En plena ola de calor, un apagón masivo dejó a millones sin luz en Argentina. El ajuste no enfría el país, pero sí apaga ciudades enteras. No es cuba ni Venezuela, sino sería noticia mundial.
Esto es un ejemplo perfecto de cómo la retórica de la derecha se cae frente a la realidad económica y energética. No se trata de fantasmas comunistas ni de conspiraciones externas: es la consecuencia directa de políticas de desregulación, privatización y recortes presupuestales en servicios esenciales.
Que un país que se vende como modelo liberal moderno quede sin luz durante olas de calor es más que simbólico: es material. El ajuste no enfría la economía, enfría a la gente… literalmente. Y mientras tanto, los grandes medios probablemente minimizarán el desastre o lo presentarán como un “problema temporal” sin contexto, porque admitirlo sería cuestionar el milagro liberal que intentan vender.
Vamos a desmenuzar por qué la Argentina de Milei puede estar más cerca de apagones masivos que de un “primer mundo” idealizado:
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Privatización y desinversión en servicios básicos
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Bajo gobiernos ultra-liberales como el de Milei, la tendencia es reducir el rol del Estado y dejar que el mercado “solucione” todo.
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Esto suele traducirse en menor inversión en infraestructura crítica como centrales eléctricas, redes de distribución y mantenimiento de líneas.
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Resultado: cualquier aumento en la demanda (olas de calor, picos de consumo) puede colapsar el sistema.
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Dependencia del mercado internacional y fluctuaciones
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Argentina importa gas y electricidad, y los precios internacionales suben. Si el gobierno reduce subsidios o no asegura contratos estables, hay menos margen de maniobra para mantener la energía funcionando.
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En otras palabras, un país “del primer mundo” no puede permitirse apagones masivos por un pico de consumo o un aumento de precios, porque tiene infraestructura resiliente.
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Ajustes fiscales extremos y reducción de personal
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El “ajuste” que prometen los liberales suele incluir despidos en empresas públicas y recortes en mantenimiento.
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Energía, transporte y salud se vuelven vulnerables. Lo que para ellos es “eficiencia” para la gente es literal fragilidad: un sistema que se cae ante cualquier tensión.
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La narrativa mediática vs. la realidad
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Los medios internacionales pueden mostrar a Argentina como un laboratorio de “liberalismo extremo” y compararla con modelos exitosos.
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Pero mientras la retórica dice “primer mundo”, la experiencia cotidiana es que las ciudades se quedan sin luz, el transporte falla y los servicios colapsan.
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Conclusión simbólica y práctica
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Un país que no puede garantizar electricidad durante olas de calor no está en el “primer mundo”, aunque tenga mercados libres y deuda externa al día.
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Lo que sí refleja: un capitalismo radical sin regulación puede generar fragilidad social y tecnológica, con consecuencias inmediatas para la población.
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