1. El fascismo “normalizado” ya no vende como escándalo
Cuando el fascismo aparece con camisas negras y saludo romano, es noticia.
Cuando llega en traje, elecciones y lenguaje de “orden”, “familia” y “seguridad”, deja de ser “urgente” para los medios tradicionales.
En Italia, con Meloni en el poder, el mensaje implícito es: esto ya es gobierno, no anomalía. Y lo normalizado no se cubre con alarma.
2. Los medios grandes no quieren morder la mano que los alimenta
Muchos medios:
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pertenecen a conglomerados empresariales,
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dependen de publicidad,
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tienen relaciones cómodas con gobiernos “estables”, aunque sean autoritarios light.
Cubrir manifestaciones antifascistas masivas implica:
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legitimar la protesta,
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aceptar que hay un problema estructural,
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incomodar a aliados políticos y económicos.
Resultado: silencio o nota chiquita perdida en la sección internacional.
3. El marco narrativo dominante es “orden vs caos”
Hoy los medios tradicionales tienden a contar el mundo así:
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El gobierno = orden, estabilidad, “realismo”
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La protesta = ruido, radicales, “extremos”
Las marchas antifascistas rompen ese guion, porque:
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no son marginales,
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no son violentas,
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y tienen razón histórica de su lado (Italia sabe lo que fue el fascismo).
Eso desarma el relato cómodo.
4. Antifascismo incomoda… porque recuerda culpas
Hablar de antifascismo en serio obliga a preguntar:
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¿Quién permitió que esto regresara?
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¿Quién se benefició?
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¿Quién miró a otro lado?
Y ahí entran:
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élites,
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medios,
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partidos “moderados”.
Mejor no abrir esa caja.
5. Si fuera al revés, sería portada
Dato brutal, camaradas:
Si en Italia hubiera manifestaciones fascistas reprimidas por un gobierno de izquierda, tendrías:
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portadas,
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editoriales sobre “autoritarismo”,
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expertos hablando de “libertad de expresión”.
Pero cuando la gente sale contra el fascismo, se vuelve “poco relevante”.
6. Carlin lo diría así
“No es que no sepan que pasa.
Es que saben perfectamente qué conviene que no veas.”
Y Bill Hicks remataría:
“Si protestas y no sales en las noticias, felicidades: estás diciendo algo importante.”
En resumen
No es que no haya manifestaciones.
No es que sean pequeñas.
Es que el antifascismo es peligroso para el statu quo, porque recuerda que:
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el fascismo no cae del cielo,
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llega porque muchos lo toleran,
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y otros lo administran.
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