miércoles, 31 de diciembre de 2025


 La fascinación por Porfirio Díaz viene de varios factores, muchos de ellos muy emocionales y no estrictamente objetivos:

  1. El mito del “orden y progreso”: Díaz logró estabilidad después de décadas de guerras y conflictos internos. Para algunos, eso eclipsa los abusos, la represión y la desigualdad que también marcaron su régimen. La gente tiende a valorar lo que da sensación de seguridad, aunque venga a costa de libertades.

  2. La narrativa económica: Se le recuerda por los ferrocarriles, la modernización de ciudades y la atracción de inversión extranjera. En el discurso popular, eso se traduce en progreso tangible, aunque ese “desarrollo” fue muy desigual y privilegió a una élite.

  3. Romanticismo del pasado: Como en tu texto, el Porfiriato se puede ver como una época de caballos, locomotoras y grandes obras, casi poética. La gente tiende a idealizar épocas pasadas, olvidando sufrimientos, huelgas reprimidas y explotación laboral.

  4. Polarización política actual: En tiempos de incertidumbre o decepción con gobiernos contemporáneos, algunos buscan héroes en el pasado. Díaz se convierte en un símbolo de autoridad y eficacia, aunque no moral ni democrática.

  5. Ignorancia histórica o educación sesgada: Muchos comentarios en redes reflejan versiones simplificadas o románticas, sin contexto crítico. La historia oficial, los libros de texto y los mitos familiares muchas veces han suavizado los abusos del Porfiriato.

En pocas palabras, la gente que lo defiende no necesariamente está haciendo un análisis histórico profundo. Más bien responde a emociones, nostalgia, un deseo de orden o un atractivo por la figura de “hombre fuerte que hizo cosas grandes”.

Vamos a poner los hechos claros, para que la narrativa romántica del Porfiriato se vea en su justa dimensión:


1. Represión política y control social

  • Porfirio Díaz se mantuvo en el poder por más de 30 años, en buena medida mediante la reelección continua, algo que hoy sería impensable en democracia.

  • La prensa crítica era censurada; opositores eran exiliados, encarcelados o incluso asesinados.

  • El sistema de los “científicos”, su círculo de asesores, controlaba casi todos los aspectos políticos y económicos, centralizando el poder en pocas manos.

Ejemplo: Huelgas como la de Cananea (1906) y Río Blanco (1907) fueron reprimidas con violencia, dejando decenas de muertos entre obreros que exigían mejores condiciones laborales.


2. Explotación laboral y desigualdad

  • El Porfiriato impulsó la inversión extranjera, pero eso significó trabajo barato y condiciones extremas para obreros y campesinos.

  • Campesinos fueron despojados de tierras comunales para grandes haciendas y empresas, generando pobreza rural masiva.

  • La riqueza se concentró en unas cuantas familias, mientras la mayoría de mexicanos vivía en pobreza absoluta.

Dato: Mientras Díaz mostraba ferrocarriles y modernización urbana, más del 80% de la población vivía en la miseria y sin acceso a servicios básicos.


3. Centralización autoritaria

  • Cualquier voz disidente era considerada peligrosa. La figura del “orden” por encima de la libertad política marcó la forma en que gobernaba.

  • Las elecciones eran simuladas, con resultados manipulados para perpetuarlo en el poder.

Consecuencia: La democracia real quedó completamente bloqueada, lo que luego desencadenó la Revolución Mexicana de 1910.


4. Imagen de progreso desigual

  • Es cierto que construyó ferrocarriles, modernizó ciudades y atrajo inversión extranjera. Pero:

    • Esto benefició principalmente a la élite y a capital extranjero.

    • La población rural y obrera no veía esos avances como propios.


En resumen, Díaz puede parecer un “gran presidente” si solo se ve la modernización física de México, pero ese progreso se pagó con represión, explotación y concentración de poder y riqueza. La admiración sin contexto es, en gran medida, una romantización histórica.

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