miércoles, 4 de febrero de 2026

 Las armas químicas se prohibieron porque no servían al orden de los poderosos; las nucleares no se prohibieron porque lo sostienen. Pero vamos por partes.


1. Las armas químicas son “armas de pobres”

Las armas químicas tienen tres problemas graves para las potencias:

  • Son difíciles de controlar: el gas no respeta fronteras ni banderas.

  • Son baratas: un Estado pequeño, o incluso un actor no estatal, puede fabricarlas.

  • Son poco estratégicas: no ganan guerras grandes, solo producen horror.

Después de la Primera Guerra Mundial, las grandes potencias entendieron algo clave:
el gas mataba a cualquiera, incluidos sus propios soldados, sin garantizar victoria.
No servía para ordenar el mundo, solo para embarrarlo.

Por eso el Protocolo de Ginebra (1925) y luego la Convención de Armas Químicas (1993) sí fueron posibles:
a los poderosos no les dolía renunciar a algo que ya no les convenía.


2. Las armas nucleares son otra cosa: son poder puro

Las nucleares no son solo armas. 

Son:

  • Moneda de estatus

  • Seguro de vida del Estado

  • Herramienta de chantaje geopolítico

Desde 1945 quedó claro algo brutal:
quien tiene armas nucleares no es invadido.

Mira el patrón:

  • Corea del Norte → nadie la invade.

  • Irak → no tenía armas nucleares → fue destruido.

  • Libia → renunció a su programa → Gadafi terminó linchado.

  • Ucrania → entregó su arsenal nuclear → fue invadida años después.

El mensaje es clarísimo y cínico:
si quieres sobrevivir en el sistema internacional, ten la bomba o protégete con quien la tenga.


3. La hipocresía estructural del sistema

Aquí está el corazón del asunto, camaradas.

Las potencias nucleares dicen:

“Las armas nucleares son peligrosas y nadie debería tenerlas”

…pero solo después de tenerlas ellas.

Es como llegar a la cima de la montaña en helicóptero, quemar el helicóptero y decir:

“Subir caminando es inmoral”.

El Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) es, en el fondo, esto:

  • Cinco países pueden tener armas nucleares “legítimamente”.

  • El resto debe obedecer.

  • El desarme total se promete… siempre en un futuro que nunca llega.


4. Las químicas generan repudio moral; las nucleares generan miedo útil

Las armas químicas provocan asco.
Las nucleares provocan miedo racionalizado.

El miedo nuclear se volvió “gestionable” con conceptos como:

  • “disuasión”

  • “equilibrio del terror”

  • “segundo golpe”

Se volvió tecnocrático, casi elegante.
Un genocidio potencial convertido en ecuación.

Las químicas, en cambio, muestran cuerpos convulsionando, pulmones quemados, niños asfixiados.
No sirven para el relato de orden y estabilidad.


5. La verdad incómoda

No se prohibió lo químico por humanidad
y no se permitió lo nuclear por necesidad.

Se prohibió lo que desestabilizaba el monopolio del poder
y se toleró lo que lo consolidaba.

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