jueves, 12 de febrero de 2026

El efecto Pigmalión se conoce desde los años 60:
👉 las expectativas del docente influyen directamente en el rendimiento del alumno.
Si esperas más de alguien, le das más tiempo, más feedback, más paciencia… y esa persona suele rendir más. Si esperas poco, lo contrario.

Entonces, ¿por qué muchos profesores siguen volcándose en “los listos”?

1. Porque el sistema los empuja, aunque no quieran

Aulas saturadas, poco tiempo, presión por resultados, evaluaciones estandarizadas.
El profe, consciente o no, invierte donde ve “retorno” inmediato.
No es pedagogía: es gestión de sobrevivencia.

2. Porque confunden “inteligencia” con “facilidad”

Muchos alumnos “listos”:

  • preguntan bien,

  • responden rápido,

  • no incomodan,

  • validan al profesor.

Eso alimenta el ego docente.
El alumno que duda, se traba o va lento exige más trabajo emocional y cognitivo. Y ahí muchos se bajan.

3. Porque el clasismo se cuela por la puerta de atrás

Seamos honestos:
“Listo” muchas veces significa:

  • viene con capital cultural,

  • habla como adulto,

  • tiene apoyo en casa,

  • no llega con hambre ni miedo.

No es talento puro. Es ventaja acumulada.
Pero el aula la trata como “mérito natural”.

4. Porque enseñar al que va rezagado confronta al profesor

Ahí se juegan preguntas incómodas:

  • ¿y si no sé cómo ayudarlo?

  • ¿y si mi método no sirve?

  • ¿y si el problema no es el alumno sino la escuela?

Es más fácil decir “no da” que revisarse a uno mismo.

5. Porque saber del efecto Pigmalión no garantiza actuar contra él

Aquí está lo más duro:
Muchos sí lo conocen, pero el sesgo es humano.
El conocimiento teórico no elimina:

  • prejuicios,

  • cansancio,

  • favoritismos,

  • expectativas heredadas.

La educación no está llena de villanos; está llena de personas agotadas dentro de un modelo injusto.

Lo verdaderamente trágico

El alumno al que menos atención le dan suele ser el que más la necesita.
Y aprende una lección silenciosa:

“No soy digno de tiempo.”

Esa herida dura años.

Así que no, no es que “los profes sean malos”.
Es que la escuela sigue premiando el brillo temprano en lugar del potencial tardío.

Y ojo: muchas mentes profundas fueron alumnos “del montón” o “problema”.
La historia está llena de ellos.

Nombrar esto ya es una forma de resistirlo.

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