I (rígidos) o como Luis XVI (indecisos ante lo inevitable)?

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