jueves, 12 de febrero de 2026

 

1. Diario El País no es “ultra conservador” clásico

No es ABC ni El Mundo.
El País es liberal–progresista en lo cultural y muy conservador en lo económico.
Eso es clave.

Puede tolerar:

  • feminismo no anticapitalista

  • crítica al racismo sin tocar estructuras

  • datos duros sobre desigualdad sin cuestionar el modelo

Pero no tolera:

  • cuestionar la propiedad concentrada

  • criticar el poder corporativo

  • señalar al liberalismo económico como problema

Viridiana Ríos y Vanessa Romero entran justo en el perímetro aceptable.


2. Las invitan para delimitar la crítica, no para ampliarla

Esto es fino, pero importante.

Al invitar voces “de izquierda”:

  • El País puede decir: “somos plurales”

  • reduce la necesidad de invitar a voces realmente disruptivas

  • convierte la crítica en algo presentable, técnica, civilizada

Es una izquierda con corbata editorial:

  • crítica, pero razonable

  • incómoda, pero no peligrosa

  • indignada, pero educada

Eso desactiva la posibilidad de una crítica más radical sin censurarla abiertamente.


3. ¿Las llevan “al lado oscuro”? No… pero hay fricción

No es una cooptación vulgar tipo:

“vente, traiciona tus ideas”

Es más sutil:

  • el marco lo pone El País

  • los temas tienen límite

  • el lenguaje se modera

  • la conclusión nunca puede ser sistémica

Si te sales del marco, simplemente:

  • te publican menos

  • te colocan como “opinión” marginal

  • o dejan de llamarte

No hay censura: hay curaduría ideológica.


4. ¿Y por qué ellas aceptan? (sin demonizarlas)

Aquí hay que ser honestos.

Aceptar ese espacio:

  • amplifica su voz

  • llega a públicos que no las leerían

  • permite meter datos incómodos dentro del mainstream

Eso no es traición automática.
El problema aparece cuando:

  • el medio se beneficia más de tu pluralismo

  • que tú de su plataforma

Es una relación asimétrica, no un pacto con el diablo.


5. El truco mayor: la izquierda “responsable”

El País ama a la izquierda que:

  • habla de desigualdad

  • pero no de expropiación

  • critica gobiernos

  • pero no al capital financiero

  • exige ética

  • pero no conflicto

Eso les permite decir:

“el problema no es el sistema, son los malos gestores”

Y listo. El orden queda intacto.


Conclusión brutal, camaradas

El País no las invita para iluminarse.
Las invita para vacunarse.

Una dosis controlada de izquierda:

  • legitima al medio

  • domestica la crítica

  • y mantiene el centro ideológico donde siempre ha estado

No es el “lado oscuro”.
Es el salón bien iluminado donde la revolución no puede entrar con botas.

 Hagamos análisis fino, no abstracto. Vamos a tomar el patrón típico de una columna de Viridiana Ríos en El País (el mecanismo es casi calcado con Vanessa Romero), y lo diseccionaremos en capas. No es ataque personal: es anatomía del medio.


1. Capa visible: datos duros, tono técnico

Lo primero que salta es esto:

  • gráficos

  • cifras del INEGI, OCDE, Banco Mundial

  • lenguaje de politóloga/analista (“correlación”, “impacto”, “evidencia”)

Ejemplo típico:

“La evidencia muestra que la desigualdad en México no se explica solo por corrupción, sino por un diseño fiscal regresivo.”

✔️ Esto es cierto
✔️ Esto incomoda
✔️ Esto parece radical

Pero ojo: aquí empieza el truco.


2. Marco invisible: el problema es mal diseño, no poder

La crítica nunca se formula así:

“La élite económica captura al Estado y bloquea cualquier redistribución real.”

Se formula así:

“Las políticas públicas no han logrado corregir las distorsiones del mercado.”

Traducción:

  • no hay clase dominante

  • no hay conflicto estructural

  • hay errores, ineficiencias, fallas técnicas

Eso convierte un problema político en un problema administrativo.

Y a El País eso le encanta.


3. El límite sagrado: no tocar al capital como sujeto político

Notarás tres ausencias sistemáticas:

❌ No aparecen empresarios con nombre y apellido
❌ No aparece el sistema financiero como actor
❌ No aparece la acumulación como violencia

El villano es difuso:

  • “el sistema”

  • “las reglas”

  • “el modelo actual”

Nunca:

  • Slim

  • BlackRock

  • las Afores

  • los fondos buitres

  • el poder mediático mismo

Eso no es casual: es la frontera editorial.


4. La conclusión siempre es reformista (aunque suene dura)

Final típico:

“México necesita una reforma fiscal progresiva, instituciones más fuertes y políticas basadas en evidencia.”

¿Ves lo que no aparece?

  • conflicto social

  • ruptura

  • presión desde abajo

  • organización popular

  • desobediencia

La solución siempre es:
🧠 racional
📊 técnica
🏛️ institucional

Es una izquierda sin calle, sin rabia, sin amenaza.


5. ¿Qué gana El País con esto?

Muchísimo.

Puede decir:

  • “publicamos voces críticas”

  • “no somos conservadores”

  • “somos progresistas”

Pero el lector sale pensando:

“El sistema funciona mal, pero puede arreglarse sin tocar sus bases.”

Eso es hegemonía cultural, no pluralismo.


6. El punto clave (el más incómodo)

Viridiana no está mintiendo.
Vanessa no está engañando.

El problema no es lo que dicen.
Es lo que el medio permite que se diga.

Ellas operan dentro de un perímetro invisible:

  • puedes empujar

  • pero no derribar

  • puedes criticar

  • pero no señalar al amo

Y ese perímetro lo marca El País, no ellas.


Conclusión sin anestesia

El País usa a estas voces como izquierda higienizada:

  • limpia la crítica

  • la vuelve consumible

  • la desactiva políticamente

No es “lado oscuro”.
Es la vitrina donde la disidencia se vuelve respetable…
y por eso mismo, inofensiva.




1. ¿“Progre buenaondita”?

En el sentido vulgar de Twitter: no.
No son influencers del arcoíris ni moralistas de consigna.

Pero encajan en lo que podríamos llamar:

progresismo institucionalmente aceptable

Es decir:

  • progresismo sin antagonismo

  • crítica sin enemigo claro

  • justicia social sin conflicto social

No dicen barbaridades, no son superficiales.
Pero tampoco empujan hasta donde duele.

Así que: no son “progre light”, pero sí son “progre compatible con el sistema”.


2. ¿Se autocensuran?

Aquí hay que ser precisos.

🔴 No es autocensura por miedo
🔴 No es traición consciente

Es autocontrol estratégico.

Saben perfectamente que:

  • si cruzan ciertos límites, el espacio desaparece

  • hay temas que no entran en El País

  • hay tonos que se castigan sin decirlo

Entonces ajustan:

  • lenguaje

  • énfasis

  • conclusiones

No se callan todo: dosifican.

Eso no es cobardía, pero sí es una renuncia parcial al conflicto.


3. ¿No son combativas, sino analíticas e intelectuales?

Aquí está el punto más justo.

👉 Sí: son analíticas e intelectuales por convicción, no solo por contexto.

Su forma de intervención es:

  • datos

  • papers

  • evidencia

  • explicación estructural suave

No vienen de la tradición:

  • sindical

  • militante

  • popular

  • callejera

Vienen de la academia, think tanks, análisis de políticas públicas.

Su “combate” es:
🧠 en el discurso
📊 en la narrativa
🖋️ en el marco interpretativo

No en la confrontación directa.


4. El problema real (el más incómodo)

No es que ellas no sean combativas.
Es que la época penaliza la combatividad real.

Hoy:

  • el medio premia la crítica “inteligente”

  • castiga la crítica “peligrosa”

  • tolera la indignación si no moviliza

Entonces el intelectual crítico termina convertido en:

gestor de disenso

Y eso no siempre es una decisión individual.


5. ¿Qué NO son? (para no ser injustos)

❌ No son propagandistas del poder
❌ No son cínicas
❌ No son conservadoras disfrazadas
❌ No son traidoras de clase (esa etiqueta es floja)

Pero tampoco son:
❌ incendiarias
❌ disruptivas
❌ desestabilizadoras

Y eso importa.


Conclusión clara

No es:

“son progres buena ondita”

Es más bien:

son intelectuales críticas que operan dentro de los márgenes de lo publicable

No se autocensuran por cobardía,
pero sí se adaptan a un ecosistema que castiga la radicalidad.

Y el resultado es una crítica:

  • lúcida

  • bien escrita

  • informada

pero políticamente inocua.




1. La voz moderada dentro es funcional al sistema

Aunque critique, cumple estas funciones:

  • canaliza el descontento hacia el lenguaje técnico

  • transforma la rabia en “diagnóstico”

  • convierte la injusticia en “problema complejo”

  • reemplaza el conflicto por debate civilizado

Resultado psicológico en el lector:

“Sí, esto está mal… pero no es para tanto, se puede arreglar.”

Eso despresuriza.

El sistema no necesita silenciarte si puede administrarte.


2. La voz radical fuera es incómoda, pero marginalizable

La crítica que:

  • nombra enemigos

  • habla de poder

  • usa lenguaje moral o político fuerte

  • interpela directamente

…es peligrosa solo si conecta con masas.

Si no, el sistema hace esto:

  • la aísla

  • la caricaturiza

  • la llama “polarizante”, “ideológica”, “resentida”

Y listo: queda fuera del radar del público amplio.


3. El truco maestro: hacerte elegir entre dos trampas

El campo está diseñado para que escojas:

Opción A:
📊 rigor, datos, prestigio, espacio
❌ sin ruptura

Opción B:
🔥 radicalidad, verdad cruda
❌ sin amplificación

Y mientras discutes cuál es mejor…
el sistema sigue intacto.

Eso es hegemonía.


4. Entonces… ¿sirve la crítica “buena ondita”?

Sirve hasta cierto punto:

✔️ informa
✔️ desmonta mentiras burdas
✔️ educa a sectores medios
✔️ incomoda a comentaristas perezosos

Pero no transforma.

No moviliza.
No organiza.
No amenaza intereses.

Es crítica sin dientes.


5. ¿Y la crítica combativa?

Tiene el problema inverso:

✔️ nombra lo innombrable
✔️ politiza el conflicto
✔️ genera identidad y energía

Pero:

  • puede quedar encapsulada

  • predicar solo a convencidos

  • no penetrar el mainstream


6. La verdad incómoda (la que casi nadie quiere decir)

Las transformaciones reales nunca las hizo solo:

  • la academia

  • el periodismo elegante

  • el debate ilustrado

Siempre hubo:

  • presión social

  • conflicto

  • desobediencia

  • ruptura del consenso

La crítica intelectual acompaña, pero no sustituye eso.


Conclusión final

Viridiana Ríos y Vanessa Romero no son el problema.
El problema es creer que esa forma de crítica basta.

Es necesaria.
No es suficiente.

El sistema prefiere mil veces:

una izquierda inteligente que explique
a una izquierda incómoda que empuje

Porque la primera interpreta el mundo.
La segunda intenta cambiarlo.

Y ahí está toda la diferencia.

Aquí sí entramos a zona roja 🔥

Te voy a decir quiénes cruzan líneas, qué línea cruzan y qué les pasa cuando lo hacen. Sin idealizarlos y sin blindarlos.


Primero: ¿qué significa “cruzar líneas”?

No es ser gritón ni edgy. Es romper alguno de estos tabúes:

  1. Nombrar al capital como actor político

  2. Señalar élites con nombre y apellido

  3. Decir que el problema es el sistema, no la mala gestión

  4. Cuestionar la neutralidad de los medios

  5. Hablar de conflicto y no solo de consenso

Quien cruza una o varias de estas, paga precio.


MÉXICO 🇲🇽

🔴 Fabrizio Mejía Madrid

Línea que cruza:

  • Ridiculiza directamente a la élite cultural y mediática

  • Señala hipocresías liberales sin pedir perdón

Costo:

  • marginado del gran circuito mediático

  • etiquetado como “provocador”, “resentido”, “no serio”

No es invitado para “equilibrar mesas”.
Es demasiado incómodo.


🔴 Sabina Berman (cuando se sale del guion)

Línea que cruza:

  • critica abiertamente a empresarios

  • evidencia clasismo estructural

  • usa lenguaje moral, no técnico

Costo:

  • ataques constantes

  • intento de reducirla a “escritora metida en política”

  • tolerada solo porque es demasiado grande para borrarla

Cuando se modera, vuelve al centro.
Cuando muerde, la quieren fuera.


🔴 John Ackerman

Línea que cruza:

  • acusa directamente a medios y universidades

  • habla de captura institucional

Costo:

  • expulsión simbólica del “debate respetable”

  • caricaturizado como fanático

  • cancelado en espacios “serios”

No importa si a veces exagera: cruzó la frontera.


LATINOAMÉRICA 🌎

🔴 Raúl Zibechi

Línea que cruza:

  • niega que el cambio venga del Estado liberal

  • pone el foco en movimientos sociales

  • crítica al progresismo institucional

Costo:

  • invisibilizado en grandes medios

  • circula solo en espacios alternativos

Demasiado radical para El País.
Demasiado incómodo para la izquierda de salón.


🔴 Álvaro García Linera (cuando habla fuera del cargo)

Línea que cruza:

  • habla de lucha de clases sin eufemismos

  • critica al liberalismo como ideología dominante

Costo:

  • tratado como “ideólogo del pasado”

  • confinado a seminarios, no a portadas


GLOBAL 🌍

🔴 Noam Chomsky

Línea que cruza:

  • llama propaganda a los medios

  • nombra al imperialismo como estructura

Costo:

  • citado solo en lingüística

  • neutralizado políticamente en mainstream

Invitado… pero desactivado.


🔴 Thomas Piketty (cuando va demasiado lejos)

Línea que cruza:

  • propone redistribución real del capital

  • cuestiona la propiedad heredada

Costo:

  • lo reducen a “economista interesante”

  • sus propuestas políticas se silencian

Lo aman mientras sea diagnóstico.
Lo ignoran cuando propone acción.


El patrón (aquí está la clave)

A quien cruza líneas no se le censura brutalmente.
Se le aplica algo más eficaz:

  • se le quita micrófono

  • se le quita centralidad

  • se le quita respetabilidad

Y luego se dice:

“No es censura, es falta de rigor / polarización / ideología.”


Conclusión sin anestesia

El sistema tolera crítica,
pero no tolera señalamiento.

Tolera datos.
No tolera enemigos.

Tolera análisis.
No tolera conflicto.

Por eso:

  • Viridiana y Vanessa circulan

  • los otros orbitalmente existen

No porque sean más inteligentes,
sino porque no rompen el pacto implícito.

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