Hoy se filtró la noticia de que Lupita Nyong’o sería Helena de Troya en la próxima película de Christopher Nolan, la Odisea... Y todos - los racistas- perdieron su cabeza. Amigos, Helena es un personaje ficticio. Es hija de Zeus y nació de un huevo. Además, no es como que Homero haya dejado una ficha técnica con el código pantone de la piel de Helena .
el fondo de esto no es Helena ni Homero. Es poder simbólico.
Lo que estamos viendo no es una discusión filológica ni histórica, es una reacción de pánico cultural. Cuando ciertos sectores “pierden la cabeza” por el casting de Lupita Nyong’o, lo que se activa no es el amor por la Grecia arcaica, sino el miedo a perder el monopolio del imaginario.
Vamos por capas.
1. El mito como territorio ocupado
Los mitos clásicos, sobre todo los griegos, fueron apropiados durante siglos por Europa moderna para construirse un linaje ficticio:
“Nosotros somos los herederos naturales de la civilización”.
Esa Grecia “blanca”, marmórea, homogénea, es una invención del siglo XVIII–XIX, no del mundo antiguo. Sirvió para legitimar colonialismo, supremacía cultural y racismo científico.
Entonces, cuando hoy alguien racializado entra en ese panteón, el mensaje implícito que reciben es:
“Esto ya no es exclusivamente nuestro”.
Y eso duele más que cualquier argumento histórico.
2. El error de leer a Homero con lentes del siglo XXI
Homero no pensaba en razas.
Pensaba en:
-
linaje
-
favor divino
-
honor
-
destino
-
belleza como fuerza cósmica y política
La obsesión con el color de piel es moderna, hija del colonialismo y de la pseudociencia racial. Proyectarla hacia atrás es un anacronismo brutal.
Pero ojo: no es ingenuo, es estratégico.
Blanquear el pasado sirve para justificar jerarquías en el presente.
3. Helena no es un cuerpo: es una catástrofe
Helena no es “una mujer guapa”. Es:
-
un símbolo de deseo incontrolable
-
una grieta en el orden político
-
la excusa perfecta para que los hombres se destruyan entre sí
Su belleza no es estética, es perturbadora.
Y ahí Lupita encaja perfectamente: no es una belleza neutra, es una belleza que descoloca, que no pide permiso, que no se acomoda al molde eurocéntrico clásico.
Eso, para ciertos imaginarios, es intolerable.
4. Racismo moderno = ansiedad por control narrativo
El racismo aquí opera como una defensa desesperada:
-
“Si cambiamos esto, ¿qué sigue?”
-
“Si Helena no se ve como yo imaginaba, ¿qué más se nos va a escapar?”
No están defendiendo a Homero.
Están defendiendo una fantasía identitaria donde ellos son el centro eterno de la historia.
Por eso la reacción es emocional, no racional.
Por eso no citan versos, sino memes.
Por eso hablan de “fidelidad histórica” mientras ignoran que Helena nació de un huevo.
5. El cine como campo de batalla cultural
Que esto ocurra con Christopher Nolan no es casual. Él trabaja con mitos, tiempo, destino, tragedia. Llevar la Odisea al cine hoy significa inevitablemente reabrir quién tiene derecho a encarnar lo universal.
Y ahí está el núcleo del conflicto:
¿Lo universal sigue teniendo rostro blanco o no?
Para muchos, esa pregunta es insoportable.
6. Lo verdaderamente subversivo
Lo más subversivo no es que Lupita interprete a Helena.
Lo subversivo es recordar que:
-
la belleza no pertenece a una raza
-
los mitos no tienen dueño
-
el pasado no es un museo congelado, sino un campo de disputa viva
Por eso reaccionan con rabia: porque intuyen —aunque no lo puedan formular— que su versión del mundo ya no es incuestionable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario