viernes, 6 de febrero de 2026

Existe una famosa encuesta en la que se preguntó a los franceses quién creían que había tenido un papel mayor en la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial contra Alemania. 
Esta pregunta, al parecer sencilla, se realizó en cuatro fechas distintas para comparar los resultados: en 1945, poco después de la guerra; en 1994, tras la caída del bloque soviético; en 2004, tras la guerra de Irak; y finalmente en 2015, cuando se publicó el estudio 

este caso es oro puro para entender cómo funciona la memoria histórica y el poder ideológico. No es una simple encuesta: es una radiografía del relato dominante en cada época.

Vamos por partes.


1. La pregunta “inocente” que no lo es

La pregunta era básicamente:
¿Qué país tuvo el papel más importante en la derrota de la Alemania nazi?

Parece factual. Pero en realidad mide qué relato está vivo en la cabeza de la gente, no qué ocurrió en los campos de batalla.

Y ahí empieza lo interesante.


2. 1945: la memoria aún caliente

En 1945, recién terminada la guerra:

  • La mayoría de los franceses respondió: la Unión Soviética.

  • Estados Unidos aparecía muy por detrás.

  • Reino Unido y Francia casi testimoniales.

¿Por qué?

Porque en 1945 todo el mundo sabía:

  • Que el frente oriental había destrozado a la Wehrmacht.

  • Que Stalingrado, Kursk y el avance soviético fueron decisivos.

  • Que la URSS había puesto más de 20 millones de muertos.

No había aún necesidad de mentirle al pasado.
La experiencia estaba fresca. Los soldados volvían. Los mapas eran claros.

👉 Aquí la memoria todavía competía de tú a tú con la propaganda.


3. 1994: cae la URSS, cae su papel histórico

Salto brutal a 1994, tras la caída del bloque soviético.

  • La URSS prácticamente desaparece como respuesta.

  • Estados Unidos pasa a ocupar el primer lugar.

  • El relato del “libertador americano” se consolida.

¿Cambió la historia?
No.
Cambió el poder.

Cuando un actor histórico pierde poder político:

  • Se reescribe su pasado.

  • Se minimizan sus sacrificios.

  • Se convierte en “contexto” o “detalle”.

La URSS ya no existía para defender su memoria.
Hollywood, los medios y la OTAN sí.

👉 Aquí vemos algo clave: la historia la gana quien gana el presente.


4. 2004: Irak y la grieta moral

Tras la guerra de Irak, ocurre algo fascinante:

  • La fe absoluta en EE. UU. empieza a resquebrajarse.

  • Aparecen respuestas más dispersas.

  • Crece el escepticismo hacia el “salvador occidental”.

No es que la gente “recuerde mejor” la Segunda Guerra.
Es que empieza a dudar del relato estadounidense contemporáneo.

Y cuando dudas del presente, dudas del pasado que te contaron.

👉 La memoria histórica no se corrige sola: se erosiona cuando el relato actual falla.


5. 2015: la victoria definitiva del mito

Para 2015:

  • Estados Unidos domina claramente las respuestas.

  • El papel soviético es residual o marginal.

  • Muchos jóvenes apenas lo mencionan.

Aquí ya no estamos ante olvido:
estamos ante reprogramación cultural completa.

La Segunda Guerra se ha convertido en:

  • Desembarco de Normandía

  • Soldados americanos heroicos

  • Bandera estadounidense ondeando

El frente oriental —el más sangriento y decisivo— queda fuera del imaginario popular.

👉 No porque sea falso, sino porque no es funcional al orden actual.


6. La lección brutal

Este experimento demuestra algo inquietante:

La memoria colectiva no responde a los hechos, sino al poder simbólico vigente.

  • No gana quien más muere.

  • No gana quien más combate.

  • Gana quien controla el relato décadas después.

Y esto no es exclusivo de la Segunda Guerra:

  • Pasa con la Conquista.

  • Con las dictaduras latinoamericanas.

  • Con el neoliberalismo.

  • Con los “milagros económicos”.

  • Con los golpes de Estado “necesarios”.


7. Cierre, camaradas

Esta encuesta no habla de franceses.
Habla de todos nosotros.

Porque si en 70 años puede invertirse así la percepción de un hecho tan documentado…

¿qué no estará pasando ahora mismo, mientras creemos estar “bien informados”?

La historia no se borra.
Se desplaza.
Se edita.
Se hace cómoda para el poder del presente.

Y quien no pelea por la memoria,
termina viviendo en el mito que otros escribieron por él.

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