jueves, 1 de enero de 2026


Echando la basura bajo la alfombra

Al principio duele. Luego cansa. Finalmente… ya no se siente nada.
Así se normaliza la violencia: no llega como un monstruo, llega como costumbre.

Un muerto es una tragedia. Diez son una noticia. Cien son un número. Mil son ruido de fondo. El lenguaje ayuda mucho en este proceso: “daños colaterales”, “hechos aislados”, “ajuste de cuentas”. Palabras limpias para realidades sucias. Barrer semánticamente también es barrer bajo la alfombra.

La violencia no solo es el balazo o el golpe. Es el miedo con el que se sale de casa, la calle que se evita, el silencio aprendido. Es el “mejor no te metas”, el “no digas nada”, el “hazte pendejo y sigue”. La violencia más eficaz no es la que estalla, sino la que disciplina.

Los noticieros cumplen su parte: repiten imágenes hasta que pierden alma. El cuerpo tirado deja de ser alguien; se vuelve escenografía. Y nosotros, espectadores responsables, aprendemos a desayunar frente al horror. No por crueldad, sino por supervivencia emocional. Nadie aguanta vivir indignado todo el tiempo… así que se entrena para no sentir.

El problema no es solo que haya violencia, sino que ya no nos escandalice. Cuando algo deja de doler, deja de importar. Y cuando deja de importar, se vuelve administrable. Ahí es donde el sistema respira tranquilo: ciudadanos asustados pero acostumbrados, indignados pero cansados, informados pero paralizados.

Decimos que es algo “complejo”, “estructural”, “muy difícil de resolver”. Y es verdad. Pero también es una forma elegante de no tocar nada. Porque enfrentar la violencia de verdad implicaría revisar privilegios, negocios, discursos, complicidades. Mucho más fácil barrerla, acomodar la alfombra y seguir caminando con cuidado de no tropezar.

Y claro, siempre está la frase final, la más cómoda de todas:
“Así es el país”.
Como si fuera un fenómeno natural, como la lluvia o los terremotos. Como si nadie lo produjera, nadie se beneficiara, nadie lo sostuviera.

Pero bueno… ¿quién soy yo para decirlo?
Solo alguien más que ya se acostumbró al ruido, bajó el volumen y siguió con su vida. Disculpa si incomodé… no vaya a ser que levantemos la alfombra y nos demos cuenta de que la casa entera está oliendo mal.

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