Bertrand de Jouvenel, en su obra más conocida sobre el tema, El poder: de la influencia a la dominación (título original: Du Pouvoir), hace un análisis profundo y, a la vez, casi profético, sobre la naturaleza expansiva del poder político. Su tesis central es que el poder no se contenta con existir: tiende a extenderse, a crecer por sí mismo, más allá de los límites que la sociedad o la ley podrían imponerle.
Podemos desglosarlo así:
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El poder como apetito autónomo
Jouvenel señala que el poder tiene un impulso casi orgánico: una vez que un individuo, grupo o Estado posee cierto poder, surge el deseo de aumentarlo, incluso si ya es suficiente para cumplir sus fines. Es decir, el poder se vuelve un fin en sí mismo, no solo un medio. Esto se parece mucho a lo que los psicólogos políticos llaman “la lógica de la escalada”: quien tiene poder quiere más, y cuanto más tiene, más difícil es detenerlo. -
El riesgo de la expansión ilimitada
Este crecimiento no conoce límites naturales: el poder busca absorber competencias, decisiones, territorio, recursos, influencia social. Así, Jouvenel advierte que incluso democracias pueden ser arrastradas hacia formas más autoritarias si no se establecen frenos claros y si la sociedad no se organiza para vigilarlas. -
El círculo vicioso del control
Cuanto más se concentra el poder, más se justifica su concentración con argumentos de seguridad, eficiencia o bienestar. El poder expansivo encuentra excusas en la misma estructura que crea. Jouvenel observa que esto se repite a lo largo de la historia: monarquías, imperios, regímenes totalitarios y, hasta cierto punto, Estados modernos con exceso de burocracia centralizada. -
Contrapesos y vigilancia ciudadana
Para Jouvenel, la única manera de evitar que el poder se vuelva omnipresente es mediante límites institucionales y culturales: separación de poderes, controles, transparencia y, muy importante, la participación activa y vigilante de los ciudadanos. Si no, advierte, el poder crece como una especie de “bacteria” que coloniza espacios y derechos.
En síntesis, Jouvenel nos muestra que el poder no es neutral ni estático; tiene una tendencia expansiva casi natural, y la historia demuestra que quienes lo poseen rara vez lo abandonan voluntariamente. La obra funciona como una especie de manual de alerta: incluso en sociedades libres, el poder puede devorar la libertad si no se le pone freno.
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