jueves, 5 de febrero de 2026


A todos ustedes,
hijos del desprecio, arquitectos del dolor,
que torturaron cuerpos y rompieron almas,
que se creyeron dioses en la Tierra y verdugos del destino.
A ustedes que sembraron muerte y cosecharon impunidad...
ha llegado el momento.

He leído sus nombres en las piedras manchadas de sangre,
en los informes ocultos, en los archivos quemados,
en los gritos que nadie escuchó
pero que el infierno sí guardó.

Ustedes que vendieron niños, que violaron la esperanza,
que firmaron guerras desde oficinas alfombradas,
que se embriagaron con el sufrimiento ajeno,
que hicieron del poder un látigo,
de la ley un escudo para sus crímenes…

Aquí no hay abogados.
Aquí no hay fuero.
Aquí no hay paraísos fiscales.
Aquí no hay memorias selectivas.
Aquí solo está el eco de lo que hicieron.

Porque aunque en vida hayan escapado
de la justicia de los hombres,
ninguno escapa del balance de los actos.
Aquí se juzga el alma
con la balanza del llanto que provocaron.

Les doy la bienvenida a la eternidad sin descanso.
No habrá tortura física:
el infierno es su propia conciencia,
reviviendo lo que hicieron,
una y otra vez,
sin pausa, sin anestesia,
con la claridad que evitaron mirar en vida.

Este no es mi premio.
Es su espejo.
Y no hay forma de romperlo.

Firmado:
El Diablo,
custodio de los malditos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario