Hablemos de dinero. Y hablemos de mujeres. Específicamente, de por qué a los dueños de este circo les encanta la idea de que si tienes un par de cromosomas XX, tu trabajo vale automáticamente un 20% menos. Es una jugada maestra del capitalismo de compadres.
Durante siglos, los tipos con trajes caros y sombreros de copa inventaron una de las mayores patrañas de la historia de la humanidad: "El Proveedor Masculino". ¡Qué concepto tan tierno! Nos vendieron la película de que el hombre sale de la cueva a pelear con el mamut de la hipoteca, y por lo tanto, necesita cada centavo para alimentar a la pequeña e indefensa tribu. Así que, cuando una mujer tenía la osadía de querer trabajar fuera de la cocina, el jefe de turno la miraba y le decía: "Mira, Susie, te voy a pagar tres cacahuates y un botón de camisa porque, seamos honestos, tú solo estás haciendo esto para comprarte un sombrero nuevo o polvo para la cara. Tu marido ya paga el alquiler".
¡Qué jodida genialidad! Usaron la estructura familiar como un cupón de descuento para la mano de obra. "Disculpe, señor contratista, tengo un vale de descuento aquí: es mujer". Y listo, ganancia extra para los de arriba.
Y no me vengan con la vieja excusa de: "Es que el trabajo de los hombres es más duro, George". ¡Y una mierda! Tradicionalmente, ¿cuáles han sido los "trabajos de mujeres"? Limpiar la mierda que otros ensucian, cuidar a niños gritones, aguantar a jefes babosos como secretarias, y pasar doce horas de pie cosiendo ropa. Eso no es "fácil", es tortura psicológica y física de bajo impacto. Pero como lo llamaron "instinto maternal" o "habilidades naturales", decidieron que no había que pagarlo. Claro, si es "natural", ¿por qué habríamos de darte dinero por ello?
¿Y saben qué es lo mejor? Que hoy en día te dicen que el problema ya se solucionó porque hay leyes. ¡Amo las leyes! Son como los carteles de "No Pisar el Césped" en medio de un desierto. Te dicen: "¡Igual trabajo, igual salario!". Suena hermoso, ¿verdad? Te hace sentir bien por dentro. Pero luego inventan la letra chica. Crean un sistema donde penalizan a la mujer por hacer lo único que los hombres no podemos hacer: perpetuar la maldita especie. Si un tipo tiene un hijo, en la oficina le dan una palmada en la espalda, un cigarro y un aumento porque "ahora tiene responsabilidades". Si una mujer tiene un hijo, se convierte en un "riesgo financiero", una baja por maternidad viviente, alguien que "no está comprometida con la cultura de la empresa".
Es el viejo truco corporativo de siempre: divide, devalúa y quédate con el cambio. No se trata de biología, ni de economía abstracta, ni del "libre mercado". Se trata de control y de dinero fácil. A los que manejan el cotarro les importa un bledo tu género; lo único que aman es el color verde. Y si pueden conseguir que la mitad de la población mundial haga el mismo trabajo sucio por una fracción del costo simplemente apelando a tradiciones medievales... lo van a seguir haciendo y se van a reír en nuestra puta cara mientras lo hacen.
Buenas noches.
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