Ninfa salinas:
lo que nos une es el trabajo, que es una minoría los que no trabajan y no producen, el trabajo dignifica, empuja y nos hace sentir libres, salir a buscar nuestras oportunidades es lo que tenemos en común, es natural querer salir adelante, querer tener más.
La frase de Ninfa Salinas no es inocente. Es un discurso clásico del liberalismo empresarial mexicano, con varias capas retóricas que vale la pena desmontar con calma.
1. “Lo que nos une es el trabajo”
Aquí hay una operación interesante: convertir el trabajo en identidad común.
En apariencia suena integrador. Pero fíjate en el desplazamiento:
no nos une la justicia, ni la dignidad humana, ni la igualdad ante la ley.
Nos une el trabajo.
Eso implica que quien no trabaja —o no puede trabajar— queda simbólicamente fuera del “nosotros”.
Es una forma elegante de establecer frontera moral.
2. “Es una minoría los que no trabajan y no producen”
Aquí hay un recurso retórico fuerte: la construcción del “otro improductivo”.
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Se habla de “minoría” sin cifras.
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Se iguala no trabajar con no producir.
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Se asume que producir es el único criterio de valor social.
Pero cuidado:
¿quién define qué es producir?
¿Una madre que cuida hijos produce?
¿Un estudiante produce?
¿Un anciano produce?
¿Un artista produce si no genera ganancias?
Este discurso adopta una definición estrictamente económica de “producción”, típica del capitalismo clásico.
3. “El trabajo dignifica”
Esta frase tiene raíces profundas. La encontramos en tradiciones religiosas (ética protestante), en el marxismo, en el discurso empresarial moderno.
Pero aquí hay que distinguir:
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El trabajo puede dignificar cuando es voluntario y justo.
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También puede alienar, explotar y enfermar.
Pensadores como Marx hablaron de cómo el trabajo bajo ciertas condiciones deshumaniza.
No todo trabajo dignifica. El trabajo forzado, precarizado o mal pagado no libera; somete.
4. “El trabajo nos hace sentir libres”
Aquí está el núcleo ideológico.
La libertad se redefine como:
Poder salir al mercado a competir.
Pero eso no es libertad en sentido filosófico profundo.
Eso es libertad de mercado.
La pregunta crítica sería:
¿Eres libre si necesitas vender tu tiempo para sobrevivir?
¿O simplemente estás dentro de una estructura que no elegiste?
5. “Es natural querer tener más”
Este es el punto más delicado.
Se naturaliza el deseo de acumulación.
Pero “natural” es una palabra peligrosa en política.
Muchísimas cosas que son culturales se presentan como naturales para que parezcan inevitables.
¿Es natural querer más?
Sí, hasta cierto punto.
Pero también es natural querer descanso, comunidad, contemplación, arte, tiempo libre.
El discurso selecciona un aspecto del deseo humano (acumulación) y lo universaliza.
¿Qué hace este discurso en conjunto?
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Moraliza la productividad.
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Reduce la identidad humana al rol económico.
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Despolitiza la desigualdad (si todos trabajamos, el problema no es estructural).
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Traslada la responsabilidad del éxito al individuo.
Es un discurso potente porque:
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Apela al orgullo.
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Apela al mérito.
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Apela al esfuerzo.
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Apela a la idea de superación personal.
Pero omite hablar de:
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Estructuras.
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Concentración de riqueza.
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Herencias económicas.
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Ventajas iniciales.
En resumen, camaradas
No es un discurso falso.
Es un discurso incompleto.
Tiene una parte verdadera:
El trabajo puede dar sentido.
Pero se convierte en ideología cuando:
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Se usa para excluir.
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Se usa para juzgar.
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Se usa para negar condiciones estructurales.
El esfuerzo dignifica cuando es elección.
Cuando es imposición, ya no es libertad; es necesidad.
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