domingo, 22 de febrero de 2026

Pobres contra pobres, como de costumbre: la pobreza es una manta demasiado corta, y cada cual tira para su lado. 
 EDUARDO GALEANO 

Galeano lo pinta con su habitual claridad: la pobreza no es solo falta de recursos, sino también un tejido social insuficiente, demasiado frágil para cubrir a todos. Cuando dice “cada cual tira para su lado”, apunta a algo más profundo que la competencia por sobrevivir: revela cómo las desigualdades estructurales convierten a los oprimidos en adversarios entre sí, mientras el poder y la riqueza permanecen concentrados lejos de sus manos.

Es una reflexión sobre cómo la escasez alimenta divisiones internas, nos enfrenta, y nos hace cómplices involuntarios de un sistema que nos mantiene débiles y desconfiados. La manta es corta no por azar: así se asegura que nunca tengamos suficiente para unirnos plenamente y reclamar justicia.

La metáfora de la manta corta es casi una lección de ingeniería social: el poder sabe que si la escasez es generalizada, los pobres se mirarán entre ellos como competidores y no como víctimas del mismo sistema. Cada tira su lado, cada quien lucha por sobrevivir, y así la solidaridad se vuelve un lujo que pocos pueden permitirse. Mientras tanto, los que tienen el control de los recursos observan desde arriba: no necesitan intervenir, porque la lucha entre los pobres garantiza que no se cuestionen las reglas del juego ni se amenace la concentración de poder.

Es una estrategia histórica que se repite: dividir para reinar. Desde plantaciones esclavistas hasta barrios empobrecidos urbanos, siempre hubo incentivos para enfrentar a los oprimidos entre sí. Los discursos de culpa, la criminalización de la pobreza, la narrativa de que “cada quien es responsable de su suerte” —todo eso alimenta la lucha interna, mientras las élites permanecen intactas.

Galeano no solo describe pobreza: revela un mecanismo político. La manta corta simboliza cómo la estructura económica y social está diseñada para mantener a la mayoría ocupada en pelear por las migajas, impidiendo que miren hacia arriba y cuestionen el sistema. La pobreza deja poco espacio para la fraternidad, pero mucho para la manipulación.

Hoy, en México y en muchas partes del mundo, la metáfora de Galeano se cumple de maneras muy concretas. La pobreza y la precariedad son usadas como herramientas políticas y económicas: se fomentan divisiones entre los que están en el mismo nivel económico para que no se unan y exijan cambios estructurales. Por ejemplo:

  • En lo laboral: trabajadores compiten por empleos mal pagados, muchas veces con contratos inseguros o subcontratación. La escasez de oportunidades hace que sea difícil solidarizarse, y el discurso oficial culpa a cada quien por “no esforzarse lo suficiente”, ocultando que el sistema está diseñado para mantener bajos salarios y fragmentar la fuerza laboral.

  • En lo social: programas de asistencia condicionada generan rivalidad entre comunidades pobres; unos reciben subsidios, otros no, y se fomenta la idea de que la ayuda es limitada y hay que pelear por ella. La manta es corta, literalmente.

  • En lo político: partidos y candidatos explotan estas divisiones, utilizando identidad, religión o lugar de origen para crear bandos entre los pobres. Se distrae la atención de los responsables reales de la desigualdad: grandes corporaciones, elites políticas y financieras que concentran la riqueza y el poder.

La clave es que la lucha entre pobres no es accidental: es funcional al sistema. Mantenernos ocupados peleando entre nosotros evita que cuestionemos el verdadero problema: la concentración extrema de poder y riqueza que mantiene la manta corta. La solidaridad real se vuelve peligrosa para quienes controlan los hilos, porque unirnos significaría exigir justicia, derechos y reformas profundas.

Galeano nos recuerda, en pocas palabras, que la verdadera batalla no está entre pobres y pobres, sino entre los que tienen el poder y los que no lo tienen. La manta nunca será suficiente mientras no reconozcamos quién la sostiene y quién decide su tamaño.


“La manta corta” versión sin anestesia:

Miren, el problema nunca fue que la manta fuera corta. El problema es que la hicieron corta a propósito. Los ricos no están ahí tirando billetes; no, están cómodos viendo cómo todos los demás se pelean por un pedazo de tela que apenas cubre los pies. Y mientras tú discutes con tu vecino sobre quién merece más, ellos se ríen y guardan la manta completa en su caja fuerte.

Nos entrenan para pelearnos entre nosotros. Pobre contra pobre: el clásico espectáculo humano. Un día te dicen que eres flojo; al otro, que eres demasiado ambicioso. Te meten miedo, te convencen de que “no hay suficiente para todos”. ¿Y sabes qué? Ellos saben que hay suficiente, solo que no es para ti. La manta no es corta porque el mundo sea injusto… es corta porque alguien decidió que lo fuera. Y mientras peleamos, ellos siguen acumulando, disfrutando del show, viendo cómo nos matamos por nada.

Así que la próxima vez que alguien te diga “la competencia es natural”, recuerda: natural para ellos, artificial para nosotros. La manta corta es política, economía y psicología en un solo paquete: divide y vencerás, funciona desde hace siglos, y hasta ahora, seguimos cayendo en el mismo truco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario