La derecha siempre condena a Stalin y el comunismo pero nunca a Hitler y el fascismo
No es algo tan simple como “les gusta uno y odian otro”, hay estrategias ideológicas y psicológicas en juego. Vamos paso a paso.
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El enemigo conveniente:
Para buena parte de la derecha, Stalin y el comunismo representan un enemigo “eterno” que puede usarse para justificar políticas actuales: recortar derechos laborales, privatizar servicios, militarizar la economía o demonizar movimientos de izquierda. Hitler y el fascismo, aunque también fueron autoritarios y violentos, no sirven tanto como referente contemporáneo porque no representan directamente una amenaza ideológica moderna para ciertos intereses capitalistas o políticos. -
El relato histórico selectivo:
La narrativa que se enseña en muchos países enfatiza los horrores del comunismo —gulags, represión, colectivización— y minimiza o neutraliza la historia del fascismo o lo conecta con un “mal del pasado” que ya no tiene vigencia. Por ejemplo, se puede criticar a Stalin por ser “dictador rojo”, pero Hitler es muchas veces tratado como un “monstruo aislado” de Alemania que no amenaza la modernidad capitalista global. -
El factor económico:
El fascismo, en muchos casos, terminó beneficiando a grandes empresarios y a corporaciones, mientras que el comunismo atacaba la propiedad privada y el capital. Entonces, condenar el comunismo se alinea con intereses económicos actuales. Criticar Hitler o Mussolini no pone en riesgo estructuras económicas modernas, así que no hay tanta necesidad de enfatizarlo. -
La narrativa de victimización y moralidad:
Stalin puede ser demonizado sin cuestionar el sistema en el que vivimos: se le pinta como un tirano “rojo” mientras que nuestro sistema sigue intacto. Criticar Hitler implica mirar más de cerca cómo el poder fascista puede aparecer bajo democracias modernas y capitalismo, lo cual es incómodo. -
Conveniencia política:
En muchos países latinoamericanos, los medios y la derecha usan la figura del comunismo como chivo expiatorio: todo problema económico, social o cultural se culpa a “los comunistas”, mientras que el fascismo queda relegado a una nota histórica, inofensiva, que no interfiere en la política cotidiana.
En pocas palabras: la derecha suele condenar selectivamente lo que le conviene políticamente y económicamente, no necesariamente por coherencia moral o histórica. Stalin es útil como villano permanente, Hitler no.
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