«El cambio ocurre cuando escuchamos y luego iniciamos un diálogo con las personas que están haciendo algo que creemos que no está bien.»
— Jane Goodall
La frase parece sencilla, pero tiene una idea bastante profunda: Goodall no está hablando de cambiar al que piensa como nosotros, sino precisamente al que consideramos equivocado.
Desmenuzándola
1. «Escuchar» viene primero
Eso es lo más interesante. No dice:
Convéncelos. Enséñales. Demuéstrales que están equivocados.
Dice escuchar.
Y escuchar aquí no significa necesariamente dar la razón. Significa intentar comprender qué ve la otra persona, qué teme, qué necesita, qué experiencias la llevaron a pensar así y qué considera justo.
Porque podemos estar en desacuerdo con una conclusión sin comprender todavía cómo alguien llegó a ella.
2. «Luego iniciar un diálogo»
Aquí aparece una diferencia enorme entre persuadir y dialogar.
La propaganda dice:
Yo tengo la verdad y voy a hacer que tú la aceptes.
El diálogo dice:
Yo creo que estás equivocado. Quiero entender por qué piensas así y quiero que entiendas por qué yo pienso diferente.
Y hay algo todavía más incómodo: el diálogo abre la posibilidad de que nosotros también tengamos que modificar alguna parte de nuestra posición.
Si entro a una conversación sin esa posibilidad, quizá no estoy dialogando; simplemente estoy esperando mi turno para hablar.
3. «Personas que están haciendo algo que no creemos correcto»
Aquí está el corazón político de la frase.
Es relativamente fácil dialogar con quien piensa como nosotros.
La verdadera prueba aparece cuando encontramos al que consideramos ignorante, reaccionario, clasista, radical, conservador, progresista, privilegiado, vendido, etc.
Es muy tentador convertirlo inmediatamente en una caricatura.
Y una vez que lo convertimos en caricatura, ya no necesitamos escucharlo.
Ahí comienza una especie de comodidad intelectual:
No necesito entenderlo. Ya sé qué clase de persona es.
Y eso puede ser peligrosísimo.
Pero hay una distinción importante
Escuchar no significa relativizarlo todo.
Si alguien está causando daño, escuchar sus razones no significa aprobar sus actos.
Podemos decir:
Entiendo por qué piensas así, pero considero que las consecuencias de lo que haces son injustas.
Eso es muchísimo más poderoso que:
Eres un imbécil y por eso estás equivocado.
Porque en el segundo caso probablemente hemos ganado una satisfacción emocional y perdido cualquier posibilidad de transformación.
Y aquí la frase se vuelve muy política
Hay algo que conecta muchísimo sobre la gente que realmente cree en determinadas ideas, incluso cuando existen argumentos en contra.
A veces hablamos de «la gente manipulada» como si la población fuera simplemente una masa engañada.
Pero Goodall introduce una pregunta más incómoda:
¿Y si algunas personas realmente creen lo que dicen?
Entonces ya no basta con denunciar la manipulación.
Hay que escuchar qué encuentran atractivo, razonable o justo en esa posición.
¿Por qué alguien vota por determinado candidato?
¿Por qué un trabajador puede defender políticas que aparentemente perjudican sus intereses?
¿Por qué alguien de clase media puede rechazar determinadas políticas redistributivas?
¿Por qué alguien puede escuchar los argumentos de la contraparte y continuar convencido?
Las respuestas pueden ser muy distintas: experiencias personales, valores, identidad, miedo, intereses materiales, información, desinformación, pertenencia, orgullo, resentimiento, etc.
Reducir todo eso a «están manipulados» también puede convertirse en una forma de no escuchar.
Y hay una ironía preciosa
Goodall habla de cambio, pero propone una herramienta que parece lentísima:
escuchar.
Vivimos obsesionados con cambiar al otro inmediatamente.
Cambiar su voto.
Cambiar su opinión.
Cambiar sus hábitos.
Cambiar su ideología.
Pero quizá el cambio profundo comienza con algo mucho menos espectacular:
«Explícame por qué piensas eso.»
Y después:
«Ahora déjame explicarte por qué yo pienso diferente.»
No garantiza que el otro cambie.
Pero abre una puerta que el desprecio cierra inmediatamente.
Y quizá esa sea la parte más inteligente de la frase: Goodall no promete que el diálogo siempre funcione; dice que el cambio comienza por intentarlo.
En tiempos de trincheras ideológicas, eso casi parece una pequeña revolución.
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