viernes, 2 de enero de 2026

 ¿Quién debe callar para no “darle ventaja” al otro?

En política es común escuchar algo como: “No critiquen desde dentro, porque eso le da ventaja al adversario”. Desde la perspectiva del partido, la lógica tiene sentido: mantener unidad, evitar divisiones públicas y cuidar la narrativa frente a quienes compiten por el poder. Es una estrategia que funciona internamente, donde la disciplina y la coordinación importan más que la discusión abierta.

Pero fuera del partido, la situación cambia. Los votantes no son miembros disciplinados, son ciudadanos que confiaron en una visión o proyecto y esperan resultados. Para ellos, guardar silencio por miedo a “favorecer al otro” no es lealtad, es renunciar a su voz. Criticar decisiones que parecen erradas o incoherentes no es traición: es ejercer la responsabilidad de exigir rendición de cuentas y participación informada.

El riesgo de aplicar la lógica interna del partido al ciudadano común es que la democracia se debilita. Si todos los que apoyan una causa callan para protegerla de supuestos ataques externos, se cede el terreno a la opacidad, a la arbitrariedad y al poder concentrado. La crítica, lejos de ser un obstáculo, fortalece la transparencia y la confianza: una población que observa, cuestiona y debate es una población que evita caer en manipulación.

En resumen: dentro del partido, callar puede ser estrategia; fuera del partido, para los votantes, hablar es deber. Porque la lealtad a las ideas no significa silencio frente a errores. La lealtad verdadera se demuestra cuestionando, pensando y exigiendo, no obedeciendo sin preguntar.

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