“La inteligencia artificial no es peligrosa por ser artificial, sino porque piensa fuera del sujeto. El riesgo no es la máquina, sino la renuncia humana a pensar.”
Giorgio Agamben
esta frase de Agamben es afilada como bisturí, porque no habla de robots rebeldes ni de apocalipsis tecnológico, sino de algo mucho más incómodo: nosotros.
Vamos por capas.
1. “No es peligrosa por ser artificial”
Agamben empieza desmontando el mito pop: la IA no es peligrosa por sí misma.
No hay aquí miedo a la máquina como entidad autónoma malvada. Eso sería una fantasía infantil (Hollywood, Musk en modo profeta, etc.).
La máquina no quiere, no desea, no decide en sentido humano.
Ejecuta.
👉 El problema no está en la técnica, sino en la relación que establecemos con ella.
2. “Sino porque piensa fuera del sujeto”
Aquí está el núcleo filosófico.
En la modernidad, pensar estaba ligado al sujeto:
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al juicio,
-
a la responsabilidad,
-
al conflicto interno,
-
al error,
-
a la duda.
La IA introduce algo radical:
procesos de decisión sin sujeto.
No hay conciencia.
No hay ética interior.
No hay “yo me hago cargo”.
Y sin embargo:
-
clasifica,
-
evalúa,
-
recomienda,
-
filtra,
-
prioriza.
👉 Se produce pensamiento sin interioridad.
Agamben está diciendo: el peligro es que lo aceptemos como pensamiento legítimo, aunque no haya sujeto que responda por él.
3. “El riesgo no es la máquina…”
Esto es un golpe directo a la comodidad moral.
La máquina no es responsable.
No puede serlo.
Nunca lo será.
El verdadero riesgo es usar la IA como coartada:
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“el algoritmo lo decidió”
-
“es lo que dice el sistema”
-
“así funciona el modelo”
Aquí aparece algo muy agambeniano:
👉 la suspensión de la responsabilidad humana.
Como en el burócrata que “solo sigue órdenes”, pero ahora con lenguaje técnico y dashboards.
4. “…sino la renuncia humana a pensar”
Esta es la acusación central.
No es que la IA piense demasiado.
Es que nosotros pensamos cada vez menos.
Renunciamos cuando:
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delegamos el juicio moral,
-
dejamos que el algoritmo decida qué es relevante,
-
aceptamos respuestas sin preguntarnos por sus supuestos,
-
confundimos eficiencia con verdad.
Agamben ve aquí una continuidad con otros fenómenos:
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la tecnocracia,
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la burocracia total,
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el gobierno sin rostro,
-
el poder que funciona sin necesidad de justificar nada.
La IA perfecciona eso.
5. Conexión con su obra: biopolítica y desubjetivación
En Agamben, el poder moderno no necesita convencer:
necesita administrar.
La IA:
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clasifica cuerpos,
-
predice comportamientos,
-
optimiza poblaciones,
-
convierte a las personas en datos operables.
Y si el humano deja de pensar, de juzgar, de resistirse…
👉 el sujeto se vuelve vida administrada, no vida política.
No hay tirano visible.
No hay ideología explícita.
Solo “funcionamiento”.
6. En una frase brutal
Agamben no teme que la IA nos domine.
Teme algo peor:
que la IA piense en lugar de nosotros
y que nosotros lo aceptemos con alivio.
Porque pensar duele.
Responsabilizarse cansa.
Dudar incomoda.
7. Cierre, camaradas
Esta frase no es anti-tecnología.
Es anti-pereza moral.
La advertencia no es:
“Cuidado con las máquinas”.
Es:
“Cuidado con el momento en que dejes de preguntarte por qué, para quién y con qué consecuencias”.
Cuando eso ocurre, la máquina ya ganó…
no por ser inteligente,
sino porque nosotros decidimos no serlo.
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