jueves, 12 de febrero de 2026

 La izquierda también tiene zoológico, árbol genealógico y fantasmas heredados.

¿Izquierda, progresismo, socialdemocracia, socialismo, comunismo:
especies distintas o el mismo primate con distintos manifiestos?

Respuesta corta: familia, no secta única.
Respuesta honesta: comparten impulso, no destino.
También tienen un ancestro común.
No peludo, pero sí hambriento.
El ancestro común 🦴
La experiencia de la desigualdad como injusticia.
No como mala suerte.
No como error técnico.
Como algo hecho por alguien.
La izquierda nace cuando alguien dice:
“esto no es natural”
y decide no tragárselo.
De ahí se abren las ramas.

Primera mutación: la izquierda moral
La más antigua y persistente.
No empieza en el Estado ni en el partido,
empieza en la conciencia.
Ve injusticia y dice: esto está mal.
A veces grita.
A veces escribe poemas.
A veces se queda en gesto.
Su límite:
confunde tener razón con tener poder.

El progresismo

La izquierda que aprendió a hablar institucional.
Quiere ampliar derechos, corregir exclusiones,
limar bordes, empujar la historia poquito a poquito.
Cree en el cambio,
pero sin romper nada demasiado caro.
Su pecado original:
pensar que el sistema se deja educar.

La socialdemocracia
La izquierda que hizo trato con el capitalismo:
yo no te tumbo si tú no me devoras.
Construyó Estado de bienestar,
derechos laborales, seguridad social,
y demostró que la desigualdad se puede reducir.
Su tragedia:
olvidar que el capital también negocia…
hasta que gana.

El socialismo
La izquierda que no quiere parches.
Quiere estructura.
No solo salarios mejores,
sino quién manda, quién decide, quién posee.
Sueña con democracia económica,
aunque a veces la sueña con demasiada certeza
y poca paciencia.
Cuando se vuelve dogma,
deja de liberar y empieza a ordenar.

El comunismo

La izquierda escatológica.
La promesa del después.
No propiedad privada de los medios de producción.
No clases.
No Estado (algún día).
Es menos un programa inmediato
y más una horizonte moral.
Su problema histórico:
el camino al cielo suele pavimentarse
con burócratas.

El radicalismo (la rama impaciente)
La izquierda que no cree en la espera.
Ve violencia estructural
y responde con ruptura.
A veces acierta en el diagnóstico.
A veces confunde prisa con claridad.
La historia muestra que puede abrir grietas…
o cerrarlas con plomo.
El ADN compartido 🧬
Todas estas izquierdas comparten:
La idea de que la desigualdad es política
La sospecha hacia el poder concentrado
La intuición de que la libertad sin igualdad es hueca
La fe —a veces ingenua— en la capacidad humana de organizarse mejor
Lo que cambia no es el impulso,
sino la estrategia, el ritmo y la imaginación del poder.

Epílogo: la familia que se pelea
La izquierda discute más que gobierna.
Se fragmenta, se acusa, se excomulga.
Pero cuando el mundo se vuelve intolerable,
cuando el mercado muerde sin bozal,
cuando el orden se presenta como destino,
todas recuerdan
por qué nacieron.
No para administrar lo dado,
sino para demostrar
que lo dado no es sagrado.

El primate original no cuidaba fuego.
Tenía hambre.
Y entendió que solo,
no salía de la cueva. 

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