En política el lenguaje correcto no es el que atiende a la realidad, sino que la realidad correctamente percibida debe responder a su lenguaje prefabricado.
Irene Lozano
la frase de Irene Lozano es un bisturí fino. No describe un error del lenguaje político: describe su lógica de funcionamiento.
Vamos por partes.
1. Inversión brutal entre lenguaje y realidad
En un mundo sano, el lenguaje intenta nombrar lo que ocurre. Primero pasa algo; luego buscamos palabras más o menos honestas para describirlo.
Lo que señala Lozano es lo contrario: en política el lenguaje va primero, y la realidad viene después, obligada a encajar.
No se pregunta: ¿qué está pasando?
Se pregunta: ¿qué marco discursivo necesito mantener?
Si la realidad no cuadra, no se corrige el discurso: se corrige la percepción de la realidad.
2. El lenguaje como molde, no como espejo
Ese “lenguaje prefabricado” no es inocente. Son marcos, etiquetas, relatos cerrados:
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“Reformas estructurales”
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“Daños colaterales”
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“Externalidades”
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“Ajustes necesarios”
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“Seguridad”
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“Libertad”
Palabras que ya traen la conclusión incluida. Cuando alguien percibe la realidad de otro modo —dolor, precariedad, abuso— el problema no es la política, sino que esa persona no entendió bien el lenguaje.
Aquí ocurre algo perverso:
👉 la experiencia humana pasa a ser sospechosa
👉 el discurso oficial se vuelve incuestionable
3. El truco autoritario (aunque se vista de democracia)
Esto conecta con algo muy orwelliano:
Si controlas el lenguaje, controlas lo pensable.
No hace falta prohibir hechos; basta con volverlos indecibles o mal formulados.
El ciudadano puede sufrir… pero si no sabe decirlo “correctamente”, entonces no cuenta.
Por eso tanta insistencia en:
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“narrativa correcta”
-
“marco adecuado”
-
“responsabilidad discursiva”
No es cuidado del lenguaje: es policía semántica.
4. El ciudadano ideal: el que traduce su vida al guion
El buen ciudadano, en este esquema, no es el que ve con claridad, sino el que aprende a traducir su experiencia al idioma oficial.
Si pierdes el trabajo: no es desempleo, es “reconversión”.
Si no alcanzas a vivir: no es pobreza, es “transición”.
Si te reprimen: no es violencia, es “restablecimiento del orden”.
Y si no aceptas esa traducción, entonces eres:
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radical
-
ignorante
-
populista
-
enemigo de la democracia
5. Lo que se está jugando en el fondo
La frase de Lozano apunta a algo grave: la política deja de ser interpretación del mundo y se vuelve ingeniería de percepción.
No importa tanto gobernar la realidad como gobernar la forma en que debe ser entendida.
Cuando eso pasa, el conflicto político ya no es solo de intereses, sino de lenguaje vs. experiencia. Y ahí nace el cinismo, la rabia y también el descrédito total del discurso público.
En corto, camaradas:
👉 no es que la política mienta
👉 es que exige que la verdad se adapte a su mentira estructural
Y eso, históricamente, nunca termina bien.
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