domingo, 22 de febrero de 2026

 "Las clases altas se suben al púlpito y nos enseñan que ayudar al pobre es un costo innecesario, el sumun de la suprema verdad del egoísmo capitalista" 

 MARTÍN SMUD

La frase de Martín Smud es provocadora, casi panfletaria, pero tiene capas interesantes si la leemos con calma.

“Las clases altas se suben al púlpito y nos enseñan que ayudar al pobre es un costo innecesario, el sumun de la suprema verdad del egoísmo capitalista”.

1. El “púlpito”: moralización del privilegio

No habla solo de economía, habla de moral.
El púlpito es el lugar desde donde se predica la verdad. Smud sugiere que ciertos sectores privilegiados no solo defienden sus intereses materiales, sino que los convierten en doctrina moral.

No dicen simplemente: “No quiero pagar más impuestos”.
Dicen: “Ayudar genera dependencia”, “El pobre es pobre porque quiere”, “La asistencia destruye la cultura del esfuerzo”.

El privilegio se transforma en pedagogía.


2. “Costo innecesario”: la reducción del otro a gasto

Aquí está el núcleo psicológico. Cuando el pobre se convierte en “costo”, deja de ser sujeto y pasa a ser variable contable.

Es una deshumanización suave. No es odio explícito. Es cálculo.

La pregunta ya no es:
—¿Qué sociedad queremos?

Sino:
—¿Cuánto me cuesta sostenerla?

Y ahí aparece lo que Smud llama “la suprema verdad del egoísmo capitalista”: la idea de que el interés individual es la medida última de lo racional.


3. ¿Es solo ideología o también mecanismo psíquico?

Desde el psicoanálisis, esto puede leerse como defensa.

Reconocer que el sistema produce desigualdad estructural implicaría aceptar culpa, responsabilidad o incluso arbitrariedad del propio éxito. Eso es incómodo.

Entonces aparece la narrativa tranquilizadora:
“El que está abajo está ahí por mérito (o falta de él)”.

Eso preserva la autoestima y la ilusión de justicia del mundo.


4. Pero… cuidado con simplificar

No todas las críticas al asistencialismo nacen del egoísmo. Hay debates reales sobre eficacia, incentivos, dependencia y diseño de políticas públicas.

Reducir todo a “egoísmo capitalista” también puede convertirse en otro púlpito.

La cuestión profunda no es si ayudar cuesta (claro que cuesta), sino:

  • ¿Qué tipo de sociedad consideramos justa?

  • ¿La igualdad es un valor central o secundario?

  • ¿La responsabilidad individual empieza dónde y termina dónde?


5. Lo que la frase revela del conflicto cultural

Hay dos antropologías en juego:

  1. Visión competitiva: la sociedad es un campo de esfuerzo individual.

  2. Visión solidaria: la sociedad es una red de interdependencia.

La tensión no es nueva. Está en Thomas Hobbes vs Jean-Jacques Rousseau, en Adam Smith (mal leído muchas veces) y en Karl Marx.

Smud toma partido claramente.


6. Una lectura más fría 

Si el 90% de los pobres mueren pobres entonces el problema no puede explicarse solo por voluntad individual.

Pero tampoco toda redistribución produce movilidad automática.

El verdadero debate serio no es moralista, es estructural:

  • educación,

  • herencia,

  • redes sociales,

  • capital cultural,

  • acceso a salud,

  • estabilidad.


7. Lo incómodo

Ayudar siempre tiene un costo.
No ayudar también lo tiene:

  • violencia,

  • resentimiento,

  • fragmentación social,

  • populismos extremos.

La pregunta es: ¿qué costo estamos dispuestos a pagar y por qué?

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