El pasado glorioso: esa droga dura que nunca falla
Cuando el presente no promete nada y el futuro da miedo, el poder hace lo único sensato (para él): vende nostalgia.
No historia.
Nostalgia: historia sin culpa, memoria sin víctimas.
España: el franquismo como fantasma bien peinado
España no perdió una guerra civil: la congeló.
El franquismo murió en la cama, con rosario y escolta, y dejó tres herencias:
“No reabramos heridas”
Traducción: no toquemos los privilegios heredados.
La memoria se presenta como revancha; el olvido, como madurez.
La equidistancia moral
“Hubo excesos en ambos bandos”.
Frase quirúrgica para borrar quién dio el golpe y quién defendía la República.
El mito del orden
Franco ya no es dictador, es “el que puso orden”.
Como si el silencio forzado fuera paz
y la cárcel, pedagogía.
Resultado:
un autoritarismo sin autor,
una dictadura sin responsables
y una derecha que no pide perdón porque nunca perdió del todo.
No historia.
Nostalgia: historia sin culpa, memoria sin víctimas.
España: el franquismo como fantasma bien peinado
España no perdió una guerra civil: la congeló.
El franquismo murió en la cama, con rosario y escolta, y dejó tres herencias:
“No reabramos heridas”
Traducción: no toquemos los privilegios heredados.
La memoria se presenta como revancha; el olvido, como madurez.
La equidistancia moral
“Hubo excesos en ambos bandos”.
Frase quirúrgica para borrar quién dio el golpe y quién defendía la República.
El mito del orden
Franco ya no es dictador, es “el que puso orden”.
Como si el silencio forzado fuera paz
y la cárcel, pedagogía.
Resultado:
un autoritarismo sin autor,
una dictadura sin responsables
y una derecha que no pide perdón porque nunca perdió del todo.
América Latina: imperios reciclados en discursos patrios
Aquí el pasado glorioso es una piñata con muchas caras.
1. La colonia como epopeya
La conquista se vende como:
civilización
evangelización
progreso
Los muertos son estadísticas.
El saqueo, “encuentro de culturas”.
Cuando alguien menciona genocidio, la respuesta es automática:
“No juzgues el pasado con ojos de hoy”.
Curioso:
para el orgullo sí sirven los ojos de hoy,
para la culpa no.
2. Las dictaduras como “necesidad histórica”
Chile, Argentina, Brasil, Uruguay…
El relato es conocido:
“Era eso o el caos”
“Se cometieron excesos, pero se salvó al país”
“La economía lo agradeció”
El torturador se vuelve técnico.
El desaparecido, daño colateral.
Como en el Sur estadounidense:
no fue maldad, fue contexto.
3. El anticomunismo como religión civil
Aquí está el pegamento.
No importa si había comunistas reales, imaginarios o inventados: la etiqueta justifica todo.
Golpes, censura, exilio, muerte.
Todo cabe en el altar del “mal menor”.
El enemigo interno —ayer rojo, hoy feminista, indígena, migrante—
es la excusa perfecta para no hablar de desigualdad estructural.
El patrón común (sin eufemismos)
En España, en el Sur de EE. UU., en América Latina, la fórmula es la misma:
Derrota moral o histórica
Reescritura épica del pasado
Victimización del antiguo poder
Uso político del resentimiento
Voto movilizado por miedo y nostalgia
No quieren volver al pasado.
Quieren volver a mandar.
El truco final: llamar “ideología” a la memoria
La memoria histórica es “revanchismo”.
Los derechos humanos son “agenda”.
La justicia es “polarización”.
Mientras tanto, el mito se presenta como neutral, natural, sentido común.
La historia no se discute:
se administra.
Cierre (con bisturí, no con incienso)
El pasado glorioso no es amor por la historia.
Es odio al presente.
Y quienes más lo invocan no añoran épocas mejores para todos,
sino épocas donde no todos contaban.
Por eso el mito vota.
Y vota disciplinado.
Porque no promete futuro,
promete restauración.
guerra cultural:
por qué la izquierda suele perder la batalla del relato,
por qué la izquierda suele perder la batalla del relato,
Aquí el mito deja la biblioteca y se calza botas.
La historia ya no se recuerda: se pelea.
De pasado glorioso a guerra cultural
manual breve para incendiar el presente
La guerra cultural no es un exceso retórico.
Es una estrategia política de bajo costo y alta rentabilidad.
No promete pan, promete identidad.
Y eso llena urnas aunque vacíe neveras.
1. Primer movimiento: convertir la historia en trinchera
El mito dice:
“Nos quieren borrar”.
¿Quiénes?
feministas
indígenas
migrantes
maestros
periodistas
“progres”
No importa el grupo. Importa la función: enemigo interno.
La memoria histórica deja de ser justicia y pasa a ser “ataque”.
El pasado deja de ser análisis y se vuelve territorio sagrado.
Quien pregunta, profana.
Quien critica, traiciona.
2. Segundo movimiento: moralizarlo todo
La política se vuelve catecismo.
No hay datos, hay valores.
No hay desigualdad, hay esfuerzo.
No hay violencia estructural, hay “casos aislados”.
Así el debate se vuelve imposible:
no discutes políticas, discutes almas.
Y contra el pecado no se dialoga:
se castiga.
3. Tercer movimiento: la victimización del poder
Aquí está la alquimia.
El grupo históricamente dominante se presenta como:
silenciado
perseguido
cancelado
Aunque tenga:
medios
jueces
capital
micrófonos infinitos
El poderoso se disfraza de mártir.
El privilegio se vende como vulnerabilidad.
Y el mito funciona porque emociona, no porque sea cierto.
4. Cuarto movimiento: el lenguaje como campo de batalla
Las palabras se vuelven sospechosas.
“Género”
“memoria”
“diversidad”
“derechos humanos”
No se discuten: se caricaturizan.
La guerra cultural no busca convencer.
Busca ridiculizar, agotar, ensuciar.
Cuando todo suena exagerado, nada parece urgente.
5. Quinto movimiento: educación y cultura como botín
Aquí el mito se vuelve política pública:
censura de libros
revisión de currículos
persecución a docentes
ataques al arte
No para imponer una verdad, sino para sembrar miedo.
Un profesor con miedo educa poco.
Un artista con miedo decora.
Una universidad con miedo administra títulos.
6. Sexto movimiento: el voto como plebiscito identitario
Ya no votas por programas.
Votas para defender quién eres.
El voto se vuelve acto tribal:
“ellos” vs “nosotros”
“los de siempre” vs “los que sobran”
“la nación” vs “el enemigo”
La economía puede ir mal.
La corrupción puede ser obscena.
Pero si ganan los otros, se pierde el alma.
Y nadie quiere perder el alma.
El patrón completo (sin maquillaje)
Pasado glorioso
Enemigo interno
Miedo cultural
Identidad herida
Polarización total
Democracia convertida en ring
No es espontáneo.
No es ignorancia.
Es ingeniería política emocional.
Cierre (con verso breve)
La guerra cultural no quiere futuro,
quiere perpetuarse.
Porque un pueblo ocupado peleando símbolos
no pregunta quién se queda con el pan.
Y mientras discutimos estatuas, banderas y pronombres,
el poder real —ese que nunca sale en los debates culturales—
sigue intacto, callado, ganando.
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