martes, 3 de febrero de 2026

 El ídolo como prótesis del alma

No hablamos aquí del aficionado que disfruta un partido o del oyente que aprecia una canción. Hablamos de otra cosa:
del que llora como si hubiera perdido a un familiar,
del que golpea a otro por una camiseta,
del que se desmaya al ver a su ídolo,
del que vive a través de alguien más.

Eso no es gusto.
Eso es transferencia existencial.

1. Cuando el yo es débil, busca un pedestal

El ídolo cumple una función básica: rellenar un vacío.

En sociedades donde:

  • el individuo se siente irrelevante,
  • el trabajo no dignifica,
  • la política decepciona,
  • el futuro es incierto,

aparece la tentación de fundirse con algo grande.

“Si él gana, yo gano.
Si él es grande, yo importo.”

El ídolo se vuelve una extensión narcisista:
no lo admiro → me proyecto en él.

Aquí ya no hay distancia crítica.
Hay fusión.


2. La idolatría como regresión infantil

Psicológicamente, la idolatría extrema es una regresión.

Freud lo vio claro:
el ídolo ocupa el lugar del padre idealizado.

  • Todo lo que hace está bien
  • Nunca se equivoca
  • El mundo se divide en fieles y enemigos

Exactamente igual que un niño con su figura de autoridad.

Por eso el ataque al ídolo se vive como ataque personal.
No insultaste a un futbolista:
le tocaste el sistema nervioso al creyente.


3. La masa necesita dioses simples

Aquí entra la sociología.

Gustave Le Bon lo explicó hace más de un siglo:
en la multitud, el individuo pierde pensamiento crítico.

La masa:

  • quiere símbolos,
  • odia matices,
  • necesita relatos simples.

El ídolo es perfecto porque:

  • no exige reflexión,
  • no pide responsabilidad,
  • no confronta al seguidor consigo mismo.

Pensar cansa.
Adorar descansa.


4. Violencia: cuando el ídolo pide sangre

¿Por qué se pelean?
¿Por qué matan por colores, por cantantes, por banderas?

Porque el ídolo no admite ambigüedad.
Y donde no hay ambigüedad, hay fanatismo.

El fanático no defiende una idea:
defiende su identidad prestada.

Por eso la violencia es tan visceral:
si el ídolo cae, yo me desintegro.


5. La industria del ídolo: nada es inocente

No seamos ingenuos.

El sistema:

  • produce ídolos,
  • estimula la histeria,
  • monetiza la devoción.

Mientras más fanatizado estés:

  • menos preguntas haces,
  • más consumes,
  • menos piensas.

Un ciudadano crítico es incómodo.
Un fan extasiado es rentable.


6. Lo peligroso no es amar algo, sino dejar de ser alguien

El problema no es el fútbol.
No es la música.
No es el arte.

El problema es cuando:

  • tu vida no tiene centro,
  • tu criterio se delega,
  • tu identidad se terceriza.

Ahí el ídolo no es inspiración:
es sustituto del carácter.


Conclusión brutal (pero honesta)

La idolatría extrema no habla de grandeza del ídolo,
habla de orfandad interior del seguidor.

Un adulto pleno admira sin desaparecer.
Un adulto vacío se disuelve en otro.

Y ninguna sociedad llena de ídolos
puede estar llena de ciudadanos.


Bibliografía clave (sí, hay mucha y muy sólida)

Te dejo referencias serias, no charlatanería:

Psicología / Psicoanálisis

  • Sigmund FreudPsicología de las masas y análisis del yo
  • Erich FrommEl miedo a la libertad
  • Erich FrommTener o ser
  • Carl JungEl hombre y sus símbolos

Sociología

  • Gustave Le BonPsicología de las masas
  • Zygmunt BaumanVida líquida
  • Theodor AdornoLa industria cultural

Filosofía / Crítica cultural

  • NietzscheAsí habló Zaratustra (crítica al rebaño)
  • Guy DebordLa sociedad del espectáculo

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