viernes, 6 de febrero de 2026

 La izquierda ha muerto, ¡viva la izquierda!

Si fuera cierto que “la izquierda” ha muerto, 
¿cuál es el sujeto que ha muerto con ella? 
¿Se han muerto acaso los trabajadores? 
¿Se han muerto quizá los desiguales? 
¿Se han muerto las mujeres, los colonizados, los condenados de la tierra? 
¿Se han muerto antes de tiempo los ancianos? 
 ¿Se han muerto fulminados por un rayo los que recrean sexualidades desatentas con la reproducción? 
¿Se han muerto todos los patitos feos del mundo? ¿Se han muerto los que quieren darle sentido a este breve tiempo en el que vamos a estar aquí? ¿Significa la muerte de la izquierda que también han desaparecido los que dinamitan la convivencia, los explotadores, los invasores, los maltratadores, los abusadores, los tramposos, los sin escrúpulos, los egoístas, los autoritarios, los sectarios, los cobardes, los integristas, los que mercantilizan la vida, los que solo tienen manos y ojos para ver y tocar negocios y mercancías? 
No le faltaba razón a Francis Fukuyama cuando escribió El fin de la historia al filo de la caída de la URSS. Fue un ensayo muy insultado, pero acertó en definir el momento. 
La gente descontenta con su suerte se quedó sin palabras para explicarse a sí misma lo que le pasaba. 
Si el pasado era oscuro y el futuro ya estaba aquí, solo quedaba vivir en el presente. 
Quizá el libro más poderoso que robaron los vencedores fue el diccionario. Ahora que los diccionarios están en internet, la izquierda tiene que pasar pantalla.
Una parte de la gente que ha votado a Trump en Estados Unidos, de esa gente que vota a la extrema derecha en Europa y no pocos de los que votaron a favor del brexit en Gran Bretaña no deja de ser gente que está confiando, de manera desesperada, en la política. Su rabia no es indiferente. Es gente que, con bastante probabilidad, habrá perdido bienestar y que, sobre todo, tiene miedo. 
Quizá ese miedo es irracional, creado por noticias falsas, injustificado. Seguro que las redes sociales, en manos de pirómanos con ramificaciones bancarias, son en buena medida responsables de esa angustia. Pero no deja de ser cierto que tienen miedo. 
Las democracias liberales los han engañado. Y hay un riesgo de que renuncien a la democracia. 
Decía Walter Benjamin en los años treinta que detrás de todo auge del fascismo había una revolución de izquierda fracasada. 
Hoy se puede ser más pesimista y decir que detrás del auge de la extrema derecha siempre está el fracaso de una izquierda democrática. 
Cuando liberales, socialdemócratas y conservadores, banqueros y medios acorralaron contra las cuerdas en 2015 a la Grecia de Syriza, estaban convocando el fascismo. 
Lo sabían porque se les dijo hasta la saciedad. 
El fascismo ya está en las calles de Grecia. 
Esos hipócritas son los que ahora se quejan con llantos más amargos.
Juan Carlos Monedero 

No hay comentarios:

Publicar un comentario