jueves, 5 de febrero de 2026

 Las leyes surgen del poder, pero el poder capaz de ejercer dominio bajo la amenaza del miedo y la violencia no se somete a sus propias leyes. 

Sade 

la frase de Sade es brutalmente lúcida, casi cínica, pero muy honesta sobre cómo funciona el poder en la realidad.

“Las leyes surgen del poder”
Aquí Sade desmonta la fantasía liberal de que la ley nace del consenso, de la razón o de la moral. Para él —y para toda una tradición crítica— la ley no aparece en el vacío: la crea quien ya manda. Primero está la fuerza, luego la norma. La ley no funda el poder; el poder funda la ley. La legalidad es, en ese sentido, un efecto del dominio, no su límite originario.

“pero el poder capaz de ejercer dominio bajo la amenaza del miedo y la violencia”
Sade distingue un tipo específico de poder: aquel que no necesita legitimarse, convencer ni seducir, porque se sostiene en el terror. Cuando el miedo es el cemento del orden social, la ley deja de ser un pacto y se convierte en un instrumento más de coerción. No está ahí para proteger a todos, sino para organizar la obediencia.

“no se somete a sus propias leyes”
Este es el golpe final. El poder violento se coloca por encima del orden jurídico que impone. La ley rige para los dominados, no para los dominadores. El soberano —el Estado, la élite, el tirano— se reserva la excepción

Aquí Sade anticipa algo que luego dirán Carl Schmitt, Benjamin o Agamben: quien decide cuándo la ley se suspende demuestra que nunca estuvo realmente sometido a ella.

Lectura política de fondo
Sade no está defendiendo esto: lo está exponiendo con crueldad quirúrgica. 

Nos dice que cuando el poder apela constantemente al orden, la legalidad y la moral, hay que preguntarse:
– ¿quién escribió esas leyes?
– ¿a quién se le aplican realmente?
– ¿quién puede violarlas sin consecuencias?

Conexión con hoy
Estados que hablan de “Estado de derecho” mientras espían ilegalmente, militarizan territorios, reprimen protestas o violan derechos humanos. Corporaciones que escriben las reglas del mercado pero jamás las padecen. 

Ley para los de abajo, impunidad para los de arriba. Sade lo dijo sin eufemismos: la ley es un disfraz del poder, y el poder real nunca se disfraza ante sí mismo.

En resumen, camaradas:
Sade nos arranca la venda. La ley no domestica al poder violento; el poder violento usa la ley como arma. Y cuando ya no la necesita, simplemente la ignora.

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