miércoles, 2 de septiembre de 2026

Conservador, reaccionario, libertario, liberal, neoliberal: son especies distintas o el mismo Australopithecus con distinto peinado.

Spoiler: vienen del mismo árbol genealógico.
Uno antiguo, peludo, bípedo y obsesionado con que nadie toque lo suyo.
Imaginemos el origen.
Antes fue la cueva.
Luego la tierra.
Después la fábrica.
Hoy el portafolio diversificado.

La pregunta nunca cambió, solo se volvió más educada:
¿Quién manda aquí… y por qué no deberían redistribuirlo?

El ancestro común: 
El miedo a perder estatus.
Ese es el ADN compartido.
No la tradición, no la libertad, no el mercado.
El temblor íntimo ante la idea de que los de abajo decidan algo.
De ahí salen todas las ramas.

Primera mutación: el conservador
El conservador no odia el cambio.
Solo exige que avance despacio, como mueble antiguo.
Ama la jerarquía porque “siempre ha estado ahí”,
y si siempre ha estado ahí, debe ser natural,
y si es natural, no se discute.
Su frase favorita:
“No es perfecto, pero funciona”,

dicha normalmente mientras algo cruje.

Segunda mutación: el reaccionario
El reaccionario es el conservador con máquina del tiempo.
No quiere frenar el cambio: quiere deshacerlo.
Idealiza un pasado glorioso
que nunca fue tan glorioso
y casi nunca fue suyo.
Si el conservador cuida el museo,
el reaccionario quiere volver a vivir dentro.

El primo ilustrado: el liberal clásico
Hijo del siglo XVIII.
Habla de libertad, derechos, razón, contrato.
Pero en letra pequeña aclara:
“válido para propietarios alfabetizados, gracias”.
Defiende la igualdad ante la ley,
no la igualdad en la vida.
La ley es ciega.
El mercado, en cambio, ve perfectamente.

El libertario: el “yo” hipertrofiado

El liberal que fue al gimnasio ideológico
y solo entrenó un músculo: yo.
Estado = villano
Impuestos = robo
Colectivo = sospechoso
Odia el poder…
salvo cuando protege su propiedad privada
con policía privada, jueces privados
y carreteras que mágicamente aparecieron solas.

El neoliberal: el tecnócrata sin ironía
El liberal que se graduó en los 80
y perdió el alma en un PowerPoint.
No dice “ideología”.
Dice: “no hay alternativa”.
El mercado ya no es herramienta:
es dogma.
Si algo falla, no es el sistema:
es que la gente no se esforzó lo suficiente.
El ADN compartido 🧬
Todos, en el fondo, comparten:
Desconfianza hacia la igualdad real
Amor selectivo por la libertad (la propia primero)
Miedo a la capacidad de acción de los de abajo
La convicción íntima de que el orden es natural
—y casualmente los beneficia—
Cambian los modales.
No el reflejo.

Epílogo: la familia disfuncional
No son lo mismo.
Pero sí son familia.
Se pelean en Navidad,
se insultan en columnas y podcasts,
pero cuando alguien propone redistribuir poder,
todos recuerdan que son primos.

En el fondo de la cueva,
el Australopithecus
 sonríe.
Ahora usa corbata,
pero sigue defendiendo el mismo fuego. .

No hay comentarios:

Publicar un comentario