la frase es un bisturí poético:
“Lo que hoy es puro, mañana está podrido.”
Aplicada al neoliberalismo salvaje, funciona casi como una ley histórica.
1. La promesa de pureza
El neoliberalismo nació envuelto en un discurso de pureza moral:
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“El mercado es natural”
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“La competencia nos hará mejores”
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“Menos Estado = más libertad”
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“El éxito es mérito individual”
Todo eso se presentó como lo limpio frente a lo corrupto: el mercado puro contra el Estado sucio, el emprendedor virtuoso contra el burócrata parásito.
Ahí está el “hoy es puro”.
2. El tiempo como ácido
Pero el tiempo revela lo que el discurso esconde. Cuando esa lógica se aplica sin freno:
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La competencia se convierte en monopolio
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La eficiencia en explotación
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La libertad en precariedad
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El mérito en herencia disfrazada
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El mercado en oligarquía financiera
Lo que se decía “natural” empieza a oler mal.
No por accidente, sino por coherencia interna.
Ahí llega el “mañana está podrido”.
3. La putrefacción no es moral, es estructural
La frase no acusa a individuos, acusa a sistemas.
El neoliberalismo se pudre porque:
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Necesita crecimiento infinito en un mundo finito
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Convierte todo en mercancía: salud, agua, tiempo, cuerpos
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Desvincula ganancia de responsabilidad
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Premia la acumulación, no el cuidado
No se corrompe: se cumple.
Como la carne dejada al sol: no “falla”, sigue su lógica.
4. El gran truco ideológico
Cuando el sistema huele mal, no se cuestiona el sistema.
Se culpa al individuo:
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“No te esforzaste”
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“No supiste competir”
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“Te faltó mentalidad”
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“Eso no es verdadero neoliberalismo”
Es la manera de negar la podredumbre y seguir vendiéndola como perfume.
5. América Latina: el laboratorio del deterioro
En nuestros países el proceso fue brutalmente visible:
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Privatizaciones prometían eficiencia → dejaron saqueo
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Apertura prometía desarrollo → dejó dependencia
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Flexibilidad prometía empleo → dejó vidas rotas
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Austeridad prometía estabilidad → dejó hambre
La pureza duró lo que dura un slogan.
La realidad hizo el resto.
6. Sentido profundo de la frase
dice algo más hondo:
ningún sistema que se proclama puro resiste el tiempo.
Cuando algo se presenta como incuestionable, eterno, natural…
ya empezó a pudrirse.
Porque la vida es mezcla, límite, contradicción.
Y toda ideología que odia eso, termina oliendo a muerte.
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