1. Sí: casi todo se puede refutar
Y eso no es un defecto, es una característica del pensamiento humano.
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Todo argumento depende de premisas.
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Toda premisa puede ser cuestionada.
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Todo lenguaje es imperfecto.
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Todo observador es parcial.
Por eso, la refutabilidad no destruye la verdad; destruye la pretensión de certeza absoluta.
2. Entonces… ¿la verdad es imposible?
Depende de qué se entienda por verdad.
❌ Verdad como certeza total, final e incuestionable
Esa sí es imposible.
Quien promete eso suele terminar en:
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dogma
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ideología
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religión política
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autoritarismo
“todo puede ser lo que ellos quieran” cuando se pierde este límite.
✅ Verdad como aproximación honesta a lo real
Esta sí es posible.
La verdad no es un punto fijo, es un proceso:
una convergencia imperfecta entre evidencia, razón y honestidad intelectual.
No “llegamos” a la verdad como quien llega a una estación.
Nos acercamos a ella como quien camina con niebla, corrigiendo rumbo.
3. ¿Cómo distinguir verdad de puro discurso?
No por inmunidad a la refutación, sino por cómo resiste la crítica.
Algunas señales de mayor cercanía a la verdad:
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Resiste ataques serios, no solo aplaudidores.
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Explica más de lo que niega.
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Tiene costo para quien la sostiene (no es solo conveniente).
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Es falsable, pero no se cae con cualquier soplido.
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Reconoce límites sin colapsar.
Una mentira necesita blindaje.
Una verdad necesita pruebas.
4. El error común de nuestro tiempo
Hoy se confunde:
“esto puede refutarse”
con
“esto vale lo mismo que cualquier cosa”.
Eso es falso.
Que algo no sea absoluto no lo vuelve arbitrario.
Entre:
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“todo es verdad”
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y “nada es verdad”
hay un terreno exigente:
discernir, jerarquizar, comparar evidencias.
Eso cansa.
Por eso muchos prefieren consignas.
5. Sócrates, Arendt y una advertencia
Sócrates no prometía verdades finales; ofrecía mejor pensamiento.
Arendt advirtió que cuando la verdad desaparece, la fuerza ocupa su lugar.
Cuando todo es refutable sin criterios:
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gana el poder
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gana la narrativa
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gana quien grita más fuerte
Por eso defender la verdad imperfecta es un acto político y moral.
6. Entonces, camaradas, ¿qué hacemos?
Tres reglas mínimas, duras pero honestas:
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Desconfía de las certezas absolutas, incluso las tuyas.
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No pongas al mismo nivel todo argumento.
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Prefiere la verdad incómoda a la mentira tranquilizadora.
La verdad no es un trono.
Es una disciplina.
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